lunes, 17 de abril de 2017

Samurai en la cocina y en la vida: Takehiro Ohno





No soy Samurai de origen pero, me siento un servidor (Samurai) y mi espada o Katana, es el amor por la vida que mis maestros, alumnos y el camino del ZEN me enseñan a cada respiración, por ello, mi gratitud a Maestros de la vida como Ohno que son pura, humildad, respeto y honorabilidad.



Gassho



Claudio Daniel Rios

miércoles, 5 de abril de 2017

“Estamos conectados, pero solos




En el silencio es posible comenzar

Es Aurora Jisen Oshiro Roshi, se ordenó de monja del Budismo Soto zen en el año 2001. Nació en Argentina, pero toda su familia es de origen japonés. En este 2016 celebra sus 70 años de edad y es directora de la comunidad Zen Soto de Lima (Perú). Cuando sus hijos ya habían crecido y entraban a la edad adulta, ella, a través de su hermano mayor, decidió profundizar en el zen. Vivió y se formó como monja budista en un monasterio en la isla de Kyūshū, Japón.

“El zazen se vive las 24 horas del día. Es estar presentes en el aquí y en el ahora. No nos escapamos al futuro ni nos quedamos varados en el pasado.  No es ni más ni menos que vivir el presente.  Decimos los maestros: cuando como, como; cuando duermo, duermo. El hombre ha perdido algo importante, la conexión con sí mismo, a esto apunta el zen. La cuestión es que ha perdido, a expensas de todo lo exterior, la conexión con sí mismo. Hoy, están todos conectados con la tecnología y no hay momentos para dedicarse a uno mismo”, exclama con absoluta convicción.

Señala la maestra zen que hoy hay miedo de estar solos. “Se llega a la casa y se enciende la TV o la radio, se pone música. Lo más difícil para el hombre es estar solo. Pero la realidad es diferente, aparentemente están conectados pero siguen solos. Hay que intentar hacer silencio interior y estudiarse a sí mismo, esto es el zen. Y estudiarse así mismo es olvidarse de sí mismo. Cuando esto sucede caen las barreras. No hay que correr detrás de las palabras. Uno es más de lo que piensa”.

Se sonríe cuando habla de los buscadores: “no hay nada qué buscar. El maestro está dentro de uno, hay que hacer silencio para descubrirlo. Como dijo Buda en sus días finales: es necesario ser nuestra propia lámpara”.





Ella se declara una maestra exigente y considera que los practicantes necesitan esa guía. “Yo recomiendo ir a las comunidades, hacer zazen no es una práctica individual, es una manera de conectar. En medio del silencio salen respuestas, es importante juntarse todos para que hagamos silencio interior. Todo el tiempo les digo a los amigos de la sangha que vean lo que está delante de sus narices”.

Oshiro Jisen Roshi, fue impulsora del Soto zen en Argentina, luego viajó a Brasil y Japón. En 2001 recibió el Dharma de Saito Hokan Roshi, abad del templo Miroku-ji. Obtuvo su formación monástica en Zuiô-ji y Shôgo-ji. Fue directora de un monasterio que por tradición era solo de hombres, un enorme mérito por ser extranjera y mujer en un medio exclusivo de varones. Su nombre en japonés es Kazuko que se usó después de la guerra, significa armonía.

Ella narra que tuvo una gran fortuna en su vida al tener dos culturas y vivirlas. “De puertas para adentro era budista, hacia afuera, en la formación católica. Realmente en las dos tradiciones nos une el silencio”.

Estudió Medios de Comunicación con énfasis en libretos para televisión y luego Terapia Física. Fue la pionera del zazen en Argentina. Logró, por allá en 1987, que en el Jardín Japonés, en Buenos Aires, le permitieran establecer el Dojo, para la meditación zazen.

“El modelo es la imagen del buda sentado, tranquilo. Hacer silencio profundo. No buscar nada y no tratar de atrapar y poseer más. Y, luego, cuando algo he aprendido, suelto. No debo quedarme en la comodidad. Si sé algo de zen, no es que ya estoy iluminado o iluminada. Hay que seguir.  Es fundamental entender que todo es impermanente. El  zazen frente a la pared es darse un espacio personal y privado.  Donde conectar la mirada hacia adentro. Sucede que todos queremos una respuesta, un método, no es así”, dice.

Agrega que, “es normal que la gente vaya a los templos a pedir, a negociar para seguir teniendo cosas. No se va a ningún templo a pedir, voy en busca de serenidad para entender, para cambiar la actitud, para estar serenos, para no buscar afuera lo que está adentro. Afuera no hay caso”, concluye.Su hijo mayor, Senpo Oshiro sensei, es monje director de la Asociación de Budismo Soto Zen de Argentina. Los dos llegaron a Bogotá para participar en el Tercer Encuentro Zen Latinoamericano que organiza la Comunidad Soto Zen Colombia que dirige el monje Densho Quintero sensei.

De Jisen Oshiro Roshi, inspira su serenidad y entusiasmo. En la foto con su Hijo El Monje Senpo Oshiro

NOTA: El Sensei Senpo Oshiro es con quien actualmente practico Zazen. Claudio Daniel Rios

domingo, 2 de abril de 2017

Como ayer, hoy






Hace unos ochocientos años el Maestro Dogen, ya advertía a sus discípulos de cuan difícil resultaba transmitir las enseñanzas y hablar sobre la verdad (el camino del despertar o conocerse a uno mismo) a aquellos que creían conocerla solo de libros o a los que no guardaban el deseo verdadero de ir a su encuentro incluso, aunque la verdad se presentara irrefutable y descarnada pues, comprendía que no era necesaria mucha distracción para huir de ella en ese entonces como tampoco sucede hoy, que alcanza con ser egoístas, con erigir ídolos, presumir de fama y prestigio, ser irrefrenables adictos a poseerlo todo, como de hacer hasta lo impensado aunque la propia vida como la de los demás se agote en ello.

El camino de la comprensión, la compasión y el atravesar las diferencias se abre ante nosotros cuando nos atrevemos a soltar la máscara. Por ello, es la práctica de zazen la que permite ver dicha máscara, aceptarla y dejarla caer. En palabras del Maestro Deshimaru: "Entrar en el ataúd y morir a toda idea sobre uno mismo"

Claudio Daniel Rios

Dogen Zen ji Maestro fundador de la Escuela Soto Zen - (1200 - 1253) Kioto Japón