viernes, 3 de julio de 2020

Cuerpo sentido Segundo regalo





Que tal si aquí, frente a estas palabras que ahora te comparto y sentado o, en la postura que te encuentres, cerras un poco los ojos y dedicas este momento único e irrepetible, a sentir tu cuerpo.

Comenzá por sentir tus pies, tus dedos y luego subí despacio por las piernas, rodillas, muslos...Luego continua ascendiendo por la columna, la espalda,. Sentí cómo se eleva tu digna forma humana hacia el cielo, hacia la cabeza.
Percibí tu abdomen y tu pecho, tus hombros y brazos, tus manos y dedos. Recorre tu cuerpo como lo harías por un bello paisaje. Un territorio que te acompaña desde el nacimiento y antes, también.

Estate aquí y ahora con este cuerpo que es, hijo de tu madre y de tu padre como la conjunción de todos tus ancestros. Hijo de la tierra y del cosmos. De este cuerpo sin el cual, nada sería posible hacerse o procurarse.
De este cuerpo que sos y sin el cual, tu alma, no podría hacer el viaje que vino a realizar para elevarte a la condición de espíritu. De ser despierto.

Sentí el cuerpo. Sentí su peso, no lo juzgues, sólo dejá que sea él quien hoy te hable; te cuente quién es y como se siente o lo que precisa. Escuchate y hasta quizás, oigas cómo late el corazón igual que solías escuchar el de tu mamá cuando estabas dentro de ella. Una vez allí, descubrirás lo maravilloso que es el que ahora seas vos,en este cuerpo la madre tierra y el padre cielo, el ser capaz de contenerse y crearse a sí mismo.

Que así sea.
Hasta mañana.

Shodo Rios

jueves, 2 de julio de 2020

Arbolzen cumple 10 años

Hace diez años, un 27 de julio, comencé a escribir en este sitio virtual, con el agrado que siempre me genero el uso de la palabra la cual, se ha ido puliendo en sus formas pero, sobre todo, en su contenido pues poco a poco he aprendido a decir desde un lugar más íntimo y respetuoso, todo aquello que he necesitado expresar atento a que cada texto no quedase reducido a una mera  acción de catarsis ya que, podría, incluso sin intención, herir la sensibilidad del lector quedando ambos atrapados en un laberinto verbal cuando, lo que me motiva a escribir y compartir ha sido y es, el auto conocimiento y la auto consciencia
¿Por qué? porque apelo al dicho de que, "si algo nos hace bien y no daña, hay que compartirlo". Por eso he compartido este espacio, para que nos ayudemos a sanarnos y a evolucionar juntos aunque, cada quién lo haga a su tiempo y forma como, después de todo, siempre sucede.





Hoy quiero comentarles que, durante este mes de JULIO, les obsequiare diariamente, si, TODOS LOS DÍAS, una entrada en la cual encontraran, de manera breve y ágil, ejercicios, ideas, propuestas, reflexiones que los ayuden a aumentar su salud, mental, física y emocional; como también, el vínculo amoroso y de respeto con ustedes mismos. Es decir, todo aquello que esté a mi alcance ofrecido a modo de gratitud por estos años juntos, para que, el bienestar que ustedes encuentren en ello, lo puedan compartir generosamente con sus amigos, parientes, pareja o hijos invitándolos a conocer arbolzen y así, de esa manera, poder incrementar esta comunidad saludable para el bien de todos.

Cada obsequio, cada entrada diaria, ira encabezado por la frase: "Que tal si..."

El obsequio de hoy es:

Que tal si ahora, estés donde estés, haciendo lo que sea que hagas, te dedicas unos minutos a escuchar, atentamente, tu respiración.
Sentí el aire pasando por tu nariz, recorriendo tu cuerpo. Observa, sentí hasta donde se desliza, cómo el cuerpo responde a ese movimiento hasta salir de allí.
No busques ninguna respiración específica. No hace falta, por lo menos hoy, ninguna técnica. Solo sentí el aire, la vida respirando y respirándote. Dejate sorprender.
Hasta mañana

http://senderosdelki.com.ar
Shodo Rios

sábado, 20 de junio de 2020

Se como Dios, Se como el Tao

¿Cómo es ser como Dios, como el Tao?





Simple. Hablando el mismo idioma que ellos, el silencio.
Se silencioso para poder escuchar y escucharte. Esto significa, no juzgues y notarás cómo el cuerpo se expresa y la mente parlotea incesantemente.
Luego pregunta con voz clara y decidida: ¿Quién soy? y de nuevo, sólo escucha...que la naturaleza a su hora, te mostrará el fruto.

