sábado, 30 de septiembre de 2017

Cerezos en primavera: Nuestro Dojo





Me complace compartir con ustedes la práctica del día de hoy donde inauguramos el nombre de nuestro habitual Dojo de práctica zen "Cerezos en Primavera"

Un lugar de práctica es mucho más que un nombre, es un espacio donde se hace posible aprender a compartir las enseñanzas de la Vía de Buda juntamente con cada persona que se acerca e ingresa al Dojo donde, entre todos, vamos caminando juntos aunque, al mismo tiempo, cada quien aprende a dar su propio paso.

La denominación Cerezos en primavera surgió como homenaje al Maestro Dogen (1200 - 1253) Japón, fundador de la escuela de Budismo Soto zen quien, en varios de sus muchos poemas solía hacer referencia tanto al árbol como a esa estación del año.
Por otra parte, el nombre alude a mi especial relación con los árboles, sin ir más lejos basta observar el nombre de éste Blog, siendo el cerezo una especie de gran belleza de la cual gusto hace muchos años.
Por último, y en el sentido propio del zen donde las palabras huelgan, nada más contundente y que no requiere explicación alguna es, justamente, que los cerezos florecen en ese período estacional o sea, lo que ES, ES.




Gassho a todos los que participaron y sepan que las puertas del Dojo están abiertas para todos aquellos que sientan la necesidad de cultivar el zen a través de zazen.

Nota: Especial agradecimiento a Graciela Nazar y a Adriana Etusho.






Claudio Daniel Rios

jueves, 28 de septiembre de 2017

Zazen bus






Terminaba de tomar unos mates cuando caí en la cuenta de que si no me iba pronto llegaría tarde a mi práctica de zazen. Salí de casa y me dirigí a tomar el colectivo que me llevaría hasta el centro subiendo uno que hace menos paradas para evitar demorarme más de la cuenta.
Al ascender  note que el conductor, quien respondió a mi saludo con una sonrisa, conducía sin ninguna prisa como si fuese un domingo de pleno sol y paseo.
Mi cabeza, al notar la lentitud con la que nos trasladábamos, comenzó a elucubrar nefastos finales del tipo: "hoy me pierdo la práctica", "si no se apura no llego", etc.
Mi impaciencia no hacia mas que buscar trasladar mi error de cálculo al chofer quien, después de todo, solo hacia su trabajo.

Un instante después me detuve a ver esos pensamientos observando su inconsistencia pues, se trataba solo de suposiciones, de profecías que no se cumplirían por sí mismas si tan solo las dejaba seguir de largo y me atenía a hacer lo único que se puede hacer una vez que ya estamos viajando hacia nuestro destino, esperar.
Permanecí sentado y respirando tranquilo mientras mi mirada se percataba de cómo el sol jugaba a las escondidas entre enormes nubarrones y se perdía al final del riachuelo; o el verde intenso en los árboles luego de la lluvia del día anterior. Hasta me traslade por unos segundos a un  pasado no tan remoto de una ciudad que aún cobija cúpulas hermosas, plantadas de cara al cielo y bien dispuestas a no desaparecer aunque muchos ni siquiera noten su presencia.

Como corolario, cuando me levante para descender del colectivo, la puerta se abrió con suma lentitud lo que provoco que sonriera diciéndome: zazen completo.
Baje y aunque apresure un poco el paso llegue a mi práctica a horario para adentrarme en ella junto a mis compañeros y al sensei Senpo Oshiro.

No hay en este relato más secreto, por así decirlo, que el hecho de observar cómo la mayoría de las veces quedamos atrapados en un enjambre de ideas, pensamientos o recuerdos que en sí mismos carecen de toda sustancialidad o realidad pero que de tanto atenderlos y estimularlos se acumulan, crecen, cobran vida moldeando la nuestra quedando sujetos a lo que no es verdadero mientras que lo que ES, sucede sin que muchas veces nos demos cuenta.

Practicar zazen formalmente en un grupo de práctica semanal, ayuda para que luego, en la vida de todos los días, podamos también realizar zazen y aprender a reconocer en ello lo muy valioso que se torna estar presentes y vivos en lugar de apesadumbrados por fantasmas y a penas subsistiendo.

Claudio Daniel Rios


martes, 19 de septiembre de 2017

La energía grupal

"La energía de practicar en grupo alienta, estimula la práctica de cada uno, pudiendo así superar las dificultades que se pudiesen presentar"


2003 Concordia


Motivado por estas palabras que mi amiga y monja budista Adriana Etusho compartió  en su facebook, y por una foto que mi Maestro Carlos Trosman también compartió en el suyo y que aquí les muestro, es por lo que quiero sumar alguna breve reflexión basada en mi experiencia tanto como alumno como cuando asumo el rol de profesor a la hora de transmitir conocimientos en mis clases, respecto del valor único de ser parte de un grupo de práctica.

Llevo casi veintidós años dando clases y participando de prácticas de meditación zen a través de las cuales he podido vivir diferentes situaciones donde cada una de ellas ha ido aportando su cuota de crecimiento humano y personal; razón demás para estimular a que siempre se tenga en cuenta la importancia de ese otro humano que, como sucede con cada individuo dentro de un grupo, aportara tanto sus necesidades, capacidades, deseos, temores y limitaciones como el enorme capital humano que se revela luego de un considerable tiempo de trabajo, paciencia y perseverancia.

