viernes, 27 de diciembre de 2013

El futuro es ahora

Desconecta tu mente, relájate, déjate llevar
No es morir, no es morir

Abandona todo pensamiento, entrégate al vacío
es brillar, es brillar

Que puedas ver el significado del interior
es hablar, es hablar

Que el amor es todo y el amor es cada uno
es saber, es saber

Cuando la ignorancia y la prisa lloran a los muertos
es creer, es creer
Pero escucha el color de tus sueños
no es vivir, no es vivir

O juega al juego de la existencia hasta el fin
del principio, del principio
del principio, del principio

John Lennon




Publicado por Claudio

viernes, 20 de diciembre de 2013

Ocuparnos de la inmediatez

En el Sutra del Loto, Buda dice: "iluminemos un rincón del mundo, no el mundo entero".
Pongan claridad en el lugar donde están.

Nota: Simplemente multipliquemos la luz que cada uno de nosotros puede enfocar en su inmediatez, por la cantidad de seres humanos que habitamos el planeta y el resultados es...



Sutra del Loto: http://www.daisakuikeda.org/es/budismo-sutra-del-loto.html

Publicado por Claudio

viernes, 13 de diciembre de 2013

Gracias

Le doy gracias a estas personas y a los que no aparecen en la foto pero que también participan de mis clases o, mejor dicho, de nuestras clases.





Por venir y, más que nada, por estar en cuerpo y alma.
Por el respeto y el amor que nos hemos sabido dar.
Por compartir mucho más que un espacio físico.

Por tolerar y tolerarme cuando, ganado por mi entusiasmo y mi pasión, los empuje, no intencionalmente, hacia lugares propios, profundos y sensibles que pudieron haberlos hecho sentir incómodos; excepto que dicha incomodidad les es haya permitido modificar aspectos no muy saludables de sus vidas para continuar creciendo.

Por las risas y el llanto genuinos y sinceros.
Por confiar que, muchas veces es más importante que amar o querer pues, al confiar, me estoy entregando totalmente y sin la más mínima duda al otro como a nosotros mismos.
Por los abrazos de corazón a corazón.
Por las miradas a través de las cuales nos animamos a dejar entrar al otro en nosotros, al menos, un poquito.

Por permitirme desarrollar mi actividad profesional y con ello, poder aprender de ustedes y con ustedes algo más sobre mi mismo que me permita evolucionar cada día un poquito más.

Gracias por todo lo que ahora no recuerdo pero que hizo posible que hoy tenga ganas de decirles gracias.

Abrazos muchos para todos y que el próximo año podamos continuar compartiendonos así, como somos, con lo puesto.



Publicado por Claudio

viernes, 6 de diciembre de 2013

Senderos del Ki en Facebook

A partir de ahora, los que deseen ver y conocer un poco más sobre la práctica de Chi Kung, pueden visitar en facebook: Claudio Daniel Rios senderos del ki/facebook






Las clases se realizan transmitiendo las posturas y movimientos propios de la técnica como de disciplinas que, terapéuticamente, ayuden a cada practicante a conocer y concientizar mejor y claramente, cómo la energía que somos en un cuerpo físico, puede ser vivida y conducida de un modo más pleno, saludable y placentero. Para ello, tomamos muy en cuenta las capacidades y necesidades de cada persona para así poderlos acompañar mejor en el proceso que cada uno irá atravesando paulatinamente. 

Publicado por Claudio

www.senderosdelki.com.ar

www.facebook/Claudio Daniel Rios Senderos del ki




viernes, 29 de noviembre de 2013

Otro día para aprender y practicar

Si, es cierto, cronológicamente hoy, es mi cumpleaños. Algo así como un nuevo comienzo, sin embargo, no hay nada especial, excepto por el hecho de poder contar con otro instante más para respirar, otro día para aprender y practicar el Dharma, la vía de la Budeidad.




Gracias a todos los que me ayudan a alcanzar la comprensión de la interdependencia a través de nuestras relaciones.





Publicado por Claudio

viernes, 8 de noviembre de 2013

El zen no es...





El Buda Sakyamuni enseñó que la práctica del zen o de la vía de la Budeidad es la medicina adecuada para clarificar, comprender y liberarnos de las causas que gestan el dolor, la insatisfacción o el sufrimiento.
Desde este punto de vista, la práctica del zen no es una terapia corporal. No es una terapia energética. No es una dieta alimenticia. No es un camino de sanación, de cura corporal, a pesar de que la cura corporal se produce durante la práctica, gracias a la práctica misma, pero esa no es la meta. Eso es un síntoma.
La práctica de la vía tampoco es una psicoterapia. No es una psicología destinada a resolver el sufrimiento o dolor emocional y psicológico, para eso están las terapias correspondientes a cada caso o situación.
La vía del zen, específicamente, es un camino para enfocar, clarificar, superar y liberarnos del dolor más profundo de todos, que es el miedo a la muerte. Por lo tanto, la liberación de la identificación con el yo que creemos ser.
Así, la vía del zen ha sido enseñada y transmitida con esta función. Con esta óptica y esta motivación.


Es importante que no confundamos la práctica de la meditación zen con una técnica de relajación, con una técnica de bienestar, con una técnica del desarrollo de algún poder mental, o con alguna técnica de bienestar corporal. Tenemos que tener bien en claro que en las carnicerías se vende carne, en las panaderías se vende pan y en las pescaderías se vende pescado. En consecuencia, no se nos ocurriría ir a la panadería a comprar pescado, de la misma manera que nos se nos tiene que ocurrir adentrarnos en la vía del zen buscando algún tipo de bienestar corporal, psicológico o emocional. Debemos darnos cuenta que cada herramienta tiene su función y su utilidad y da lo mejor de sí sólo cuando se la utiliza con esa óptica y con ese propósito. – 





Dokusho Villalba, Monje Budista de la escuela Soto zen

viernes, 25 de octubre de 2013

Chi Kung en Lanus

En nuestro espacio...

Practicamos la antigua disciplina del Chi kung


La práctica de Chi kung, busca equilibrar el funcionamiento de nuestro cuerpo/mente y para ello, realizamos ejercicios y posturas que apunten a un mejor flujo de energía a través de los meridianos y órganos vitales como el corazón, elemento Fuego (sangre, arterias, alegría, compasión...). Foto. Postura del Mono


El aparato digestivo, reflexión, músculos, elemento Tierra...) Foto: Postura del Oso


O, los pulmones, el hígado o los riñones (elementos Metal, Madera, Agua)
Foto: Postura del Ciervo


En nuestras clases, son bienvenidos tanto hombres como mujeres.


