lunes, 14 de septiembre de 2020

Los primeros maestros, son los padres.



Somos hijos del cielo y de la tierra. Hijos de hombre y mujer; una prolongación de todas las existencias en un limitado cuerpo con enormes probabilidades de ser aquello para lo que hemos venido.

Un soplo de vida que bien puede quedar a penas en un deseo trunco por crecer o, evolucionar e ir más allá incluso, de lo deseado.

Para el viaje, según mi experiencia, se requiere aprender a conocer, comprender y aceptar a esos progenitores sin los cuales, este cuerpo nada sabría de la vida y tampoco podría servir de vehículo al alma que, encarnada, busca formarse y evolucionar.

Esos padres que nos dan todo cuanto han tenido y supieron dar. Si lo pensamos buenamente y partiendo del supuesto de que nos amaron, pregunto: de haber podido ¿no nos hubiesen dado mucho más de lo que nos brindaron para nuestro bienestar? Muy probablemente la respuesta es afirmativa. Sin embargo, nos dieron lo que nos ofrecieron con la salvedad de que, de todo cuanto recibimos, con lo que, a fin de cuentas  nos quedamos, es con los gestos, palabras y señales que nos marcaron.

Marcas indelebles como las del amor incondicional o profundas y oscuras como solo el abuso o el desprecio son capaces de generar. Marcas, producto del modo en cómo cada uno de nosotros supo hacerse de lo vivido en relación con ellos y sus formas, mandatos y moral. 

Dicho de otro modo, nos es lo que nos transmitieron lo que nos a dañado o nos enaltece sino, lo que nosotros pudimos hacer con ese legado. Señalo particularmente la palabra pudimos pues, a ciertas edades, no hay otra cosa a nuestro alcance emocional o psicológico que lo que podemos, debido a las limitaciones evolutivas naturales de esos períodos de nuestra vida. Y también la resalto para no caer en la consabida culpa que nos lleva a pensar, "debí hacer otra cosa para evitar que me lastimen", sin percatarnos de que, ese pensamiento, es sólo un intento del ego, siempre ocupado en destacar sus virtudes,  y en evitar la verguénza. o el conflicto. 



Cuando nos llega el turno y la vocación por evolucionar en consciencia humana; cuando vamos aprendiendo a sentir el modo en el que el alma nos habla, es el día en el que, para ir al encuentro con nosotros mismos, será indispensable hacer el viaje del que hablo hacia atrás. Hacia el pasado que aún late en nuestro interior. Sin ese periplo, no se podrá avanzar y, menos aún, ascender a otra dimensión. Es que esas heridas, ahora escuchadas, nos están invitando a que nos ocupemos de sanarlas. 

Ese viaje se hace aquí, en el presente, acudiendo a nuestro niño interior o subconsciente. Ese encuentro no debe soslayarse ya que es donde aún supuran las heridas. Es desde este adulto que nos acercamos a nuestro niño para hablarle con respeto y amabilidad; para contarle que ya no hay razón para continuar penando o apelando a la ira para defenderse de lo que ha dejado de suceder. EL encuentro se hará repetidas veces hasta que el niño comprenda nuestra buena intención y confíe. porque es a partir de él  que podemos comunicarnos con nuestro SER, Yo superior o supraconsciente, Es el niño interior el que le cuenta que ya estamos listos, dispuestos y habilitados para recibir las herramientas con las cuales nos ocupemos de sanarnos.

Cuando así no lo hacemos (siendo tan fundacional la relación paterna como es), lo que sucede es que, lo no resuelto en nosotros con ellos, se reflejará en las distintas relaciones que iremos manteniendo a lo largo de nuestra vida. Parejas que se parecen a alguno de nuestros padres. Relaciones laborales conflictivas basadas en las mismas falencias emocionales que nos atan al padre o a la madre. Figuras del espectáculo, deportistas o, hasta políticos en los cuales proyectamos, inconscientemente, el deseo de los padres que nos hubiese gustado tener o que sí hemos tenido y buscamos perpetuar en esos otros que, sin saberlo, lejos estamos de verlos como son sino que, los miramos teñidos por el dolor o la frustración que todavía nos aqueja.