No es necesario que acudas a templos, iglesias, sinagogas o mezquitas.
Abstenete de cánticos, misas, rituales o ceremonias.
Tampoco es preciso rezar, meditar u orar dependiente de comunidades o grupos. Los grandes maestros fueron muy claros a este respecto cuando dijeron: "Nunca encontraras el camino hacia vos mismo si te perdes en la multitud", pero sí, si nos atrevemos a habitar en el desierto...
Luego, cosechado lo aprendido, llegará el tiempo de ofrendarlo para que cada quién visite su propio desierto.
Mucho menos adhieras a cualquier tipo de ismos o dogmas (cristianismo, budismo, capitalismo, comunismo) o volverás a perderte en la multitud y nunca comprenderás que para conocer tu sentido de estar acá, no necesitas de intermediarios. Eso si, si tu andar es sincero, hallaras a los amigos correctos con quienes compartir el mundo y la vida.

No rechaces.
¿Y entonces, qué hay de todo lo anterior?
Se caerá por si mismo cuanto más te acerques a la verdad interior.

No te apropies de nada ni de nadie. Recorda que una mano cerrada, a penas sostiene un puñado de cosas y un sin fin de calamidades; y que, por una mano abierta pasan todos los ríos y mares.

Confia, permanece quieto y sentí cómo todo el cosmos se mueve en vos, mutando, transformándose y transformándote.

Se como Dios, Se como el Tao, no te busques, encontrate.

Shodo RIos


sábado, 13 de junio de 2020

La belleza conformada





Nos recuerda Platón que la palabra crea y transforma la realidad, construyéndola, como el fuego que purifica y templa el espíritu, si el alma que la anima tiene el carácter que nace de la unión celestial entre la estética y el eros. El habla resultante de ese matrimonio, es la ética, es decir, la belleza conformada o, con forma de ser humano.

Estética, remite a la capacidad de percibir por los sentidos. Comprender. La comprensión es el devenir del viaje interno e iniciático que cada quién realiza en su sí mismo como una acción de continuidad que parte desde el ego o personalidad hacia el misterio del ESO impronunciable.

Eros; no incita únicamente al acto sexual genital sino, al encuentro con la energía sexual que todo lo impregna y que, aprendiendo a sublimarla y redireccionarla, se vuelve artífice y creadora de dicha realidad. La energía, Chi, Prana o Plasma, es sexual y por eso creadora. La realidad como simiente, comienza en el éter del pensamiento o idea, lo invisible que luego se verbaliza, se define, por la palabra expresada.

Ética, no es un manual de valores morales impuestos por algún sistema dogmático de control. Ética es la resultante de un ser humano comprometido, confiado, agradecido con la existencia, lo único que ahora, saber ser. Es el amor incondicional como energía madre/padre de toda emanación espiritual hecha cuerpo y mente; esto es, lo sutil conformado, materializado. De ahí que el hombre/mujer se reconoce en la manera en que se hacen las cosas o se mantienen los vínculos y no, como alguien separado de las cosas, de los otros. Costumbres y hábitos que, como condición sine qua non es la de observar que toda palabra, acción y pensamiento, atiendan prioritariamente, el bien de los demás.

Sostenido en la tierra y abierto al cielo, lo bello conformado, se abre en la mente clara y reside en un corazón puro. En otras palabras, tanto lo que se dice y realiza, emerge de la sinceridad (sin cera, sin falsedad) que se hallaba en el fondo de la caverna del yo atormentado por las sombras de lo no real, a causa de lo que ignora o no sabe.

El habla estética (sensible y decidida) es erótica (creativa) Por eso, lo bello, la ética, imprime carácter en uno y en una sociedad cuando esta es receptiva a esos dones. Por lo mismo, las distintas lenguas son maneras diferentes de ser, ser humano.

Es importante que quienes usamos la palabra para transmitir conocimientos o interpretarla, debamos preguntarnos qué queremos, si guiar al iniciado hasta los límites de su territorio existencial aún no explorado o, desplomarnos en el abismo, si la palabra dada cabalga sobre el lomo de la arrogancia y la idolatría. Esto equivale a tomar el SER en nuestras manos y saber si es desde ese SER que hablamos, damos la palabra, la vida (corazón/mente) o, desde el pequeño "yo" que busca tan sólo reconocimiento y veneración.