Las diferentes personas que participan de las clases, lejos de separar, aúnan y aumentan las ganas de ser parte de esta actividad.





Aunque siempre abrevando en  las formas tradicionales creadas en la antigua China, nuestras clases de Chi kung van cobrando un sentido más plástico y artístico, si se quiere, a partir de proponerle a los alumnos, crear sus propias formas o modos de contar con el cuerpo, cómo el Chi o energía vital, circula en ellos. Para lo cual, damos un lugar importante a la improvisación tanto individual, como en parejas y grupal. 
La improvisación se sostiene en las formas convencionales. 

                                              




                                                          

En un clima siempre ameno, respetuoso y de mucho afecto, es posible vincularse, mostrar y compartir abiertamente todo el caudal de vida que cada uno tiene para que el trabajo sea saludablemente divertido y didáctico.
Para que cada uno de nosotros crezcamos y hallemos el equilibrio cuerpo/mente anhelado, es fundamental el acompañamiento del otro, ya sea a través del silencio, de una mirada contenedora, como de un abrazo dado a corazón abierto.




Aquí estamos todos juntos esperándolos para que se sumen a esta otra forma de vivir más "saludableMENTE", nuestro paso por esta vida. ¿Vienen?


Publicado por Claudio


Nota: Para las personas interesadas en practicar Chi Kung, pueden comunicarse a través del siguiente E-mail claudiodanielrs62@gmail.com

www.senderosdelki.com.ar

LANUS: Localidad del Gran Buenos Aires- ARGENTINA











viernes, 18 de octubre de 2013

La postura y...¿algo más?

En el año 2006, mi maestro Ricardo Dokyu publicó un “pequeño” libro titulado: “Introducción a la práctica de zazen”. Por aquel entonces y quizás por la costumbre de leer libros voluminosos acerca del zen y de gran contenido filosófico y explicativo, es que sentí que un libro dedicado tan sólo a mostrar la postura de zazen, o meditación sentada, parecía poco relevante o atractivo. Esto lo digo con todo respeto y sin pudor, pues, y aunque por aquel entonces llevaba un tiempo practicando zazen, lo evidente era que aún no lograba comprender la importancia de aquel texto ilustrado con imágenes alusivas a la manera correcta de sentar en zazen.
Menciono este episodio porque días atrás leía un texto sobre un monje al que muchos recordaban como a un hombre de pocas palabras, de dar respuestas justas y hasta algunas veces hacerlo sólo con un guiño o un simple movimiento de sus manos, lo que para algunos parecía no ser suficiente a la hora de comprender la práctica del zen.





Esta anécdota me llevó a formularme la siguiente pregunta: ¿acaso hay algo más importante que un maestro deba enseñar que no sea la postura de zazen?
Por postura de zazen, aludo no sólo al acto de sentar con las piernas cruzadas y la columna erguida, sino a poder hacer zazen en el supermercado, el trabajo o en casa, es decir, poder practicar una correcta postura ante la vida. Esa postura que cuenta en qué grado somos coherentes entre nuestro decir y nuestro hacer.
Llegar a este punto presupone haber podido comprender y realizar las cuatro nobles verdades que Sidarta Gautama Buda postuló hace unos 2500 años, y practicar, en este sentido, el óctuplo sendero (la cuarta noble verdad).

El óctuplo sendero es la posibilidad de practicar: atención correcta, concentración correcta, visión correcta, pensamiento correcto, palabra correcta, acción correcta, esfuerzo correcto, modo correcto de ganarse la vida.
Se me ocurre que mejor que explicar cada uno de estos senderos es que cada quién escoja uno, lo que al mismo tiempo incluirá a los demás, y haga su propio derrotero. A lo sumo y sobre este punto puedo aclarar que por correcto se entienden ciertas conductas puestas en marcha a cada paso y no un mandato moral rígido e inorgánico al que debemos obedecer ciegamente. Por lo tanto, lo correcto únicamente estará determinado por lo que acontezca en tiempo presente, ya que hasta que las cosas no suceden, no podremos saber a ciencia cierta cómo responder a ellas.





Deseo argumentar que no desdeño el lenguaje en sí mismo, después de todo, disfruto mucho de la rica lectura que el zen y otras tantas obras literarias y poéticas me han prodigado, como de los muchos vínculos que he podido ir estableciendo a lo largo de estos años gracias a ir aprendiendo el modo correcto de expresar en palabras, siempre que me es posible, mis sentimientos y mi pensar, pero también es cierto que buena parte de lo que hasta ahora fui conociendo a través de la lectura no siempre fue suficiente para alcanzar entendimientos o comprensiones que me permitiesen dar un sentido más pleno y natural a mi vida, entonces, es ahí cuando pasa a jugar el silencio, el gesto justo, conciso. Ese decir que no requiere del lenguaje y sí muchas veces del hacer sin pensamientos que traben o comploten con el fluir natural de las cosas.

Después de todo, si con las palabras alcanzase para comprender, digamos, el zen, la vida, el amor, la muerte o a Dios, ¿qué sentido guardaría el acto de sentar en silencio y de cara a una pared? Más aún, las palabras, muchas veces, lejos de aclararnos las cosas, las oscurecen. De hecho, temas como los que aquí subrayo, han sido merecedores de una cantidad suntuosa de libros y libros que bien llenaron las más prestigiosas bibliotecas del mundo, pero lejos de llegar a un lugar común y de fácil comprensión para todos, sólo atiborraron más el asunto.
Hay momentos para hablar y otros para callar, y hasta donde puedo saber, callar a tiempo es la puerta de entrada a una poco practicada cualidad, saber escuchar. Un ejemplo que viene ahora a mi mente desde unos de esos muchos cuentos zen que seguramente hemos leído alguna vez: "si el día se muestra a cielo abierto y soleado, ¿es necesario decirlo?...
Sentarse, aquietarse, cerrar la boca, respirar con lentitud, ver, comprender. La práctica y la iluminación no son dos cosas separadas. La práctica es en sí misma la iluminación, el despertar.






