viernes, 19 de mayo de 2017

Silencio





¿Qué es el silencio?...No te apures, porque cualquier cosa que digas, no te permitirá escucharlo...

Pero te digo, no hay modo de conocerlo si no es a causa del sonido, del ruido, del grito que emerge del alma del Maestro directo a nuestra alma.

El silencio en medio de la ciudad aunque solo escuchemos el aturdimiento incesante, está ahí, acá, ahora, en vos, en mi.
El silencio subyace en mi metro y medio de existencia durante zazen, durante el viaje a cualquier sitio o en el mientras tanto de toda situación posible.

El silencio en el arte de ser respirado por el cosmos.
El silencio al mirarme en tu mirada llena de palabras impronunciables y prístinas.

Por la mañana, cuando a penas se vislumbra un haz de luz, el cuenco suena tres veces anunciando el zazen del despertar a la presencia única de este instante fugaz como la gota de rocío que, como testigo de la noche profunda, se columpia al borde de una hoja de pino a punto de caer o de ser devorada por un rayo de sol.
Dirigiéndome al zendo, el silencio cruje en las hojas secas bajo mis pies.
El silencio como puente entre un pensamiento y el siguiente y también dentro del pensamiento cuando éste viaja del vacío al vacío.
El silencio que irrumpe con implacable precisión en la muerte exacta de la ilusoria creación del yo. Luego, pero aquí mismo en esta  quietud del lago sereno, tranquilo y calmo, el canto verdadero y único de mi ser se revela, en silencio.

El silencio es la única posibilidad de crear música. La música de tu voz, de tu temblor enamorado o temeroso. Si no hay silencio, nada existe aunque el silencio...tampoco existe, ¿lo escuchas?

Claudio Daniel Rios

viernes, 5 de mayo de 2017

Parar la pelota


A mi viejo


He amado jugar al fútbol desde que era muy chico y lo continué haciendo durante muchos años hasta que por decisión propia, lo deje para poder cuidar o evitar que mi cuerpo se lesionara.
Recuerdo con mucho amor esos días y tardes de pelota, potrero y amigos como la pasión por ponerme los cortos, la camiseta de mi club preferido y el placer inenarrable de patear la redonda y correr dentro de un campo incansablemente.

Hoy y luego de colgar los botines, como se suele decir en la jerga futbolera aunque no la pasión por el juego en sí, he podido reencontrarme con ese mismo amor al ejercer mi profesión como profesor de chi kung, practicante de Budismo zen o masajista. Claro, ya no se trata tanto de "jugar" aunque si de crear y recrear desde esas disciplinas, una forma de vida capaz de tomar, porqué no, algunos de los muchos aspectos positivos del fútbol y colocarlos en las clases como por ejemplo, el trabajo en grupo o en equipo, el amor por conocer y respetar el cuerpo aprendiendo a mejorarlo comprendiendo su estrecha relación con la mente, las emociones como el territorio y tiempo actual que ocupa.
Enseñar el valor de aprender a aceptar los límites o sea, si te toca ser de los que meten porque no hay mucho más bue, a meter se ha dicho pero, con el amor puesto en ese cuerpito que es la vida misma y bien merecido tiene disfrutarla; o tal vez las musas se han portado algo mejor con tus condiciones corporales y sos de los que se sueltan, dibujan y recrean el alma y la vista de quienes te vean en la cancha de la espiritualidad pero eso si, con perfil bajo y ayudando a que el equipo no juegue solo para vos y si para todos.

De ese lugar pasional como controvertido que es el ámbito del fútbol, siempre rescate una frase tan popular como profunda que mi viejo dice desde vaya a saber cuando y que en muchas ocasiones me a ayudado a jugar mejor el partido del vivir como es "parar la pelota"
Parar la pelota en el fútbol no es para cualquiera pues, tener esa virtud es de aquellos cuya inteligencia emocional, corporal y espacial los lleva a ser los distintos y casi únicos, en relación a esos otros jugadores que son más de arremeter, empujar, poner pierna fuerte o correr transgrediendo las mismas leyes de la física.
El que sabe parar la pelota es el que piensa pero más aún, es el que intuye que la cosa necesita un breve respiro para echar una mirada rápida y asertiva sobre el terreno y los compañeros para resolver el asunto de tal modo que las chances de avanzar y anotar queden casi definidas pero, sin dejar de lado el gusto refinado por tocar, pasar, y disfrutar del despliegue y hasta del bailecito gambeteador aunque sin gastar al rival, de modo de no llegar de puro atolondrado y empujando al gol por el mero hecho de ganar y si con la jerarquía, el bien hacer del buen pie de los que aman el juego más allá de todo trofeo o aplauso.