Probablemente, cuando la estética sucumbió a los adornos y fantasías y, eros descendió a los instintos de la sola pulsión, fuera cuando la ética, abandonada a los designios de una familia disfuncional, cayo herida de muerte en los puños de los inferiores (como el I Ching denomina todo capricho egoico) lo que explicaría, al menos en parte, el derrumbamiento de lo humano al hambre visceral del poder, de la sociedad entretejida de diversidad al caos y de la música al ruido ensordecedor sobre toda ley suprema.

El resto de la historia, donde la belleza deformo en princesa sin calabaza ni zapato de cristal, es bien conocida por todos. Y es que todos, más distraídos en nuestros asuntos que en la poesía, desde la cual la palabra devela la red de Indra, para que luego la prosa o la narración ordenen y racionalicen el mundo aquí abajo, nos dedicamos a donar granos y más granos al arenal del desamor.

Pese a todo, siento que hay una buena noticia y es que, de las sombras se sale entrando en las sombras; como de los laberintos se sale por la misma puerta por la que se ingresó, tras haber resucitado, vuelto a suscitar. Renacido.

Shodo Rios



miércoles, 10 de junio de 2020

La palabra genera realidad





Dice: "De algo hay que morir" En su defecto, de algo hay que vivir pues, si primero no se vive, no hay manera de morir.
La frase es importante, no tanto por el sentido orientativo que presenta (hay que morir) sino, porque oculta quién o quiénes dan ese sentido que se encuentra en las dos primeras palabras, "de algo". De algo, igual a, cualquier cosa; vale decir, cualquier cosa que otros decidan por uno ya que, no se está decidiendo conscientemente de qué se quiere morir o vivir. En otras palabras, que lo haga otro por mí.

Que hay un otro que decide por uno, queda evidenciado en la proliferación del pánico que la mayoría de la gente manifiesta hoy día, ante la posibilidad de morir o, peor aún, de creer que esa es la única posibilidad frente a las circunstancias reinantes (corona) debido a que cree que, el poder para concretarse el hecho, sólo yace fuera de sí esto es, justamente en manos de aquellos en quienes se delegó nuestras facultades. Por lo mismo, son esos otros de los que se espera la solución.
Sin embargo, lejos de ver que donde se haya el problema (el poder se lo dimos a otros para que manipularan desde hace siglos nuestras vidas) también contiene la solución que es, darse cuenta del engaño y recuperar la autoridad entregada.

Si se tuviese conocimiento íntimo de lo que implica el decir, la palabra o el hablar de una manera determinada, lejos se estaría de hacerlo de ese modo (de algo hay que morir) ya que, se comprendería que esa es la realidad que se desea obtener. Yo digo, yo hago. Por lo mismo, "Ojo con lo que deseas porque se cumplirá.
El miedo en este caso, opera a partir de que se "vive" o, sería correcto decir, se sobrevive no porque se lo ha determinado responsablemente por cada quién sino, por estar sometidos a mandatos y obligaciones bajo las cuales el sujeto, queda sujeto, precisamente, a lo que designen aquellos a los que se les dio el poder para que regulen nuestras vidas (religión, política, economía, ciencia) Dicho sea de paso, los cuatro jinetes...

Para que todo esto se desactive, hay que ir hacia uno mismo y escuchar/escucharse, lo que se dice o decimos y bajo que condiciones lo hacemos para que, a la hora de escuchar el alma de lo que se expresa, su contenido o intención, se pueda observar y verificar si es eso lo que de verdad se piensa y siente sinceramente o no.
Normalmente no se piensa en morir sino que, la frase, pronunciada en tono jocoso en momentos donde la persona busca justificar lo que está haciendo lo que conoce pero de lo que no es consciente y que, va en contra de un vivir sanamente o, completamente (mente completa puesta al servicio del sentir y del decir) Por lo tanto, la justificación (una de las condiciones del no iniciado en el camino hacia el despertar) lo mantiene en ese estado casi de catalepsia auto infligido, excepto que la escucha tenga lugar en su interior para poder develar la comedia y, más tarde aprender a reorientar el chi o energía hacia el camino correcto que es, auto realizarse a partir de saber lo que se quiere en concordancia con lo que se siente para luego enunciarlo, primero para y con uno (el camino siempre es uno mismo) y más tarde enseñarlo a los demás y al universo. Un ejemplo es el de quien se queja de que siempre le pasan las mismas calamidades, sin percatarse de que lo crea él o ella por no atenderlo que en verdad piensa y dice que lo deposita siempre en la misma realidad que a ayudado a crear.