Entonces, y para finalizar, que un maestro llegue a alcanzar la virtud de enseñar casi sin palabras y desde su propio accionar es maravilloso y por demás suficiente, al menos para mí. El practicante, en todo caso, al asumir la responsabilidad de encarar un aprendizaje de tal austeridad será quien comprobará hasta dónde puede involucrarse con la práctica silenciosa, tanto dentro como fuera del Dojo, sin esperar que todo le sea explicado o masticado para sólo tener que tragarlo. Una práctica basada en la capacidad de ver, discernir y actuar en consecuencia.

Publicado por Claudio

viernes, 4 de octubre de 2013

¿Bailar Chi Kung?

Lin Hwai Min, nacio en Taiwan en el año 1947. Estudio las danzas tradicionales de su país de origen, danza moderna en New York y danza clásica en Corea y Japón.

Tras una primera etapa más apegada a su cultura y expresión artística tradicional, su evolucion derivo en un arte más despojado, minimalísta y espiritual. 
Su lenguaje es una verdadera fusión entre las tradiciones operísticas de Oriente y la danza moderna o contemporánea de Occidente.
Lin y su compañia "Cloud  Gate Dance Theatre" fundada en 1973, a recorrido las principales capitales de Europa, América y Asía.
Su compañia, compuesta de 25 bailarines, está entrenada en artes marciales chinas como el Tai Chi, la meditación Budista y la caligrafía China, y Japonesa.
Por supuesto, todos tienen una profunda experiencia en diferentes estilos de danzas tanto de estilo clásico como moderno.

En ocasión de celebrarse durante el mes de julio de 2013, el día internacional de la danza, Lin Min dijo:
"El movimiento empieza desde dentro hacia fuera y arranca en el perineo"  Y agrego: "Si el bailarín occidental es como un Ícaro que va siempre hacia arriba, que se eleva como las iglesias católicas, nosotros, los orientales, vamos pegados a la tierra, en horizontal, como la Gran Muralla, obteniendo de ella, de la tierra, la fuerza. Las rodillas siempre flexionadas, y un movimiento no vertical, sino con la energía fluyendo en forma de ocho, creando espirales, como en la caligrafía, sin trazos directos, con un gran énfasis en la respiración."





En lo personal, vengo apostando mucho a hacer de mis clases regulares de Chi kung, aquí en la Argentina, un laboratorio de experimentación corporal partiendo de esta disciplina hacia una expresión más abierta, libre, espontánea y a partir de la cual cada uno de los alumnos pueda encontrar su propia forma de danzar pues, y como diría la gran bailarina Argentina María Fux, "todos podemos bailar". Esta premisa a sido uno de los disparadores por los cuales estoy poco a poco, dirigiendo el trabajo en las clases hacia lo que podría denominarse" chi kung dance" o, "Bailar con y desde la energía".
Esta iniciativa, no intenta desvirtuar ni ser irrespetuosa con las raíces milenarias y profundas de esta disciplina. Por el contrario, creo que, como seres vivos y orgánicos, tenemos que atrevernos a ir más allá de estructuras que sólo se practiquen de forma estereotipada, con cierto acento militarista en sus formas o basadas en la simple imitación. Tenemos que animarnos a bucear en las entrañas de nuestro cuerpo/mente para ir descubriendo nuestras verdaderas capacidades humanas, creativas y artísticas con una expresión más viva, fresca y genuina.

Lo que hoy comparto en esta entrada a cerca de los bellos espectáculos que el maestro Lin Min a montado a lo largo del planeta, es para mi, una fuente de inspiración más hacia ese camino auto expresivo del que les hablo. A esto se suma, la valiosa colaboración de mis alumnos y alumnas a través de lo que cada uno de ellos va aportando en cada clase y en cada encuentro.
Que disfruten de estos videos.





En este link, podrán ver otro video de esta compañia de danza. 
Nota: Para acceder al Link: PINTAR SOBRE EL LINK Y CON EL BOTON DERECHO DEL MOUSE CLICKEAR PARA VERLO. GRACIAS
http://youtu.be/X4NczO-fieM


Publicado por Claudio

viernes, 20 de septiembre de 2013

La poesía del silencio

Continuando la senda que los poetas de estos parajes me han trazado, como a todos de un modo o de muchos, permitanme presentarles aunque, probablemente esté de más, a Hamlet Lima Quintana.
Si, probablemente esté demás presentarlo pero, no quiero cometer el error de subesitmar a mis lectores y dar por sentado que todos conocen su vida y su obra, por eso, ahí van algunos datos biográficos y este poema.





Hamlet Lima Quintana, nació en Moron, Pcia de Bs As en 1923, aunque el prefería decir que era de Saladillo, localidad ubicada en la Provincia de Bs As, a unos 200 Km de la Capital porteña.

Sus padres fueron una fuente de profunda inspiración, ya que ambos escribían poesía y tocaban el piano y la guitarra.
Entre 1940 y 1960, Hamlet integro la compañia de Ariel ramirez. También fue un eslabón primordial en lo que durante la década del los años 60 se conoció como Nuevo cancionero (1962) que integraban también: Armando tejada Gomez y Oscar  Matus, entre otros.
La gran Mercedes Sosa interpreto muchas de sus  canciones.
También se desempeño como periodista. 
Edito dos discos recitando sus poemas destacándose de ellos: "Juanito Laguna remonta un barrilete", como una treintena de libros y, obtuvo numerosos premios por su obra.

Hamlet Lima quintana, muere el 21 de febrero de 2002 a los 78 años, padecía cáncer de pulmón.






La breve palabra

A veces el silencio es la palabra justa
la que enciende las luces, la que mejor se escucha,
la que place o se sufre cargada de milenios,
la que otorga hermosura,
la flor del pensamiento.

En ese momento de la clara armonía
de la mejor tristeza, de la entera alegría.
Es el gran fundamento que ronda a la grandeza:
tu palabra y la mía
habitan el silencio.

Por eso la palabra
debe ser pronunciada
como una ceremonia
con aires de campana,
una fiesta del alma,
farol del pensamiento
por que fue generada
por el mejor silencio.


