viernes, 27 de octubre de 2017

La Sabiduría Noble





"El principio descansa en el reconocimiento de que el mundo externo es sólo una manifestación de las actividades de la mente misma, y que la mente se apega a esa manifestación como mundo externo simplemente por sus hábitos de discriminación y razonamiento falso. El discípulo debe de tener el hábito de mirar todas las cosas honestamente. El debe reconocer el hecho de que el mundo no tiene naturaleza propia, que es no-nacido, que es como una nube pasajera, como un círculo imaginario, hecho por un agitador giratorio, como el castillo de los Gandharvas*, como la luna reflejada en el océano, como una visión, un espejismo, un sueño. el debe llegar a comprender QUE LA MENTE EN SU NATURALEZA -ESENCIAL no tiene nada que ver con la discriminación, ni la causa-efecto; no debe escuchar los discursos basados en los términos y calificaciones imaginarias; debe entender que la Mente Universal en su pura esencia es un estado de no imagen, y que es solo por las corrupciones acumuladas en su apariencia, que la propiedad del cuerpo-morada es obra de sus manifestaciones, que en su naturaleza pura es intocable e inafectada por tales cambios como el surgimiento, la permanencia y la destrucción; debe entender completamente que todas esas cosas llegan con el despertar de la noción de un ego-alma y su consecuencia mental. Por lo tanto, Mahamati, deja que esos discípulos que desean entender la Sabiduría Noble a través del vehículo del Tathagata* desistan de toda discriminación y razonamiento erróneos a cerca de la personalidad y su mundo sensorial o a cerca de tales ideas como la causa-efecto, el surgimiento, la permanencia y la destrucción, y se ejerciten ellos mismos en la disciplina de dhyana (zazen) que guía a la comprensión de la Sabiduría Noble".

Extracto del Sutra Lankavatara. Se ha dicho que Bodhidharma entrego éste Sutra al lider de sus discípulos, Hui-k´e conteniendo la Enseñanza Esencial del Zen.

*Gandharvas - Un tipo de deidad mitológica.
*Tathagata: Término utilizado por el Budismo para referirse al Buda en cuanto principio espiritual más que como persona.

Publicado por Claudio

viernes, 20 de octubre de 2017

Lo que ya somos





Espiritualidad no son tus cuencos, supuestamente tibetanos.
Espiritualidad eran las cacerolas de mi abuela donde cocinaba guisos, pucheros, abrazos y besos.

Espiritualidad no es la estatua de buda comprada en Tailandia para que haga juego con tus sillones de rattan.
Espiritualidad era la radio spica que mi abuelo un cierto domingo apago enojado porque independiente había ganado pero... jugado feo, sin brillo ni poesía.

Espiritualidad no son tus clases de yoga o pilates de velas y cañas importadas de algún spa exclusivo de Belgrano.
Espiritualidad era rolar por las barrancas del parque Lezama envueltos de pasto y carcajadas.

Espiritualidad no es asistir vestida con un sari hindu a la costosa conferencia de algún Guru con título honorario..
Espiritualidad es escuchar, de alma a alma, a tu amigo mientras te habla a tu lado.

Espiritualidad no es acudir a grupos esotéricos de autoayuda.
Espiritualidad es cuando en casa alguien necesitaba una mano y no faltaba vecino que se negase a ofrecerla.

Espiritualidad no es andar colgando en la casa ni en el cuerpo amuletos o talismanes chinos que ayuden a espantar oscuros vientos.
Espiritualidad es mirar la lluvia mojando las baldosas, las hojas del helecho al tiempo que lava los miedos.

Espiritualidad no es danzar extasiado de delirio místico y psicodélico.
Espiritualidad era cuando la chica que tanto nos gustaba, al fin nos dejaba tomarla de la mano para bailar un lento.

Espiritualidad no es comprar por internet técnicas de mindfulness con las que llegues a ser un gran empresario o deportista de elite.
Espiritualidad es mirar a los ojos a tus padres y decirles lo mucho que les agradeces por haberte dado la vida. La vida que ahora te ocuparas de amar y honrar incondicionalmente para luego entregársela a tus hijos sin pedirles nada a cambio.

Espiritualidad no es lo que haces ni lo que tenes; espiritualidad es lo que ahora, exactamente ahora ya sos porque nada te falta. Para descubrirlo no hagas viajes caros y absurdos, ni malgastes tu tiempo y energía en pócimas milagreras; tranquilo,aquieta el andar, respira en la calma de este momento irrepetible y perecedero dejándote mecer por el pulsar infinito y único de un universo que probablemente, jamás llegaras a conocer ni imaginar pero que yace en tus más profundas entrañas y que no es otro que vos mismo hermoso e imperfecto.