Por eso sostengo lo trascendente de estos momentos cruciales para reorganizar la mente, la palabra y el sentir (la situación como una oportunidad) o, de lo contrario, quedaremos sumidos a viejos paradigmas. Postulados que, a la vista de quién sepa y pueda ver, están usando sus últimas fuerzas disponibles para no declinar su mandato, pero, si eso no les es posible, como sí saben lo que quieren (a diferencia de la mayoría de los humanos) que es, tener cada vez más poder o, en última instancia conservarlo, aunque primero tengan que colapsar, producto de que nada puede durar indefinidamente, lo harán hasta reconvertirse y así llevar la vieja mente a su máxima expresión de dominio y control con lo cual, acabarán sometiendo a la humanidad al mero papel de sirvientes de esos mismos poderes, ahora renovados y realimentados a nuestra costa.





Ellos, la iglesia, la política, la economía y la ciencia, están jugando su papel, nosotros, ¿sabemos cual es el nuestro o vamos a dejar que sigan decidiendo ellos, producto de vivir convencidos de que sólo ellos deben porque pueden, tienen con qué y saben?
Aclaro este punto. Cuando la humanidad se convenció de, “no debo”, se arrodillo ante las religiones. Cuando creyó en, “No poder” aparecieron los políticos. Cuando temió en “No tener”, lo hizo la economía y los bancos. Cuando estuvo muy segura de, “No saber” gestó la intervención casi endiosada de la ciencia y la medicina. Si algo retiene hasta hoy a la humanidad en el samsara o, circulo infinito de nacimiento, vida y reencarnación, son exactamente estos puntos y ningún otro. Se puede poseer mucho, poco o nada, hace mil años, ahora o en un futuro distante, pero, sin confianza para actuar y comprobar si se puede, se debe, se sabe o se tiene, los problemas, conflictos, guerras, hambre y devastación nunca cesarán. Dejo al osado que se anime a leer entre líneas nuestro periplo como homo sapiens, sapiens, bárbaros o civilizados y, de seguro lo descubrirá. Siempre padecimos los mismos inconvenientes por lo que nunca supimos cómo salir del atolladero.
Insisto, el camino al despertar es individual. A más individuos despiertos, la consecuencia confluirá en una sociedad, también iluminada.

Ahora bien, se trata de desembarazarnos de todo esto, no. Se trata de transformar el paradigma, vale decir, sustituir una estructura perimida y falsa, por un decir magnánimo nacido de un pensar, decir y sentir sinceros, a partir de recuperar la confianza en que, debemos, podemos, tenemos y sabemos.
Dicha recuperación no será jamás, reitero, jamás, masiva o multitudinaria excepto, cuando cada quién tome decididamente su Chi o energía en las manos y la redireccione hacia su despertar con lo cual, la consecuencia derivará en una multitud de seres humanos también despiertos. Hasta entonces, sin esa labor que no puede surgir sino de un corazón y una mente en armonía, me temo que no será viable.

Dejar en manos de los principales causantes de todos los males perpetrados y padecidos desde hace siglos, tanto por los humanos como por el planeta para que resuelvan la ecuación, es como si la persona abusada, esperase de su abusador la salida.

Termino con esta frase absolutamente esencial como la vida misma y es:
Mira por vos mismo – Aberamentho (indagen de quién se trata y se sorprenderán)

Shodo Rios

sábado, 6 de junio de 2020

Carta abierta al ser humano





En mi condición de humano, humus, tierra, hombre, abro mi boca, en este confesarme, para emitir algo más que palabras de dolor o dulzura; un llamamiento al que me apremio, al percibir que los tiempos urgen y como le es natural al tiempo, no aguarda a que nos ajustemos a sus normas; por eso, vengo a decirte hombre, mujer, humano ¿qué es lo que estamos viviendo?. ¿Qué no estamos vislumbrando ni comprendiendo quizás, por estar demasiado asidos a las cosas, y ocupados de eso a lo que llamamos sentimientos o debería decir miedo?