Parar la pelota en la vida diaria, en el trajín laboral, en la enfermedad o en la existencia misma cuando nos pasa factura para no continuar moviéndonos por ella cual robots. Parar la pelota en las relaciones o a la hora de decidir qué vida queremos construirnos, es sumamente necesario de lo contrario, acabamos tropezando más veces de las deseadas con lo indeseado, cayendo y cayendo en la trampa que todo miedo arma seduciendonos con miles de justificaciones para no salir de acá, donde esa acá sea, porque, "vaya uno a saber donde terminaríamos" aunque al mismo tiempo nos la pasemos quejándonos de éste presente o, en su defecto, del pasado el que muchas veces crea o empuja la salida al ilusorio e inexistente futuro.

Parar la pelota y mirar, escuchar, ordenarse, sentir el latido del corazón mientras el sol nos acaricia la frente y el sudor nos recorre la espalda dejando que sigan de largo los fantasmas y surja desde el fondo de nuestras entrañas la señal que indique el camino certero por donde continuar el juego y pasarla, eso, acordarnos siempre de pasarla, de compartirla o sino, vamos a escuchar que nos griten desde alguna tribuna: ¡no seas morfon!, pero también nos lo reclamaran en el laburo, los amigos o en casa es decir, no lo queramos controlar todo y a todos, todo el tiempo, tengamos presente que jugamos con otros y juntos, que si bien es sumamente importante la decisión propia, como la soledad bien vivida, ese espacio interior donde está el que somos, el que ya tiene todo lo que le hace falta para salir a la cancha sin amedrentarse porque el rival presente a los mejores (al menos a mi, me gusta jugar siempre con y contra los mejores); es decir, ya tenemos la pelota, esa mínima expresión de la redondez encantadora y casi perfecta del planeta tierra, la capacidad de convivir con la gloria tras haber aprendido a conocer la derrota porque ahora la llamamos oportunidad y el amor, el también está, que sería posible sin él, ¿no? y la alegría, el coraje, la calma, la serena consciencia para no olvidarnos que cuando se anda por esta bella esfera se anda el propio sendero, el propio lugar del terreno donde ocupamos el puesto que se hizo justito para nosotros, como señale párrafos antes pero, en tribu, con los otros, con los animales y las plantas, las montañas y el cielo, con el agua y la luna, con la noche clara y la tormenta inesperada. Después de todo, si el equipo no está completo, vamos a estar perdiendo antes de comenzar.

Solo resta que te decidas a jugar, a ponerte los pantaloncitos, o la falda de mujer íntegra, el hábito de ser humano que no es otro que el que ahora llevas puesto y salgas a jugar, a revelarte a todo condicionamiento que te estanque en la mezquindad de subsistir a base de tirarla afuera (culpar a los otros, a Dios o al destino) o que la fortuna o la carambola de algún casual contraataque te permita convertir un golcito de mala muerte (placeres superfluos)  mejor salí,  disfruta que la tarde está linda, linda para patear un rato y abarcar la cancha completa que no es otra que tu vida misma, ¿o te vas a quedar en el banco a que otro te diga cuando podes entrar? Salí, dale, así como ahora estás, donde ahora estás y algo más, no te cambies la camiseta jugá con la que te aprieta, la que está arrugada o embarrada y que como cada día ahora lucís y deja que el viento de la consciencia bien habida la vaya limpiando y estirando poquito a poquito, partido tras partido, hasta que luzca con los colores de tu hermosa humanidad porque después de todo, si ya estás acá, ¿te lo vas a perder, vas a dejar que la vecina resentida de al lado o sea, tus falsas ideas e ilusiones temerosas te pinchen la pelota, las ganas de pisar el pastito, o la aventura áspera y bella de jugar y ser feliz?