Hamlet Lima Quintana - Poeta

Publicado por Claudio

viernes, 6 de septiembre de 2013

Nubes locas





Hace algún tiempo, mi buen amigo Carlos, me sugirió que leyese el libro: “Nubes locas,  rebeldes del Zen” y, como siempre supo guiarme muy bien por los caminos literarios del zen, no dude en comprarlo y una vez que lo comencé, no puede detenerme pues, encontré en las historias que narraba, una fuente rica de inspiración para hacer de esta práctica Budista, un camino más abierto, vivo y presto a poder acceder a uno de sus aspectos frecuentemente mencionados a cerca de cómo estar más presentes en el aquí ahora, sin que para ello fuese necesario contar con la solemnidad que supone el uso de un kesa como de los muchos rituales que bien se realizan dentro de un templo zen.

Pese a esto que señalo y, si lo pensamos un poquito, poder ser guía de uno mismo luego de haber tenido la ocasión de contar con la compasiva ayuda de un maestro, lejos de suponer una tarea sencilla y hasta anárquica si se quiere, nos desafía a caminar con mayor rigurosidad y conciencia al igual que deduzco debe hacerlo un equilibrista sin red.
No contar más que con la conciencia de nuestra propia conciencia, nos vuelve mucho más protagonistas de cada respiración, de cada palabra, acción o pensamiento de lo que podemos esperar a diferencia de cuando las condiciones de la práctica quedan sujetas a la mirada del otro y a cada gesto de la liturgia tradicional del zen.

Quiero compartir con ustedes el siguiente pasaje de dicho libro.

Páng Yung (740 – 808) fue el único Maestro laico reconocido por el Zen en China durante el período T´ang.

Páng Yung paseando de aldea en aldea, paso sus días improvisando su espiritualidad. Libre del paso de las reglas monásticas y de las obligaciones jerárquicas, osó desafiar a los mejores y más destacados maestros de aquellos tiempos.

Cierta vez, en la sala de conferencias de una aldea, donde oradores profesionales daban sermones y discursos sobre la doctrina Budista, se detuvo a escuchar una charla sobre el Sutra del Diamante.
Cuando el orador llego al momento de expresar las palabras: “no hay yo, no hay persona”, Páng Yung, desde la audiencia, pregunto: Maestro, ¿ya que no hay yo ni persona? ¿quién está hablando, quién está escuchando? El orador quedo sin respuesta y Páng Yung prosiguió “a pesar de que soy un hombre ordinario, conozco algo a cerca de la fe”.

Ante el pedido del orador de que los ilustrara, Páng Yung respondió con un poema:

No hay yo ni persona.
¿por qué entonces el pariente y el extraño?
Les ruego, dejen de ir de conferencia en conferencia,
Es mejor buscar la verdad directamente.

La naturaleza de la sabiduría del Diamante
excluye toda mota de polvo.
Desde “esto he escuchado”, hasta “esto es lo que creo”.
Sólo un conjunto de nombres irreales.
(lo único que el orador pudo expresar fue un profundo suspiro)





A un buscador de la perfección, Páng Yung aconseja:

El pasado ya a pasado
no intentes recuperarlo.

El presente no perdura,
no intentes apresarlo momento a momento.

El futuro no ha llegado
no pienses en él con anterioridad.

Aparezca lo que aparezca
déjalo ser.

No hay mandamientos que seguir.
no hay impurezas que purificar.

Penetrando verdaderamente la mente vacía,
Los Dharmas carecen de vida.

Si puedes ser así, habrás alcanzado el último de los logros.


Libro: Nubes locas, rebeldes del zen. 
Autores: Perle Besserman, Manfred Steger
Editorial Troquel - Argentina

Publicado por Claudio

viernes, 23 de agosto de 2013

El cuerpo del otro





Tras dieciocho años de ejercer mi profesión y habiendo tenido la ocasión de tratar con numerosas personas que pasaron y pasan por mis clases de Chi Kung como por las sesiones de masajes o las prácticas de zazen, no puedo resignarme a tomar como “normal” el trato poco o nada afectuoso y respetuoso que muchas o varias de ellas tienen sobre sí mismas y sus distintas manifestaciones físicas o anímicas. Esto es, escucho y observo cuánto maltrato existe en relación a uno mismo a la hora de tener que enfrentar alguna circunstancia desfavorable con su propia salud. Palabras agraviantes, enojosas o de absoluto rechazo dirigidas hacia la enfermedad sin notar que, en realidad, esas palabras recorren siempre un camino circular, o sea, hacia uno mismo, pues cuando insultamos a un músculo contracturado o a alguna afección orgánica, por ejemplo, no notamos que esa manifestación, cargada de una profunda conmoción emocional nace en nosotros mismos y, aunque en el recorrido alguien se vea salpicado, la vibración emitida vuelve al mismo lugar desde donde partió, es decir, a nosotros mismos, y con el agregado de que, muy probablemente, se vea aumentada dicha situación.

Podríamos dedicar páginas y páginas a las muchas causas que obedecen a este tipo de automaltrato, de hecho, el psicoanálisis ya nos habló sobre la pulsión de muerte que subyace en todo ser y que, en ocasiones, es la única fuerza que prevalece para “vivir la vida”, aunque paradójicamente y de seguro muy lejos de la conciencia de quien la manifiesta, sólo acabe conduciendo al único lugar posible para sí mismo o incluso para los demás, que es la misma muerte.

Por otra parte, y recordando cierto postulado que reza aquello de que lo importante suelen ser las preguntas y no tanto las respuestas, la pregunta de ¿por qué la autodestrucción? ha sido para mí un motor que me ha invitado siempre a la indagación, al conócete a ti mismo; no importa si ese uno mismo un buen día nos termina por revelar nuestra verdadera identidad, lo que sí me agrada es el camino incierto, inesperado y sinuoso que la sola pregunta genera.
Sumo dentro de esta pregunta actitudes que muchas veces no son consideradas como autoaniquiladoras, por ejemplo, me suelo preguntar: ¿acaso correr denodadamente en busca de metas materiales, de las que casi nunca nos vemos lo suficientemente satisfechos, no es un modo concreto de autodestrucción?, sobre todo si en ello va en juego nuestra salud y las relaciones afectivas implicadas. ¿No resulta un verdadero desperdicio saber que, a diferencia del resto del mundo animal, somos los únicos que tenemos conciencia de nosotros mismos como de nuestras acciones, pensamientos o palabras y, así y todo, no son tantas las veces las que sabemos cómo usar dicha conciencia? ¿No es la falta de indagación sobre uno mismo lo que lleva a muchas personas a ser meros repetidores de las palabras de otros, aumentando de ese modo la ignorancia de no comprender que las palabras de otros  son, cuanto mucho, sólo puntos de vista y, como todo punto de vista, relativo? O sea, ¿qué nos impide pasar de la creencia al saber? (Saber: conocer por la propia experiencia. Creer: repetir como propias las palabras/experiencias de otros)
¿No son siempre las justificaciones las que vienen al rescate a la hora de explicar por qué no dejamos de hacer aquello que nos daña, en lugar de aprovechar dicha situación para indagar y encontrar las causas de tanta justificación autodestructiva?