Cualquier tipo de relación que establecemos en los distintos períodos de nuestra vida, en la medida que lo que aún no pudimos dirigir al plano de la sanación, se nos mostrara en esas personas, como un recordatorio constante del examen que nos queda por rendir. Un examen que no es con ellos, con nuestros padres, es con nosotros mismos. 

Recuerden, no son las cosas las que determinan nuestra vida, es la manera como las abordamos lo que le da forma a nuestra realidad cotidiana..



Por eso digo siempre que, nadie puede hacer la labor de evolucionar espiritualmente por uno más, que uno mismo. Si alcanzamos a dimensionar su enorme valor, la vida se torna una bendición. Es que tanto nos ama que nos muestra en los demás seres y situaciones, lo que resta hacer para continuar avanzando.

El dolor implícito en el viaje, es el conflicto ineludible a partir del cual se aprende y se eleva el alma. Es el espacio apretado el útero para el segundo nacimiento. Lo que muchos llaman el perdón. Un perdón dirigido hacia nuestro niño interior porque no sabíamos que no sabíamos. Que no pudimos.

Claro, sin el primer nacimiento, el segundo es imposible sin embargo, hay quienes sólo conocen el primero y nunca, al menos en esta vida, (presupongo la existencia de otras) cómo es nacer a la consciencia pura. 

Esto es lo que los maestros llamaban, en sentido contrario, morir dos veces, morir al ego (los miedos o,primer nacimiento) y la muerte del cuerpo físico. El alma no muere, tan solo busca retornar a la divinidad de la que procede.

Estoy dando por sobre entendido que, si hemos encarnado en esta condición humana, no ha sido nada más que para sobrevivir. Vinimos para aprender algo que cada quién habrá de descubrir bajo su responsabilidad sabiendo que lo que decida, repercutirá en su ser como en todo lo que lo rodea.

La palabra definitiva, el impulso sentido y atendido, es menester de cada ser humano. O permanecemos parapetados e indefensos, gestando y avalando bajo esa condición, todo tipo de auto engaños o, nos atrevemos a nacer de nuevo.

Shodo Rios 

martes, 1 de septiembre de 2020

El olvidado arte de pensarnos



Pensar es una madeja de recuerdos e imágenes que se entrelazan en la urdimbre de una vida finita; en un mundo cada vez menos visitado como es la mente, el corazón y que da, como resultado de ahondar en ese entramado, el poder conocer a raíz de lo tejido.

Me gusta llamar a la acción de pensar, como a su hija dilecta, la reflexión, el oficio de pensar. El oficio como lo que es, la obra confeccionada a mano, corazón y mente. Por eso, es que, del pensar que hablo no es del ligado al análisis o la valoración (muy necesarias en ocasiones, por supuesto) menos aún, hablo de la crítica muchas veces despiadada del yo que no duda en auto doblegarse en la murmuración de una elocuencia pueril y baja que los nudos del ego atan por sí mismo y luego, ante la desesperación inevitable, buscan la complacencia o la culpa para justificar su apurado y enredado hacer. 

Del pensar que hablo, es el de la observación pura que permita, al menos, palpar la presencia del tejedor inefable al que muchos llaman irrespetuosamente, Dios.

Volviendo al telar como marco de la consciencia viva y que me remite a las abuelas de la Pachamama digo, observar es percibir los conceptos sobre lo observado, las ideas amarradas a la lana bruta de lo aprendido y notar cómo cuesta desarmar lo apelmazado en la mente y el cuerpo cuando buscamos hacerlo de prepo, justamente, por carecer de oficio.