Nota: Mi total y más profundo agradecimiento a los Maestros y Maestras que entregaron su vida a cultivar y transmitir las herramientas necesarias de la más excelsa de las espiritualidades que no es otra, que conocerse a uno mismo.
Ellos no hicieron hincapié en la actividad en sí misma convirtiéndola en un producto de mercadeo como si, en el proceso de aprendizaje a través de dichas disciplinas.

Claudio Daniel Rios

miércoles, 11 de octubre de 2017

Pequeños universos





A cada paso que doy por las veredas del barrio, la vida explota de entre las baldosas en brotes de hierba que no se detienen y se diseminan sin límites. Una planta asomada por la rajadura de una pared de otros tiempos, un racimo de hojas pequeñas color bordo que se deja descubrir por el costado roto de la caja de luz de un vecino.
Restos de un tronco que algún desamorado arranco casi de cuajo pero que no se resigna a dejarse morir, muestra pequeños hongos e hileras de tallos largos y firmes que se disgregan en múltiples hojas verde/ amarillas alzándose a la luz. Pétalos de flores silvestres lilas esquivan los restos de un auto abandonado y se alargan para alcanzar al sol por alimento y de pura utopía.
.¡Cuanto acontece de manera incesante!; cuanto espacio colmado y hablando la lengua del silencio.

Toda la vida parece decirnos mirame, levanta la cabeza de tu celular por un ratito, y mirame. Mira cómo me despliego delante de tus pasos apresurados, de cara a tus interminables preocupaciones y al miedo que a diario le compras a los diarios. Pero no, la vida no tiene ese propósito. No está pendiente de vos o de mi aguardando a que nos enteremos que está sucediendo  justo aquí y en todos lados.La vida no tiene ningún otro asunto de que ocuparse que, simplemente ser. Nada más zen que la vida.

La vida en sus interminables afectos y efectos solo se la puede captar hasta quedar empapado en ella, cuando se comienza a desandar. A desandar ideas, creencias, expectativas, mandatos. Cuando se va soltando toda certeza y se comienza a habitar la agridulce realidad de la incertidumbre y uno se deja entonces, mecer por lo que sucede, por lo probable, por lo a penas palpable y por la muerte que no se cansa de aparecer mientras nos distraemos en chucherías mesiánicas de esas que construimos a fuerza de dejar la vida misma para que otro, algo después, se la guarde.
La vida a estas alturas de la práctica, del aprender a vérnosla con nuestras sombras, va dejando para las charlas de café las diferencias y los debates porque sin siquiera buscarlo se nos aparece siempre igual, cambiante y por todos los flancos. Tan igual que ya no hay yo, ni vos, ni nosotros, ni nada que se deje nombrar; tanto que, hasta la palabra se adormece, el intelecto se apaga, quedando a campo traviesa el corazón para jugar sin marcar la cancha de otra cosa que no sea de pura consciencia.
Consciencia plena de toda mancha porque, después de todo, la mente, del mismo modo que un espejo, lo refleja todo y de nada se apropia. Con qué quedarse si todo pasa y pasa.
Cada gota de agua se escurre sin mojarla, como tampoco el fuego la quema. La mente Budica es tu mente exactamente como está ahora, arremolinada de ilusiones y transparente como el cristal de piedra jamás encontrado.

No hay modo de volver a percatarnos que somos el pulso original sin embarcarse en las profundidades del inmaculado Tao; sumergiéndonos en el barro o en la tumba donde el pequeño yo cae de puro espanto y hartazgo. como cae el telón al final de la obra a los pies del escenario.
Y es al practicar zazen que el Tao. el que todo lo crea, lo envuelve y lo devuelve, lo avienta y lo entierra, se manifiesta inmensurable en una mínima brizna de pasto.

Claudio Daniel Rios


viernes, 6 de octubre de 2017

¿Mindfulness?



Si al practicar mindlness el único objetivo que se enseña o se busca es alcanzar metas personales entonces, no se estará practicando correctamente la atención plena sino, una nueva forma de egoísmo donde, ganados por la fascinación de algo "espiritual" no percibiremos que tan solo se trata de un cambio en el objeto de deseo y no de una verdadera transformación humana.
Una actividad presentada de éste modo es muy acorde a estos tiempos donde se busca casi milagrosamente, alcanzar resultados inmediatos y altamente competitivos sin medir, la mayoría de las veces, el daño que ello involucra para uno y los demás.

La meditación correcta es aquella que incluye en todo momento el evitar dañar a quienes nos rodean o con quienes estamos en relación directa o no por eso, cuando así se practica no se la llama meditación sino, zazen.