Cuando  insultamos al dolor o a la enfermedad, ¿a quién suponemos que estamos maltratando? ¿A alguno de nuestros padres por lo que estos pudieron haber depositado en nosotros, a los seres queridos porque no nos comprenden, al sistema de salud o al médico que “no nos cura” como pretendemos? ¿Es el cuerpo sólo un manojo de músculos, huesos y tripas que pueden funcionar separadamente de todo lo demás? ¿Es por esta creencia del cuerpo como una sumatoria de partes que también creemos que la enfermedad viene de afuera y por ello buscamos el remedio afuera?
¿Qué lleva a una persona a la creencia de que sus acciones o faltas no tienen ninguna influencia sobre su salud, la idea fuertemente arraigada de que si hay un Dios que lo ve y controla todo, es sólo Él quien tiene potestad sobre nosotros y nosotros somos tan siquiera meros títeres de sus caprichos o designios?
Ejemplo: ¿Quién decide comer cualquier cosa sin observar sus consecuencias a corto, mediano o largo plazo, la comida por sí misma, la cultura imperante como si ésta tuviese autonomía fuera de nosotros o cada uno al momento de hacerlo?






Es interesante observar cómo desde el lenguaje también eludimos la relación con el cuerpo, al mencionar en tercera persona a nuestros órganos, al decir, por ejemplo: “el hígado”, “los dientes”, “la mano”, como si estuviésemos hablando de las “partes” del cuerpo de otro, al mismo tiempo que señalamos el nuestro.
Probablemente no tenga gran significancia decir esto, pero no olvidemos que también nos estructuramos en rededor de una lengua, de sus significados y, sobre todo, de la intención o emoción que conllevan.
Desde ya que no pretendo que a la hora de nombrar a cualquiera de nuestros órganos o sistemas lo hagamos en primera persona: “mi hígado”, pues también queda librada a la reflexión, hasta qué punto soy dueño de “mi cuerpo” y quién sería “ése” al que le otorgamos el rol de propietario, o si soy tan sólo tiempo y energía que fluye, como todo tiempo y energía lo hace, ahora en este cuerpo humano, mañana en polvo o moléculas de algún otro cuerpo.
Cuerpo humano, cuerpo árbol, cuerpo animal. La naturaleza en su infinita sabiduría no hace ni más ni menos que lo que les es imprescindible. Lo fundamental en nosotros es la naturaleza expresada en un cuerpo sin el cual nada de lo que llamamos nuestra vida sería posible, entonces ¿ si no hay nada que podamos hacer, tener o desear sin un cuerpo humano, por qué ese solo hecho no es razón suficiente para amarlo, cuidarlo y respetarlo? ¿Qué lugar suponemos que ocuparía nuestra individualidad con todos sus componentes materiales, afectivos, familiares y sociales si no tuviésemos o fuésemos un cuerpo humano?


Aunque duela admitirlo, no hay ser humano que no haya atravesado algún trauma durante la niñez o el período prenatal. Por consiguiente, esa huella más o menos marcada en cada uno continuará latiendo en nosotros bien guardadita en el galpón de atrás, como lo llama un amigo, es decir, en el inconsciente, y cristalizando nuestra vida a su alrededor, excepto si logramos atrevernos a embarquemos en el siempre duro pero fascinante viaje hacia el pocas veces explorado territorio de nuestra corporalidad para una vez allí o en camino hacia nuestro destino, podamos sanar esa herida definitivamente, desmantelando de ese modo, muchos de nuestros hábitos menos vivificantes, o en su defecto, aprender a vivir con la cicatriz, reconociendo en ella que, después de todo, ese hecho desestabilizador de nuestros primeros pasos es, justamente, lo que nos puede facilitar el acceso a otros niveles de consciencia más humanos y no quedarnos en ser sólo hombres/mujeres adormecidos en la culpa, el dolor y el miedo.





Mientras escribo estas líneas y me pongo un ratito en la piel de Juan, el preguntón, como habrán notado, retomo una palabra del primer párrafo. La palabra “enfrentar”, que en ese momento la utilicé como actitud ante la adversidad y ahora la retomo para verla de otro modo, si me permiten.