A medida que vamos animándonos a mezclar los colores o, los colores se funden en la piel seduciéndola para que los deje entrar directo al alma, aunque en el camino se interpongan la carne, los huesos y los miedos, notamos el pulsar de esa misma masa latente de vida tan bella como destinada a pudrirse, convocada a la dulce travesía del vivir que muchas veces, nos guste o no, se vuelve agria y oscura y siempre misteriosa. 

Quien no abrace el arte de mirar con los ojos entornados, no podrá intuir que la perilla a pulsar para echar luz sobre la confusión del entramado, está en sí mismo, razón de más para correr o espantarse y permanecer congelado. Nada de que culparse pues, así nos lo han enseñado sangre tras sangre. O, quizás, y con el debido respeto deba aceptar que, gentilmente, sí hubo quienes nos mostraron el sitio exacto por donde cada uno andar su despertar, pero, vaya a saber en qué escaparate nos quedamos envilecidos que ni nos enteramos. 

Observar es un bello oficio que amo porque es el amor mismo; el amor convidándonos al banquete del mirar, del ver, del ser y a desaparecer. ¿Desaparecer?! ¿de dónde? No de dónde, de qué, porque, cuando el observador y lo observado se funden, aunque más no sea por un breve milisegundo, es cuando el "yo" y el Ser, se vuelven uno y sólo uno. Un uno al que, probablemente, tampoco le quepa esa condición, me arrogo ese concepto en un intento por explicarlo, y es que, si toda división conceptual se desvanece, como la neblina al despuntar el sol entonces, ¿quién queda como testigo para que podamos llamarlo el uno? 

Lo separado o lo unido comprendido de entrecruzamiento en entrecruzamiento de lanas y vivencias, se quedan nada más que, en un concepto práctico, porque, separado o unido es, en última instancia, sólo retórica sino se pone el cuerpo y el alma en el vivir.Sin los horizontes ni los cielos, ¿cómo confeccionar un verdadero vestir?

Sin embargo, me permito sugerir no darse prisa porque todo oficio requiere tiempo,gozo,  perseverancia, paciencia y, sobre todo, saber si hemos sido llamados para ejercerlo. Carecer de ese llamamiento que el alma hace un día, nos puede llevar, fascinados por la aventura, a salir corriendo sin los pertrechos suficientes y terminar en mitad del desierto sin agua por confiar demasiado en que, "Dios proveerá".

El entramado que el oficio teje hilada tras hilada, al pensarnos, sentirnos, reflexionar; avanzando, retrocediendo y teniendo que esperar a veces, a que amaine el temporal, más allá de análisis o evaluaciones, como dije al comienzo, no es más que la forma de un vacío o esencia que permite vernos en ella y descubrir la existencia de algo llamado consciencia clara, libertad, atención plena, tiempo presente, capacidad de ser, hacer y desaprender; amor puro, confianza y la simplicidad de lograr caminar por donde sea propicio.



Reencontrarnos con el poder de elaborar nuestra vida según nuestras propias fuerzas. Amar sin medida porque ese es el amor verdadero, (el otro, siempre sabe a poco) y desinteresados de toda expectativa, es el pensarnos con la perspectiva de la que seamos capaces. El delicado oficio de pensarnos es lo que habilita a desarmar los miedos y las dudas. Las creencias, el optimismo inerte y la esperanza gris que se paren del mismo temor y desconfianza; luego, es cuestión de tiempo para que lleguen el hambre y la miseria.Este noble oficio, es la oportunidad para lucir aquello que nos atrevimos a elaborar de mano propia, desoyendo el imperio de las modas; incluso, a riesgo de errar por mucho. Después de todo, es más elevado un yerro en el camino de aprender que, el esfuerzo absurdo de que los puntos sueltos no se noten.

Pensarnos es repensar el mundo sobre el que estamos de pie y enaltecerlo o, dejamos que nos venza la pereza, la comodidad del individualismo y el rosario de males que de esa condición deriven. 