Zazen es una práctica única pues nunca, desde el Buda Sakyamuni hasta nuestros días, se pensó a la hora de sentar en zazen, en buscar un beneficio propio debido a que se comprendía que dicho bienestar solo se alcanzaba cuando a la hora de realizar cualquier acción diaria, palabra o pensamiento, se velaba por evitar perjuicios a los seres vivos como al planeta. Razón por la cual es común escuchar a los maestros zen decir: "zazen se practica para el bien de todos".
Tomemos como ejemplo el caso de un hombre que se haya enfermo y utiliza más tiempo en quejas y reclamos que en ocuparse de mejorar su salud. No pasara mucho tiempo hasta que sus familiares o amigos comiencen a fastidiarse de tal situación, mermando tanto sus ganas de colaborar como su espíritu por permanecer equilibrados. En sentido inverso, cuando el paciente hace su parte en la recuperación poniendo respeto y amor sera precisamente eso lo que estará depositando en sus seres queridos.

Volviendo a mindfulness, como hoy se denomina a la utilización de la meditación con fines terapéuticos, es respetable y hasta loable buscar en ello un medio a través del cual la persona pueda resolver o atenuar sus problemas de salud, sobre todo a nivel mental y emocional. Sin embargo, si el foco está centrado solo ahí y no se explica y, mejor aún, no se comprende que, no hay modo alguno de que lo que nos sucede se deba únicamente a nuestro hacer personal sino, a una compleja red de iinterrelaciónes con el medio entonces, se estará cayendo en un error el cual, tarde o temprano, se presentara ante el paciente cuando compruebe que no era suficiente con cambiar uno sino también, era preciso aprender a encontrar las herramientas que permitan ver con claridad que el juego de la vida tiene múltiples actores y que cada uno de ellos juega su parte.

Todos estamos viajando en el mismo barco, razón demás para comprender que la atención que sí ha de comenzar aplicarse en uno, (si no me comprendo y conozco no podre hacerlo con mis pares), es imprescindible que se la sepa llevar hacia los otros de modo de poder aprender a vérnosla con situaciones que en ocasiones podremos acompañar y resolver y en otras,  solo dejar hacer porque no se encuentran a nuestro alcance o dentro de nuestra responsabilidad.
Esto en el Budismo se llama, compasión. Sentir con el otro. Sentir el peso de la vida en la carne de ese otro ser humano que, aún con sus diferencias respecto de las nuestras, es igual a nosotros pues, su energía emocional se expresa del mismo modo aunque ocurra por causas distintas.
Ofrecer por el que ahora no puede, nuestra comprensión y entrega durante la práctica para su bien existir y hacer.





En pocas palabras, lo que se vuelve una situación de distrés (estrés negativo) por no haber podido evaluar  y ejecutar una correcta relación con el entorno, requerirá como primera medida observar sin juicios o críticas la burbuja falsa de: "conmigo alcanza" aprendiendo a reconocer quiénes somos respecto de quiénes decimos ser y eso es posible durante la práctica de zazen en solitario como al animamos a volver a la tribu,  a la comunión con la vida en todas sus manifestaciones.
Si el estar solo y en silencio no es para vernos, para comprendernos y comprender y así aceptar, crecer y continuar elevando la consciencia humana por favor, estar más atentos porque nos estaremos evadiendo una vez más con ilusorias promesas de despertar que solo nos dejarán durmiendo una siesta demasiado lánguida y carente de verdadera vida.

Zazen ha sido y es, la única práctica que permite atravesar en cuerpo y alma lo que aquí menciono.
Zazen no se practica para obtener premios o méritos. Zazen, al momento de estar presentes con lo que ES, se torna es en sí mismo estar despiertos. "Práctica y realización suceden a un mismo tiempo" nos recuerda el Maestro Dogen

Zazen es una práctica de acceso a ver lo que es en su contexto real permitiéndonos atenderlo objetivamente sin que por ello debamos forzarnos a evitar las diferentes expresiones que nos caracterizan como humanos, como son las emociones o los pensamientos condicionados porque, de lo contrario, solo estaremos volviendo a errar.
No somos individuos a los que les basta una buena arenga para desempeñar responsablemente nuestro rol en la vida. Somos una comunidad que no podría existir sin esa esencia que nos vuelve conscientes de que si no aprendemos a compartir y a compartirnos, estaremos condenándonos a desaparecer del mismo modo que por el exceso de individualismo, hemos contribuido a hacer desaparecer a tantas otras formas de vida como también a contaminar los elementos más esenciales como son el agua, el aire y la tierra.

En última instancia, vale menos el nombre que le pongas a tu práctica como si el tener bien claro que, si no involucras a los demás en ello para un bien común entonces, mejor seguir con la vida tal y como ha sido hasta ahora que volcarse irreflexivamente a una práctica de sospechosa espiritualidad, por muy bien vestidita de adornos orientales o exóticos con los que nos la presenten.

Claudio Daniel Rios