Enfrentar implica lucha o pelea, con lo cual no hago más que aumentar una condición muy arraigada en nuestra cultura, basada en la idea de que todo aquello ajeno a mí y que ponga en riesgo ese que digo ser, debe ser destruido. Es más, no son pocas las veces que aquello a lo que me enfrento no es otra cosa que a mí mismo, pero la apariencia que ello muestra es tal, en nuestro caso la enfermedad, que me autoengaño y acabo creyendo rotundamente que “eso” que viene a subvertir el “orden establecido” es un enemigo que debe ser aniquilado. Lo peor del caso es que a quien muchas veces termino borrando del mapa no es tanto a la enfermedad como a mí mismo por no haber podido/querido VER. Ver que la enfermedad o la lesión no son otra cosa que lo que en un plano menos evidente que el plano físico, mente, pensamientos, ideas, emociones, no se pudo percibir y menos aún resolver, por eso se muestra en la carne, descarnadamente, no para que lo enfrentemos en una lucha a muerte, sino para poder acceder a una mayor y mejor comprensión acerca de los mecanismos, muchas veces complejos, de nuestra personalidad, que llevaron a poner sobre las tablas del escenario, que es el cuerpo, a los actores (enfermedades y dolencias) y sus circunstancias, o sea, a uno mismo, y el resultado de nuestras decisiones para que, una vez allí, podamos ocuparnos de encontrar no sólo la salida o la resolución al conflicto; también para que podamos, si nos es posible, vernos en ese espejo que somos nosotros y lo que de nosotros fuimos construyendo, para darnos cuenta de que, si la actitud surge de la ignorancia o la falta de consciencia constante y mecanicista de la vida que erigimos, pues ahí está la obra para ser vivida, actuada y comprendida, y encontrar que, del mismo modo, pero tomando una dirección diferente, podremos crearnos de verdad, una vida digna de ser vivida para nosotros y para los que nos rodean. En pocas palabras, no hay enemigo alguno. La enfermedad no es otra cosa que el resultado de una serie de factores nacidos de nuestras decisiones y circunstancias, a los cuales nos dirigimos porque, probablemente, no supimos hacerlo de otro modo. La enfermedad, cuanto mucho, nos completa, nos viene a decir desde el lugar menos agradable, claro, que no nos falta nada. Que así somos, restando de esta expresión todo determinismo fatalista, de esos que llevan a muchos a creer que la vida está escrita y que, como hojas arrastradas por el viento, no tenemos nada que ver con lo que nos sucede. Por el contrario, si podemos aceptarnos tal como somos, o sea, con lo puesto, es más probable que cada uno a su tiempo y forma pueda ocuparse de modificar lo que se pueda sin que para ello tengamos que caer en la quietud que siempre precisa la enfermedad para hacer su derrotero y sí en la quietud meditativa surgida de una mente lúcida.

Esa dirección que hace a la diferencia de posibles resultados es la del amor, respeto y cuidado hacia nosotros mismos. Ahora, ¿cómo se accede a esa comprensión amorosa sobre nuestra vida?, preguntarán; y contesto, tomando el camino de la propia escucha. De la escucha en el propio cuerpo, en el propio ser, pero las herramientas o recursos a utilizar y el tiempo que dediquemos quedará sujeto a cada uno y a su momento histórico personal, por supuesto.





Dicho esto, propongo afrontar a enfrentar, o sea, dejar de luchar y mirar a la cara de nuestra mismísima cara y aprender a VER, toda vez que nos sea posible, aquello que está allí o aquí, lo escribo tocándome el corazón, y prestarle respetuosa atención. Escuchar y ver más allá de las lágrimas, de la angustia o de los dientes apretados de la bronca y, más que nada, SIN CULPA, pero sí con responsabilidad por el compromiso asumido y sus consecuencias,  que todo eso que llamamos nosotros está completo, allí paradito delante de nosotros mismos, para abrazarlo con compasión y amor, para ocuparnos de que el proceso de la enfermedad pueda seguir el más saludable de los caminos, llevándola de la mano de la tolerancia y, si es factible, ver a la enfermedad como un lugar para seguir aprendiendo, creciendo y evolucionando hacia el camino que los sabios de la antigüedad llamaron “el camino del autoconocimiento”. Autoconocimiento que bien puede precisar de la ayuda de ese otro ser humano, de ese otro cuerpo, ese otro al que recurrimos sabiendo que no hay un cuerpo del otro que, en muchas formas, no sea también nuestro cuerpo.





Publicado por Claudio




viernes, 9 de agosto de 2013

Zen en la cocina.



La cineasta Doris Dorrie, directora también de "Sabiduría garantizada", entre otras películas, acompaña en este documental, al maestro zen Eduward Espe Brown en sus conferencias, y en sus clases de cocina para comprobar que cocinar, o mejor dicho, saber cómo cocinar, es cuestión de cuidarse uno mismo y cuidar a los demás. El filósofo, escritor y maestro zen nos enseña la sensualidad de hacer pan, la filosofía de los rábanos y la serenidad de las zanahorias para ofrecernos esta delicia culinaria que muestra la sabiduría que encierran sus consejos prácticos.

Publicado por Claudio

viernes, 2 de agosto de 2013

Esta tierra es hermosa







Arrullado por el río de las palabras que surgen del manantial del alma, he venido andando un cause sin más guía que la voz del corazón y la luz de una poética bordada de pájaros, sudor, tierra y canto; así, por que sí nomás y sin que medie otra cosa más que el encanto que esos poetas me han producido desde otros tiempos y verdades hasta este hoy, donde por amor y gratitud a todos ellos me largo a su encuentro y a sus vidas que bien han sabido ser arte y parte de tantos suelos cercanos y distantes.

Sé que de algún modo, esas visitas las hago en compañía de quienes aman la palabra certera y los silencios mansos, por ello traigo en las alforjas estos versos que ha estas alturas ya son de todos como del mar y los cielos.



El Gozante

Me dejo estar sobre la tierra por que soy el gozante.
El que bajo las nubes se queda silencioso.
Pienso: si alguno me tocara las manos
se iría enloquecido de eternidad,
húmedo de astros lilas, relucientes.
Estoy sólo de espaldas transformándome.
En este mismo instante un saurio me envejece y soy leña
y miro por los ojos de las alas de las mariposas
un ocaso vinoso y transparente.

En mis ojos cobijo todo el ramaje vivo del quebracho.
De mi nacen los gérmenes de todas las semillas y los riego llorando con rocío.

Sé que en este momento, dentro mío,
nace el viento como un enardecido río de uñas y de agua.
Dentro del monte yazgo preñado de quietudes furiosas.
A veces un lapacho me corona con flores blancas
y me bebo esa leche como si fuera el niño más viejo de la tierra.

Miro los cachos del banano,
veo arañar sus dulces dedos de oro
y en las sandías
los genitales verdes del verano llenan mi corazón de poblaciones.
Siento que estoy tapado de luciérnagas
y que en mi pelo crece la niñez del relámpago.

Lo que pisa mi pie igual que arena lo traga para siempre.
La sombra de los pájaros es como un agua negra que acaricia mi nuca.
Una hormiga me deja su ají breve en la boca
y me voy a los tumbos en la noche
por el agujereado camino de los sapos.
¿quién me arrima la paz de la tortuga?
¿quién desempoza el tiempo de su cáscara?

Soy el que por la piedra lechosa del quirquincho
bebe en miel las abejas
como el rocío maduro de la música
¿a dónde irán mis ojos llenos de hojas?
¿por dónde en ellos vagara el cielo yéndose?

Me mira Dios y sé que aquí, yaciendo
lo estoy haciendo despaciosamente.