En pocas palabras, dejar de pensarnos, de vernos, de percibirnos y disfrutar la maravilla intuitiva del ser humano devenido naturaleza viva, es vestir harapos. Raídas y desteñidas telas; motivo demás para tomar el telar, la vida en nuestras manos y, mirándole la fachada al miedo, animarnos a atravesárlo con las agujas del amor, de la gratitud bien habida y tejer, inspirados por el aliento divino de la creación y hacer del oficio bello de pensar y vivir, una prenda de dignidad humana

Shodo Rios 

jueves, 20 de agosto de 2020

El tapón está en uno

 




Me adueño de esta frase, por así decirlo, que en el Ho oponopono se utiliza como mantra  a los efectos de ayudar a dejar ir o soltar aquello que impide nuestro desarrollo en algún área de nuestra vida. El mantra es, saco el tapón.

Que el tapón esté en nosotros surge de un principio que dicta: "el mundo es como cada uno lo ve". Por mundo vale tanto para referirnos a la realidad social, como personal de quien observa o, debería decir, reacciona a lo que "ve". 

Si el mundo es lo que vemos de él y no lo que es, entonces, cabe la pregunta de: ¿quién ve ese mundo y desde dónde lo hace? 

Generalmente el que reacciona o sea, responde desde una conducta aprehendida en el pasado y automáticamente le adosa a esa realidad su sello personal, es el subconsciente. El niño interior que, apegado a su propia versión de la historia, responde al tiempo presente (que no puede vivir conscientemente por la misma razón que lo aprisiona, el pasado y que repite sin cesar) con maniobras que le permitan rápidamente reforzar o regresar a su lugar de seguridad, de "certeza"; la certeza de que allí, en su mundo interior, nada ni nadie lo dañara.

Un ejemplo de esta conducta la tiene toda persona que frente a lo que sucede, se justifica, excusa siempre o hecha culpas y nunca se responsabiliza de sus actos.

Es cierto que también podemos ver el mundo desde alguna virtud o cualidad consciente y desarrollada (amor, respeto, gratitud), pero, la diferencia sustancial es que, si la respuesta dada es desde ese espíritu, se tratará de una acción y no de una reacción; es decir, respuesta de y en tiempo presente.

Para poder ver la diferencia entre una y otra, es necesario dedicar un tiempo diario a prestarse atención. Atención en la palabra, el cuerpo, la mente, las emociones. Al hacerlo, iremos verificando qué componentes psicológicos/emocionales nos constituyen para entonces, aprender a discernir entre acción y reacción. Tengamos presente que no es lo que sucede o sucedió lo que nos afecta, de un modo u otro, lo es la manera en la que esa experiencia fue incorporada o lo que hicimos con ella.

Tirar del tapón es el acto consecuente  de que somos nosotros quienes, sin intención, por supuesto, lo hemos puesto allí, obturando nuestras posibilidades de crecimiento o, se trata de un tapón producto de alguna experiencia pre o pos natal que no pudimos evitar vivir de un modo específico, lo que genero la acumulación de un agua sucia que sigue en el fondo de la mente y que necesita ser vista, palpada y reconocida como tal, si de corazón deseamos limpiarla; una salvedad,  si de esa agua nace simbólicamente hablando, nuestra flor de loto, eso significa que hemos aprendido a valernos de lo oscuro (el compost) para emerger hacia lo claro; sin mugre (conflictos) no hay defensas ni aprendizaje porque  estas son posibles tras un largo trabajo de nuestro sistema de vida a partir de lo cual ese sistema se fortalece. Dicho de otro modo, si buscamos vivir en un estado de asepsia permanente, tanto en lo corporal como psicológico, sólo acabaremos logrando lo contrario, enfermarnos.

Un ejemplo que me viene a la mente, es el de esas personas que se empeñan en mostrarse siempre impecables por fuera y por dentro y que, de tanto esfuerzo por mantener las formas, terminan confirmando que : "Nada es más evidente que lo que se desea ocultar"...