Claudio Daniel Rios


martes, 25 de abril de 2017

Sentarse en silencio



No malgastes el tiempo queriendo entender, usando palabras y pensamientos porque zazen, es una práctica corporal que solo se comprende poniendo el cuerpo al practicar.

Si el llamado o la vocación para realizar el camino de la vía de Buda, del Buda que ya somos, no ha nacido aún en vos entonces, continua con tu vida tal y cual es ahora hasta que éste momento y el siguiente, y el siguiente concluyan y, quizás ahí justo ahí donde ahora estás, el amor y la compasión por tu vida y la de los demás sean escuchados para simplemente, adentrarte en la práctica de zazen, en la práctica del verdadero acto de amor y generosidad que es darte, entregarte y abrirte a la escucha y observación correctos del saber y comprender quién sos en realidad y así vivir a ritmo de tu verdadera naturaleza es decir, despierto.

Gassho

Claudio Daniel Rios

lunes, 17 de abril de 2017

Samurai en la cocina y en la vida: Takehiro Ohno





No soy Samurai de origen pero, me siento un servidor (Samurai) y mi espada o Katana, es el amor por la vida que mis maestros, alumnos y el camino del ZEN me enseñan a cada respiración, por ello, mi gratitud a Maestros de la vida como Ohno que son pura, humildad, respeto y honorabilidad.



Gassho



Claudio Daniel Rios

miércoles, 5 de abril de 2017

“Estamos conectados, pero solos




En el silencio es posible comenzar

Es Aurora Jisen Oshiro Roshi, se ordenó de monja del Budismo Soto zen en el año 2001. Nació en Argentina, pero toda su familia es de origen japonés. En este 2016 celebra sus 70 años de edad y es directora de la comunidad Zen Soto de Lima (Perú). Cuando sus hijos ya habían crecido y entraban a la edad adulta, ella, a través de su hermano mayor, decidió profundizar en el zen. Vivió y se formó como monja budista en un monasterio en la isla de Kyūshū, Japón.

“El zazen se vive las 24 horas del día. Es estar presentes en el aquí y en el ahora. No nos escapamos al futuro ni nos quedamos varados en el pasado.  No es ni más ni menos que vivir el presente.  Decimos los maestros: cuando como, como; cuando duermo, duermo. El hombre ha perdido algo importante, la conexión con sí mismo, a esto apunta el zen. La cuestión es que ha perdido, a expensas de todo lo exterior, la conexión con sí mismo. Hoy, están todos conectados con la tecnología y no hay momentos para dedicarse a uno mismo”, exclama con absoluta convicción.

Señala la maestra zen que hoy hay miedo de estar solos. “Se llega a la casa y se enciende la TV o la radio, se pone música. Lo más difícil para el hombre es estar solo. Pero la realidad es diferente, aparentemente están conectados pero siguen solos. Hay que intentar hacer silencio interior y estudiarse a sí mismo, esto es el zen. Y estudiarse así mismo es olvidarse de sí mismo. Cuando esto sucede caen las barreras. No hay que correr detrás de las palabras. Uno es más de lo que piensa”.

Se sonríe cuando habla de los buscadores: “no hay nada qué buscar. El maestro está dentro de uno, hay que hacer silencio para descubrirlo. Como dijo Buda en sus días finales: es necesario ser nuestra propia lámpara”.





Ella se declara una maestra exigente y considera que los practicantes necesitan esa guía. “Yo recomiendo ir a las comunidades, hacer zazen no es una práctica individual, es una manera de conectar. En medio del silencio salen respuestas, es importante juntarse todos para que hagamos silencio interior. Todo el tiempo les digo a los amigos de la sangha que vean lo que está delante de sus narices”.

Oshiro Jisen Roshi, fue impulsora del Soto zen en Argentina, luego viajó a Brasil y Japón. En 2001 recibió el Dharma de Saito Hokan Roshi, abad del templo Miroku-ji. Obtuvo su formación monástica en Zuiô-ji y Shôgo-ji. Fue directora de un monasterio que por tradición era solo de hombres, un enorme mérito por ser extranjera y mujer en un medio exclusivo de varones. Su nombre en japonés es Kazuko que se usó después de la guerra, significa armonía.