De cara al infinito
siento que pone huevos sobre mi pecho el tiempo.
Si se me antoja, digo, si esperase un momento
puedo dejar que encima de mis ingles 
amamante la luna sus colmillos pequeños.

Miren mis ojos cuando yo estoy pensando a ver si es que les miento.
Zorros las colas como cortaderas,
gualacates rocosos,
corzuelas con sus ángeles temblando a su costado,
garzas meditabundas,
yararás depielándose,
acatancas rodando la bosta de su mundo,
todo eso está en mis ojos que ven mi propia triste nada y mi alegría.

Después, si ya estoy muerto
échenme arena y agua así regreso.

Manuel J. Castilla - Cantos del Gozante - 1972





El "barba Castilla", nace en Cerrillos, Salta - Argentina - en 1918 y fallece en 1980.
Poeta, periodista, autor de numerosas obras folclóricas  como: "La pomeña", "Balderrama" entre otros. Fuertemente ligado a la cultura de su región. Manuel Castilla  también supo ser la voz de los obreros y los trabajadores rurales.
Entre sus obras literarias se destacan: "Agua de lluvia" 1941, su primer libro."Copajira" 1946. "Cantos del gozante" 1972.
De sus muchos premios literarios se recuerda el que recibiera en 1957: "Premio Regional de poesía del Norte" por su libro "Norte". 
Premio de Honor de la sociedad Argentina de escritores de 1970/72
Primer premio Nacional de poesía del Ministerio de cultura de la Nación 1973/75.

Publicado por Claudio








viernes, 26 de julio de 2013

Un poco de historia


 Imagen 1



Si bien este breve repaso por la historia del Chi kung no alcanzará para poder tomar cuenta de su verdadero alcance sobre el cuerpo, la mente y la salud en general pues, para ello será necesario practicarlo, no quita que, dicho repaso, pueda incentivar a algunos lectores a volcarse a su práctica.
En lo que a mi respecta, lo que me motiva a hacer este recorrido histórico, es un sentimiento de gratitud hacia todos esos maestros y maestras que a lo largo de los siglos, dedicaron una buena parte de sus vidas al conocimiento de sí mismos como de su relación con su entorno. Sin esta dedicación, compromiso y compasión que ellos mantuvieron a lo largo del tiempo, difícilmente estaría hoy dedicado a su práctica y enseñanza.

La historia del Chi Kung


El Nei Jing es la obra célebre de la Medicina Tradicional China. La Biblia de la acupuntura.
Este libro data del año 200 a. C. En el se transcribieron las conversaciones que Huan Di, más conocido como el emperador amarillo, mantenía con su médico personal.
La perspicacia, astucia y comprensión que este hombre poseía del Tao, lo llevo a practicar y prescribir una forma de vida a través de la cual se pudiera alcanzar una longevidad vital y sabia. Para ello, proponía una vida en la que se pudieran evitar los excesos así como las carencias. Este paradigma surgía del conocimiento profundo de cómo se mueve la energía en uno, el mundo y el cosmos, lo que los chinos denominan energías Yin y Yang. Por lo tanto, la longevidad anhelada, era posible si se lograba poseer una conducta moderada en todos los aspectos de la vida como en el trabajo, la alimentación, los ejercicios o cualquier otra  actividad diaria.

Dentro del chi kung existen cuatro escuelas o filosofías para su práctica.
La escuela Taoísta, la escuela Confucionista, el Chi kung marcial y la escuela Budista.
Sólo voy a detenerme en aquellas que conforman mi aprendizaje, práctica y enseñanza.

La escuela Taoísta

Lao Tze, (552 – 479 a. C) autor del Tao Te King Decía: “Consiguiendo que tu alma espiritual y corporal abracen la unidad, ¿cómo puedes abandonarla? Concentrando tu energía y alcanzando la elasticidad ¿puedes convertirte en un recién nacido?”

Junto al Nei Jing, el Tao Te King, son las referencias más antiguas de las que se tienen conocimiento sobre la práctica taoísta de los ejercicios físicos.
Los ejercicios físicos forman parte del arte preventivo para conservar el cuerpo saludable. Su desarrollo médico se convirtió en el Chi Kung terapéutico para tratarse a uno mismo y reforzar el vigor del organismo, constituyéndose en una disciplina completa de la medicina china, junto a la acupuntura, las moxas, la farmacopea, la dietética y los masajes y manipulaciones Dao Yin y An ma de la que forman parte integrante.
Pero de forma intrínseca, los ejercicios son realizados con el fin de refinar las energías del cuerpo para acceder a los estados mentales de la visión interior intuitiva.

Podemos decir que el Chi kung o Qi gong, es una gimnasia respiratoria a través de la cual se busca realizar lo que se denomina alquimia taoísta o de transformación de un estado impuro en uno puro o más elevado.
Esta alquimia se realiza a partir del conocimiento y comprensión de la existencia de los tres tesoros del cuerpo humano que son: Jing o, esencia seminal que debe ser transformada en Qi, energía vital (este proceso se realiza en el calentador interior o Tan tien situado por debajo del ombligo) y el Shen o espíritu. El proceso alquímico completo se denomina órbita microcósmica de la que escribí en entradas anteriores.
Estas etapas de transmutación alquímica se apoyan sobre el control de la respiración añadido a la toma de conciencia y a la sensación física del Qi o Chi, de la energía que circula en los meridianos y en el interior del cuerpo.





Estas técnicas en el taoísmo han permanecido vivas a lo largo del tiempo sufriendo diversas modificaciones con lo cual, se puede decir que el Chi Kung por su condición empírica, a estado siempre actualizándose en el alma y el cuerpo de cada persona que lo practico en el pasado como en todos los que hoy en día continúan haciéndolo. De ahí la importancia de observar que, aunque se delinearon específicamente multiplicidad de ejercicios para actuar sobre los distintos estados de salud del practicante y sus circunstancias, también fueron descubriéndose otros atributos que esos mismos y legendarios ejercicios poseían. (algunos de estos ejercicios físicos también aparecen mencionados en otras entradas de este mismo Blog, como por ejemplo, “Los seis sonidos curativos”, “El abrazo del árbol” o, “el juego de los cinco animales”

Chi kung Budista

La llegada a China del Monje Indio Bodhidharma o, Da Mo en chino, durante el primer siglo de nuestra era, y su enseñanza de las prácticas Budistas, influyo tanto en la práctica del Chi kung como en las artes marciales, la pintura, la poesía, la religión, la filosofía y en muchos otros aspectos de la vida cotidiana de ese país.