El camino del medio o, evitar los excesos, es la clave al momento de atender nuestras trabas o tapones. No querer soltarlo todo ni esperar vivir aplastados debajo de ese todo.  Si permitimos que así suceda, no estaremos viviendo plenamente; a penas sobreviviendo.

No querer soltarlo todo significa adquirir la capacidad de aceptar (todo vez que aceptamos estamos sanando el 50% del daño) que habrá que aprender a vivir con ese barro (recuerden que de allí puede nacer un bello loto) por lo que sacaremos el tapón hasta donde nos sea posible. Hay algo que no debemos pasar por alto y es que, Dios, la Divinidad, el Tao, etc, es siempre la fuente que da vida y que también la renueva o recicla. Esto es a lo que mi amigo Lito Ángel Magistris se refería toda vez que me decía, "Enfocate en tu dicha y deja que el universo haga el resto". El universo hará lo propio siempre y cuando seamos claros en bien decir qué queremos y para qué lo queremos. Gracias amigo y maestro, donde hoy estés.




Para dar un descanso por ahora les ofrezco esta guía:

Ser conscientes de qué vemos y desde dónde. Practicando la atención plena.

No hay límites. Si cada uno ve lo que ve eso significa que podemos construir cada uno su propia realidad. Aceptando que lo único verdadero es que en la vida nos toparemos con personas que verán lo que quieran o puedan, nos guste o no.

Estar atentos y concentrados en cuerpo, mente y emoción con lo que sea que estemos haciendo

Recordar que el único tiempo que existe es éste. Aquí.

Que el amor es el don supremo desde el cual la felicidad es posible. Amen lo que hacen y disfruten a pleno de lo que les gusta.

El poder esta en nosotros o sea, la capacidad para construir nuestra realidad está en cada uno, nunca afuera.

La verdad, es la medida de tu efectividad. El camino es siempre más importante que la meta.

Gracias, gracias, gracias.

Shodo Rios


Dedicado a mi amigo, maestro y mentor, Ángel Lito Magistris quién falleció el 12 de julio último y a quien le estaré eternamente agradecido por su presencia en mi vida. Junto a él  y, a lo largo de 30 años de amistad, reí, disfrute y goce plenamente de mucho de lo que hoy vivo y puedo también, enseñar. Gracias, Te amo.

lunes, 10 de agosto de 2020

Todo es un viaje

Todo es un viaje

mis dedos por tu piel

la luz de las estrellas por los ojos fugaces

la harina al pan de tu sandwuich


Todo es un viaje

las uvas al vino 

el vino a la boca

que besará alguien.


Todo es un viaje

el mercader a sus cosas

la ley al traficante

los malditos a sus tumbas

y sus bienes a los que se les negó antes


Todo es un viaje

tu niño hacia la vejez

el néctar a la miel

la risa al llanto

el amor al recuerdo

la soledad hacia el alma


Todo es un viaje

la noche a la resaca

el día al paseante

el agua a una nube

y la nube al huerto


Todo es un viaje

la locura al exilio

la luz a un rincón olvidado

la ropa a tu cuerpo

y tu cuerpo a sus brazos


Todo es un viaje

la canción a los oídos

el grito a la sangre

la pasión desmedida

al desastre


Todo es un viaje 

y por mucho que te apures

nunca se llega para siempre

a ninguna parte.

Shodo Rios 

miércoles, 5 de agosto de 2020

¿Dios es amor?





Dice: Dios es amor y, acto seguido, manifiesta en acciones y expresiones automáticas, su miedo a la vejez, la enfermedad y la muerte. El miedo a no tener, a perder lo que tiene; a no alcanzar sus objetivos, a llegar a ellos y luego no saber cómo abordarlos. Miedo que no lo quieran o lo quieran demasiado y se sienta ahogado. El miedo disfrazado de celos, envidia, arrogancia, resentimiento, control, manipulación, egoísmo, ansiedad, preocupación constante. El miedo que genera violencia,abuso de poder, hambre y guerras. El miedo crédulo y obediente. El miedo que dice no, sin siquiera saber si se es capaz. El miedo de no estar a la altura de las consecuencias.
El miedo al servicio de la vanidad, la soberbia, el desprecio por lo diferente, por los que no piensan igual o no pertenecen al círculo privado. Y así vamos, coleccionado gestos, palabras y pensamientos temerosos que, lejos, muy lejos nos deja de saber que Dios es amor.