Ella narra que tuvo una gran fortuna en su vida al tener dos culturas y vivirlas. “De puertas para adentro era budista, hacia afuera, en la formación católica. Realmente en las dos tradiciones nos une el silencio”.

Estudió Medios de Comunicación con énfasis en libretos para televisión y luego Terapia Física. Fue la pionera del zazen en Argentina. Logró, por allá en 1987, que en el Jardín Japonés, en Buenos Aires, le permitieran establecer el Dojo, para la meditación zazen.

“El modelo es la imagen del buda sentado, tranquilo. Hacer silencio profundo. No buscar nada y no tratar de atrapar y poseer más. Y, luego, cuando algo he aprendido, suelto. No debo quedarme en la comodidad. Si sé algo de zen, no es que ya estoy iluminado o iluminada. Hay que seguir.  Es fundamental entender que todo es impermanente. El  zazen frente a la pared es darse un espacio personal y privado.  Donde conectar la mirada hacia adentro. Sucede que todos queremos una respuesta, un método, no es así”, dice.

Agrega que, “es normal que la gente vaya a los templos a pedir, a negociar para seguir teniendo cosas. No se va a ningún templo a pedir, voy en busca de serenidad para entender, para cambiar la actitud, para estar serenos, para no buscar afuera lo que está adentro. Afuera no hay caso”, concluye.Su hijo mayor, Senpo Oshiro sensei, es monje director de la Asociación de Budismo Soto Zen de Argentina. Los dos llegaron a Bogotá para participar en el Tercer Encuentro Zen Latinoamericano que organiza la Comunidad Soto Zen Colombia que dirige el monje Densho Quintero sensei.

De Jisen Oshiro Roshi, inspira su serenidad y entusiasmo. En la foto con su Hijo El Monje Senpo Oshiro

NOTA: El Sensei Senpo Oshiro es con quien actualmente practico Zazen. Claudio Daniel Rios

domingo, 2 de abril de 2017

Como ayer, hoy






Hace unos ochocientos años el Maestro Dogen, ya advertía a sus discípulos de cuan difícil resultaba transmitir las enseñanzas y hablar sobre la verdad (el camino del despertar o conocerse a uno mismo) a aquellos que creían conocerla solo de libros o a los que no guardaban el deseo verdadero de ir a su encuentro incluso, aunque la verdad se presentara irrefutable y descarnada pues, comprendía que no era necesaria mucha distracción para huir de ella en ese entonces como tampoco sucede hoy, que alcanza con ser egoístas, con erigir ídolos, presumir de fama y prestigio, ser irrefrenables adictos a poseerlo todo, como de hacer hasta lo impensado aunque la propia vida como la de los demás se agote en ello.

El camino de la comprensión, la compasión y el atravesar las diferencias se abre ante nosotros cuando nos atrevemos a soltar la máscara. Por ello, es la práctica de zazen la que permite ver dicha máscara, aceptarla y dejarla caer. En palabras del Maestro Deshimaru: "Entrar en el ataúd y morir a toda idea sobre uno mismo"

Claudio Daniel Rios

Dogen Zen ji Maestro fundador de la Escuela Soto Zen - (1200 - 1253) Kioto Japón

viernes, 24 de marzo de 2017

Muestra de Chi Kung Senderos del Ki


El domingo 19 de Marzo realizamos junto a los alumnos de Chi Kung, una muestra de ésta milenaria disciplina.
Quiero compartir con ustedes el video de un evento que corono una total entrega de cada uno de ellos quienes participaron arduamente sin ceder a los intensos calores de los días y semanas previas, ni a las horas de práctica, como tampoco al pudor que apareció durante los primeros días y que, gracias a su constancia y confianza lograron superar y encontrar así, el amor y la certeza de estar entregando lo mejor de cada uno lo que redundo en una tarde donde el público y nosotros nos aunamos en un círculo de vibrante energía de felicidad, demostrando sin palabras cómo el Chi que generamos toco el Chi del corazón de todos ellos.

Por mi parte, infinitas gracias a todos, incluyendo a los alumnos que por cuestiones personales no pudieron estar presentes o participar del evento como Adriana, Yamila y Ana Laura, como a Noemí, también alumna,  y Osvaldo por el amor puesto en cada foto como en este video. Que lo disfruten. Gassho

Claudio Daniel Rios