viernes, 16 de diciembre de 2011

La costura del Rakusu




He cosido mi rakusu

con retazos de egoísmo

orgullo

miedo

prejuicios

deseos

contradicciones...

Sé que si aprendo a observar

sin juicios

estos trozos de tela me mostrarán

mi verdadero rostro.






Las imágenes de la entrada anterior sobre la toma de preceptos son, por una parte, el epílogo de un proceso que comenzó por el mes de mayo cuando le pedí la ordenación a mi maestro Dokyu, y por otra, ni el inicio ni el final de nada específico, tan sólo un paso más, pero no menos importante, en este camino de la vía del Buda a través de la práctica de zazén.

No dejaré pasar por alto que dicho proceso fue acompañado de la costura a mano de una tela llamada en el budismo zen rakusu* o pequeño kesa*.
La costura del rakusu (campo), visto en las fotos que antes mencionaba, no hubiera sido posible sin la invalorable colaboración de mi hermana del Dharma y monja budista zen, Adriana, quien con su infinita paciencia y sabiduría no sólo me enseñó cada paso de dicha confección, sino que en cada encuentro, en cada puntada o corte de tela que compartíamos, se producía una transmisión de energía que, por momentos, supuse que provenía desde el propio Buda histórico, atravesando los cuerpos de todos los maestros y patriarcas, el de Adriana mismo, hasta tocar y traspasar el mío.
Un cuerpo, el propio, que no paró de ser sacudido, como ahora se sacuden las ramas de mi árbol por la tormenta, por un sinfín de sensaciones y emociones. Toda una paleta de artimañas y justificaciones que mi ego desplegaba con tal de no quebrantarse o abandonar su dominio. Así y todo, no cedí a la tentación de la renuncia. Continué porque sentía que era ése el camino que necesitaba y necesito recorrer. El mismo camino que antes de mayo, el mismo camino que hoy mis pies pisan, pero en esta ocasión, teniendo que vivir la prueba de ponerme a prueba. Cara a cara conmigo mismo y todo ese caudal de condicionamiento que, amén de todo el que ya he venido pudiendo soltar, aún persiste. Un camino sin apegos o egoísmos que incluya a todos los seres. El camino correcto.

Verme y poder aceptar lo que se presentaba cada vez que la aguja traspasaba la tela y mi ego, cada vez que el hilo unía las telas, como también mi cuerpo y mi mente, era la tarea.
La tarea de practicar la verdadera religión, aquella que enseña a religar, a volver a unir lo que hemos separado: las telas que conforman el rakusu, la mente del cuerpo y el espíritu, a los otros de mí como a la tierra del cielo.

La ceremonia realizada el día domingo al mediodía, enmarcada del nerviosismo, la emoción y compasión de la sangha o compañeros de práctica, como los míos propios, más la presencia maravillosa de mi mujer asistiéndome desde su amor y gratitud, y de frente al maestro que acepté como guía, ha sido una puntada más a este rakusu o pequeño kesa que hoy cubre mi pecho, porque no determinó el final de nada, como dije al comienzo, y es que la tarea no se termina ahí, por el contrario, ese día señaló la entrada en el camino de una práctica, ahora manifestada públicamente, a partir de la cual se buscará que cada ser sintiente llegue al despertar, y alcanzar así el estado de nuestra verdadera naturaleza.

Por todo, mi total gratitud a todos los seres que formaron y forman parte del camino de mi vida. A ellos y a ustedes, todo mi amor, de corazón a corazón.





* Este manto es también llamado "la ropa de la felicidad" (Fukuden-è) o también "Mu soo" , el "hábito sin forma", esto es, sin ego. Además, está hecho con tela "sin forma". Antiguamente se usaban trapos, recogidos de la basura o en los cementerios. También es "sin forma" porque es usado por "un monje sin señas especiales", con un corazón libre de todos los apegos y obstáculos.

Este manto es llamado "Kasaya" en sánscrito, que derivó en la palabra "Kesa" u "Okesa" en japonés. Este Kesa se transformó en el símbolo del monje Budista, y era, junto con el cuenco de la comida, uno de los poquísimos objetos que poseía. El monje Budista tenía tres Kesas: uno de nueve tiras, uno de siete y otro de cinco. Este último, el Kesa de cinco tiras o Gojo-e, reducido de tamaño, se transformó en el Rakusu que los laicos también usan.

La palabra Kasaya significa "color desteñido" o "color de tierra" en sánscrito. Los cinco tercios del Rakusu (campo) quedan enmarcados por una tira de la misma tela, de la que salen dos breteles unidos por un pequeño rectángulo de la misma tela, llamado "maneki"(pieza soto) donde se borda un dibujo estilizado de una aguja de pino.

El lado interior del Rakusu es un panel de una tela como lino o algodón, donde el Maestro escribe el nombre en el Dharma del nuevo discípulo y estampa los sellos del linaje.

Publicado por Claudio



7 comentarios:

  1. Te habrás preguntado alguna vez que siente una mujer cuando se embaraza y pare . Nos es difici a nosotras explicarlo con palabras,¿cómo explicar, el dolor,los miedos,la infinita felicidad?¿Cómo explicar la sensación de ser un vehiculo para que el Universo se exprese y la enorme responsabilidad de esto? Ahora lo podés saber, tu experiencia te lo a mostrado en cuerpo, alma y espíritu. Lo que diste a luz es lo mejor de vos y te doy las gracias.

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  2. Claudio,

    Gracias por compartir! Tu descripción sobre la costura y lo que ello significa me conmueven.
    El poema inicial es tan simple y hermoso como un verdadero poema, verdad misma. En la literatura se habla de "géneros literarios": así como el drama es la representación, el cuento y la novela son la ficción, la poesía es el único género que es real, verdad. Porque sólo puede escribirlo quien ha tenido la experiencia, y solo puede sentirlo el lector que se amalgama al sentimiento. No es la poesía es una forma de transmisión?

    Por eso, por esto y por aquello, gracias nuevamente!!

    Maru, tu compañera de servicio.

    Que todos los seres sean felices!!

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  3. Respuestas
    1. Gracias Ryokan por tu abrazo fraterno

      Claudio

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  5. Claudio, que la luz de la realización ilumine tu camino

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