Expertos en el auto engaño esto es, buscar consuelo o distracciones evasivas ante el dolor que produce lo inevitable, es en lo que el ser humano se ha especializado. ¿Por qué? porque quiere comprender con solo la mente pensante qué es y para qué está en este plano terrenal.Al lugar que más comunmente se llega desde allí es a una relación teórica con la vida. Si lo intenta acaparando cosas, apenas vive para el consumismo. Y si pretende saberlo abriendo o cerrando demasiado el corazón se muere de depresión o explota.

Para conocer y saber, es imprescindible que abordemos las áreas del alma (corazón), el cuerpo físico (necesidades biológicas) y el espíritu, la mente consciente e intuitiva. Hacerlo es a lo que se llama indagación hacia la coherencia es decir, tomar la herencia recibida (crianza, educación y cultura) para revisar no tanto lo que hicimos con ello y ello con nosotros sino, la conceptualización agregada (las etiquetas). Por ejemplo, si digo patria, la mente a través de un recuerdo, convocara la o, las imágenes asociadas a eso por lo tanto, no será de la patria de lo que estaré hablando sino, de lo que para mí representa.Es esa representatividad mental la que hay que reconsiderar para darnos cuenta el apego emocional que se produjo junto con la experiencia enmarcada en el concepto y, a partir de la cual, quedamos anulados debajo del significado agregado o, lo que también se denomina identificación con lo que nos da seguridad y control. 
Dicho de otro modo, si me identifico con lo que el objeto significa para mí, nunca podré verlo de otro modo lo cual, convierte nuestra relación con dicho objeto en algo falso y apresado por el miedo a perder el grado de seguridad que esa identificación nos otorga.Es menester para el auto conocimiento saber que, todo o casi todo lo que el humano hace, es por miedo a...y no por amor a...

El choque emocional o psíquico se produce cuando la realidad, siempre implacable, nos golpea y desarticula el auto engaño, quitando el suelo imaginariamente sustentable en el que creíamos estar. 
A partir de ahí es cuando se consigue crecer al saber tomar el suceso como una oportunidad para ascender en consciencia o, en su defecto y, como para cada uno lo que debe aprender de sí es intransferible y particular, quizás haga falta un acontecimiento aún más contundente para animarse a transitar el despertar de su consciencia.

El auto conocimiento es lo que permite notar las raíces de nuestro apego con el objeto en cuestión para luego, aprender a soltarlo y así liberarnos de lo que impide la coherencia es decir, la estrecha interrelación entre el cuerpo, el alma y el espíritu que, recordemos, son uno solo en diferentes frecuencias energéticas.
A partir de aquí el trabajo es desandar lo aprendido o desaprender, soltar sin lo cual, la evolución no se concretará y, en consecuencia, no nos será posible saber verdaderamente, que es eso a lo que nos referimos al decir "Dios es amor".





Para saber que Dios es amor, se requiere de una tarea dedicada al conocimiento y saber de uno mismo basado en la confianza, el respeto, el compromiso y la perseverancia, de segundo en segundo. Practicando el estar con uno y sus circunstancias ya sea, en la soledad de nuestra más íntima relación humana como también, en vinculo atento con lo cotidiano. Con las demás formas de vida no solo la humana. 