Básicamente, la práctica del Chi Kung budista se basa en zazen o meditación sentada. La historia cuenta que cuando Bodhidharma llego a China, y tras su encuentro con el emperador de la época quién al parecer tenía sobre el Chan o el Zen una idea equivocada o tergiversada de su práctica y de ahí su inmediato desinterés sobre Bodhidharma, Da Mo se instalo en el mítico templo Shaolín. Allí pudo observar que, aunque los monjes practicaban la meditación sentada, estos mostraban claros signos de debilidad física. Ante esto, Da Mo ideo una serie de ejercicios que en Chi kung se los conoce como: YI Jin Jing o,“Tratado para ejercitar los músculos”.
La práctica de estos doce ejercicios de estiramiento y respiración permitió a los monjes no sólo fortalecer sus cuerpo sino, hacer más intensiva su dedicación a la práctica meditativa.

Varios siglos después, se cuenta que un militar del ejercito  chino, Yue Fei  (1103 – 1142) que vivió bajo la dinastía de los Song, basándose en estos ejercicios creo lo que hasta hoy se conoce como las 8 piezas de brocado o, Ba Duan Jin.
Esta secuencia a devenido en un clásico de la práctica de Chi Kung en todas las escuelas de la especialidad cuya finalidad era y es, el fortalecimiento corporal, mental y espiritual.

En la China actual, es muy común ver a miles y miles de hombres y mujeres realizar estos y muchos otros ejercicios de Chi kung en plazas y parques de ese país con la misma naturalidad con que los occidentales salimos a las calles a caminar o a andar en bicicleta.





La historia del Chi Kung o Qi gong, más extensa de lo que aquí expongo, está cargada de nombres, lugares y métodos distintos pero, conservando un mismo espíritu o aliento, el de vivir con plenitud, dignidad y sabiduría por todo el tiempo que llevemos haciéndolo en un cuerpo humano.

Nota. Imagen 1: Antiguo rollo de seda descubierto en una tumba de la Dinastía Han cuya antiguedad está fechada 200 años antes de nuestra era en el que se observan unas figuras humanas realizando ejercicios de Chi Kung.

Fuente consultada: Ives Requena - Chi Kung

Publicado por Claudio



viernes, 19 de julio de 2013

La libertad del espíritu

Un deseo profundo vive en mí: ser un día el rostro de una sombra sin imagen alguna y sin historia. Ser el eco de un canto a penas acorde que señala a sus hermanos. La libertad del espíritu. 
Atahualpa Yupanqui







Desde muy chico sentí por don Atahualpa Yupanqui un gran respeto y admiración profunda.
Por aquel entonces, lo sentía como una especie de abuelo, de esos abuelos sabios de los que nos cuentan las viejas historias.
En su palabra yacía una cualidad poco frecuente por estos días, el silencio y, en su guitarra, los árboles, los ríos y los pájaros cantaban las voces de todos los tiempos.

Sus manos y su rostro invitaban a recorrer la aventura siempre incierta de los caminos, de esos caminos que se trazan a cada huella y que se aprende a andarlos lento y sin prisa para no perder de vista el paisaje del que se sentía propio y a su vez ajeno. Ajeno como quien anda de paso por estas tierras. Un huésped que las montañas y su Cerro Colorado (localidad de la provincia de Córdoba, Argentina,  donde residió) no dudaban en recibir a cielo abierto.

Más cercano en el tiempo y luego de adentrarme en la práctica del zen, me descubrí un día cualquiera mirando en sus ojos a un gran maestro zen, pero acriollado. Después de todo, me parece, los maestros con mayúsculas no tienen patria o fronteras que limiten su travesía y su enseñanza, allí por donde sea que se encuentren llevan su saber sin hacer bandera, como se dice por acá, les basta un gesto, un ademán o simplemente la mudez de una roca para decirlo todo. Si hasta en países tan lejanos en lengua y cultura del argentino, le supieron amar y escuchar con meditativa atención como si de alguna manera supieran a ciencia cierta lo que este hombre cantaba en sus versos y poemas. En fin, cómo no comprender la lengua que el corazón habla si no hay humano que no lo tenga. Pero eso sí, no alcanza con que lata y nos perfume de sangre fresca, es necesario saberlo escuchar.
En él, esa escucha reverberaba en la madera de su guitarra, la que provenía del árbol, de la semilla madre y del polvo cósmico.

Don Ata, como cariñosamente le llamaban sus más íntimos, nos dejó en su prosa y en su música muy amablemente y como mate recién cebado un acertijo bello y cruel, profundo y misterioso como estas pampas, el acertijo que nos anime a desentrañar los senderos del alma.





La palabra sagrada

Antes que los hombres pronunciaran la palabra sagrada,
ella habitaba donde el viento dormía.
El sol y los pájaros de un antiguo universo
conocían la existencia de la palabra sagrada.

Un día despertaron todos los vientos.
Nacieron todos los llantos.
Floreció la injusticia, las diferencias
la esclavitud, y las sombras.
Entonces, todos los hombres buenos, los rústicos
los heroicos pensadores de la vida,
unieron su coraje para llenar de luz
la palabra sagrada.
Recuperada y alta.
Más alta que todas las montañas
¡LIBERTAD!

Atahualpa Yupanqui

Atahualpa Yupanqui, suedónimo de Héctor Roberto Chavero Aramburu, fue un cantautor, poeta y escritor Argentino. Nació el 31 de enero de 1908 en Pergamino, Pcia de Bs As, y falleció en 1992 en Nimes, Francia. Pese a haber nacido en la Pcia de Bs As, siempre se lo considero Tucumano pues, es donde se radico principalmente aunque supo ser hijo dilecto de cada ciudad o pueblo que habito.
Entre sus discos se destaca: El canto del viento, El payador perseguido que, también fueron libros editados en los años 1965 y 1972, respectivamente. "Piedra sola" fue el primero de sus libros editado en el año 1939. 
"La palabra sagrada", de dónde surge el poema homónimo , es del año 1989.

Publicado por claudio