Ese otro que en la sumatoria de partes hace al grupo, posibilita con su energía que se vuelva un solo cuerpo cobrando una vida que le es propia sin que por ello queden anuladas las individualidades que lo componen. Por el contrario, son esas diferencias las que bien comprendidas y mejor llevadas, ayudan a darle aire y vitalidad a ese grupo/cuerpo, por decirlo de algún modo, el combustible necesario para un desarrollo que, en el mejor de los casos, confirma la frase del zen que dice: "zazen se practica para beneficio de todos y no solo para el de cada uno"

Lo tribal, lo comunitario, la shanga, palabra sánscrito que se traduce como: comunidad de practicantes, es lo que ha permitido a la humanidad llegar hasta nuestros días tanto para construir como  para todo lo contrario. Es decir, no puede negarse ni sería posible una evolución humana sin el otro, sin la capacidad de sociabilidad que nos caracteriza. Por mucho que el perverso sistema de consumo y materialismo que destaca al mundo por estos tiempos insista en hacer creer, a quien así lo necesite creer, que cada uno solo en su casa y subsistiendo a base de "delivery" alcanzara la felicidad buscada, no habrá forma alguna de que ello se realice ni que continuemos aprendiendo y creciendo sobre este planeta si no es comprendiendo que sin el otro y la naturaleza de la que somos parte intrínseca, estaremos condenados a desaparecer.
A propósito de esto último, y considerando el momento actual donde el egoísmo prevalece mostrando los dientes de un desprecio casi fascista por el otro, por el "diferente" al que se lo deshumaniza producto de que quién así lo hace se ha deshumanizado primero, es donde más apelo a la convocatoria amorosa y respetuosa de que cada uno de los seres que pueblan nuestras clases, ayude a que la balanza recupere algo de su armonía perdida participando activamente de estas pequeñas comunidades de practicantes las cuales, para algunos podrá parecer de  poco aporte a tanto desmadre pero, es estando en ellas y solo en ellas donde se acaba comprobando en la propia piel el valor inenarrable que dicha convivencia dentro de los espacios de clases tiene, como también cuando lo aprendido sobrepasa las puertas de esos recintos alcanzando la vida íntima de otras gentes pues, lo que aprendemos a darnos con amor y respeto crece al punto de ser precisamente eso lo que se sabrá dar a los propios y ajenos con los que nos vinculamos a diario.

Si no estás, no te perdés necesariamente de nada pero, tampoco te estarás alimentando de nada de lo mucho y rico que en esos grupos de seres latiendo en su inmensa y vulnerable humanidad somos capaces de darnos y ofrecer.

Gassho


2011 Toma de preceptos

Abrazos en la calle



Clase de chi kung Pque Lezama 2015


Noviembre 2016



Muestra de Chi Kung 2017




Claudio Daniel Rios

sábado, 9 de septiembre de 2017

Ofrendas: "De corazón a corazón"




A Graciela Nazar por su generosidad sin la cual nuestro espacio de práctica, su casa, no sería posible.

Hoy, 9 de septiembre, hemos tenido la bendición de participar de una ceremonia denominada Trasncripción de Sutras que realizamos en nuestro Dojo Zen "Cerezos en Primavera".
La lluvia que por momentos arreció sin piedad, lejos de obstaculizar la llegada de la gente al Dojo, nos nutrió de la energía necesaria para que las ofrendas creciesen en nuestros corazones hacia el corazón de aquellos seres humanos a quienes iban dirigidas.

En particular, quiero agradecer la presencia de todos y cada uno de los practicantes que participaron del encuentro, no solo por venir sino, por el respeto y el amor brindados.
Especialmente agradezco desde mi alma a mi amiga, hermana del Dharma y Maestra, la monja Budista Adriana Etusho quien nos ofreció la realización de este evento y sobretodo, por su inmensa sabiduría y compasión.
Por otra parte, la presencia en nuestro Dojo de Adriana Etusho es una brisa plena del camino que vengo transitando desde hace varios años y me insta a no ceder en mi práctica como a compartirla con todos los seres que así lo deseen para que juntos, podamos continuar aprendiendo y evolucionando.

Aquí les comparto alguna de las fotos que tomamos al final de la ceremonia.







La ceremonia de ofrendas y su origen

En el budismo existen diferentes tipos de ceremonias que se realizan para el bienestar de los seres queridos sintientes, por ejemplo familiares o amigos. En particular en Japón durante el décimo quinto día del séptimo mes se realiza una ceremonia de ofrendas para los difuntos (transcripción de Sutras, textos sagrados)

Los registros indican que esta ceremonia se realizó por primera en China en el año 538 y en Japón en el año 657. es curioso que no surgiera in India sino en el país oriental, lugar donde sus habitantes tienen como valor inestimable la devoción filial.

El episodio del cual surge esta ceremonia data del momento histórico en el cual vivía Buda Siddharta Gautama en involucra directamente a uno de sus principales discípulos: Mogallana.
Mulian, como también se lo conoce, trató sin éxito, de utilizar sus poderes sobrenaturales para salvar a su madre fallecida, Shoday-ryo, quien sufría el estado de las entidades hambrientas debido a la codicia y avaricia que poseía durante su tiempo de vida.

Mulian intento una y otra vez liberar a su madre pero todos sus intentos fracasaban e incluso le impartía a la mujer mayores sufrimientos.

Él estaba sumido en un sentimiento de impotencia y dolor, hasta que decidió recurrir a su maestro Shakyamuni Buda, quien lo instó a ofrecer cien clases de alimentos a los monjes, el décimo quinto día del séptimo mes, (último día de retiro de los monjes que dura tres meses durante la estación de lluvia) Mogallana siguió el consejo de Buda y su madre pudo aliviar su dolor.

Claudio Daniel Rios