El cuerpo, el alma y el espíritu en coherencia (materia, energía y vibración aunados y en diálogo permanente) son el camino, la verdad y la vida. Pero, si no estás dispuesto a recorrerte incluso en medio de dificultades y conflictos sin los cuales y a causa de la presión que nos generan no podríamos notar lo dormidos que estamos en la cuna del cómodo hacer diario, me atrevo a decir que no sabrás a ciencia cierta qué es Dios en realidad.Menos aún podrás sentir ese amor inexplicable.

Pese a todo, hay una buena noticia y es que, o tomas por decisión propia el camino del auto conocimiento o, eso a lo que hoy por miedo y nada más que por miedo, tanto esfuerzo dedicas para que no suceda o no se termine será, justamente, aunque con más dolor y sufrimiento, la senda que te permita luego y, siempre que no se muera en el intento, dirigirte a descubrir qué es Dios y qué es ese amor del que, por ahora, sólo se vocifera o luce lindo en la frase impresa en una remera.

Paso a paso, voy sabiendo lo que es el amor verdadero, lo que es eso de,Dios es amor pero, no esperes que te lo cuente, tampoco un libro, un video u otra persona porque, de lo contrario, te aferrarás de nuevo a otro concepto y entonces, continuarás "viviendo" de puro miedo.
Descubrilo por vos mismo/a, descubrite y sorprendete.

Shodo Rios 


sábado, 1 de agosto de 2020

¿Ser humano o tan solo hombre?

El ser humano se vuelve paz, cuando agoto la lucha.
El ser humano se vuelve amor, cuando agoto el odio.




El ser humano sabe de la gratitud cuando se sabe nada, sin el todo.
El ser humano sabe del respeto tras retornar esclarecido de la tierra de sus ancestros.
El ser humano se viste con las telas de la alegría serena, tras mirar el miedo a los ojos.

El ser humano, tras mirar en lo profundo de esos ojos, descubre a su niño interno y lo ayuda a sanar rescatándolo del destiempo. El niño entonces, se alza venturoso y decidido al cielo donde se nutre de sol y del infinito, para descender luego.
Descender y poner los pies y la dignidad sobre la madre tierra y andarla manso y tierno, confiado y sin desvelo.

El ser humano se sabrá ser humano siempre que se atreva a bajar a sus infiernos y regrese, habiendo derrotado al único "enemigo" que en verdad existe como producto de nuestra experiencia, creencia o imaginación es decir, nosotros mismos.
Mientras la aventura no se emprende, el hombre como especie, permanece en estado animal o sea, obedeciendo tan solo a los instintos básicos (comida, sueño, agua, abrigo,trabajo etc) como también, a los condicionamiento socioculturales, de crianza y educación.

El alma, ha venido a rectificarse, a aprender y a evolucionar pero, si no contactamos con ella, se ira hasta encontrar otra vida o cuerpo donde ello le sea posible y nuestra "vida", nos guste o no y sin que nadie se sienta culpable al respecto, pasara casi sin sentido.

Recordemos que si la vida tiene algún propósito, no es otro que el de aprender lo que ha cada uno le toque responsablemente, aprender. Por tal razón, no hacerlo es incrementar en uno y en los demás, la ignorancia, el odio y la avidez.

Gracias, te amo

Shodo Rios 


Nota: El niño interno o subconsciente, no conoce el tiempo. Vive como si todo siempre transcurriese en un tiempo indefinido a causa de lo que lo sujeta a la experiencia dolorosa del pasado o sea, el niño (subconsciente) percibe el ahora, como algo interminable y repetitivo, por ejemplo, si tuvimos una experiencia traumatica con el agua durante la niñez, toda vez que veamos el agua, aún en un cuerpo adulto, algo se disparará en nuestra psique generando un estado de alerta porque el niño entiende que se está por producir, nuevamente, el suceso.
Salir de esa condición, requiere una tarea diaria de diálogo interno para decirle a nuestro niño: "tranquilo, el agua que ahora estás viendo, no nos hará daño alguno, tomate de mi mano y confiemos que no hay nada que temer".

martes, 28 de julio de 2020

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