¿Qué es, ser humano, lo que aún no alcanzamos a percibir a pesar de que nuestros pies caminan sobre el vientre de la madre que nos abriga y sostiene, perseverante y pródiga como una yegua, mientras el cielo padre nos sopla dulcemente las cienes?
Hijos que somos, según me palpo, de esas cosmogonías, observo el deambular mecánico de una maquinaria que repite y repite sin siquiera apreciar que el sol, el agua y el viento nos moldean la carne y el aliento, al igual que la rutina, lo hace por dentro.

Y me pregunto, ¿No fue suficiente luz la que emanaron Jesús, Buda, Zoroastro, Lao Tse o Krishna?





¿No fueron apropiadas las palabras que desplegaron como alas, Shakespeare, Homero, Goethe, Cervantes, Tolstoy, Dovstoiesky, Dante, Proust, Whitman, las Bronte, Virginia Wolf, Simone de beuvoir, Borges o, San Juan de la cruz para que, cada quién aprenda a desdoblar las suyas?

¿Qué música del alma no toco nuestras almas para corroborar su presencia, luego de toda la que, Bach, Mozart, Beethoven, Chopin o Strauss nos ofrecieran a manos llenas?
¿Qué sonidos universales, como puertas a la divinidad, aún no aprendimos a danzar en medio de las rondas sufíes, Indias, celtas, mayas, egipcias, hopis o atlantes?

¿Qué materia prima no supimos tomar para enterrar en ellas nuestras manos y hacernos a semejanza de Dios, con el cincel y la tinta de Miguel Ángel, Da Vinci, Van Gogh, Rafael, Dalí o Kandinski?

¿Cuándo sucedió que, la mente insondable, anfitriona de Heraclito, Sócrates, Platón, Diógenes, San Agustín, Hume, Kant, Heidegger, Marx, Sartre, Spinoza o Nietzsche, se consagro a un cubo de residuos fascistas, superficiales y decadentes?

Alguna vez, durante épocas que no alcanzo a divisar, ocurrió el más profano de los actos y fue, cuando dejamos lo eterno para cobijamos en las cavernas de lo mundano. Una vez aquí, abajo, en la penumbra, a consecuencia de que, no se crece si no se sabe y no se sabe si no se vive, distraídos en los espejismos de narciso, aturdidos por los cantos de sirenas, o dormidos en sueños idílicos, nos quedamos entretenidos y atrapados sin saber, ni vivir. Como Ulises, permanecemos a orillas del olvido, sin un navío a la vista que, nos devuelva, ungidos por la travesía y preclaros en la prédica, a nuestra propia ïtaca, donde aún, abrazada a su rueca, Penélope, esencia divina, aguarda nuestro retorno, mientras teje la confianza y desteje las penas.

Me es difícil en ocasiones comprender, humano, por qué, aún, y estando de cara a los Himalayas, en las costas del pacífico, en los bosques Valdivianos, en la selva amazónica, en el desierto del Sahara, a los pies del Nilo o, empapados por las aguas del iguazú, no consigas ver como el SER, se nos revela también en esos parajes.

¿Cómo es que no hemos sabido leer en los mapas de la Tora, el Gita, las constelaciones, el calendario maya o el I Ching, el camino que somos y sólo nos quedamos pendulando entre la barbarie y el desvelo?

Entonces, corro a ellas, no para echarme en sus brazos sino, para mirar en los ojos de estas hembras, hermanas y madres, Mujeres, a secas, como M. Curie, Rosa Parks, Emmeline Pankhurst, Franklin, Earhart, M. Teresa, J. de Arco, F. Kalho entre otras brujas, diosas y sacerdotisas, que interpelaron la cumbre patriarcal a costa de su propia vida y ver si ahí, todavía, queda algo de la buena leche que alimente el alma árida para no terminar como brutas bestias.


M. Curie



Qué otra cosa necesitamos aprender, luego de ser advertidos por los profetas de todos los mundos: "Atiende lo grande cuando aún es pequeño". "Ama a tu prójimo como a tí mismo. "Aquel que reconoce la verdad del cuerpo, reconoce la verdad del universo" "Conócete a ti mismo". "La humildad, es saber que no se sabe nada"

Todos estos seres de lumbre alquímica y aciago vivir bien comprenden que, si no se les goza por aquí, otras infinitas comarcas los sabrán recibir para aprender cómo se disuelve el ego en el éxtasis espiritual del arte.

Si no fueron afortunadas las palabras ni los cánticos, los viajes, las musas, la sangre derramada, ni las batallas malogradas arrojadas como semillas porque dieron más con la piedra que con el barro, Dios, en su infinita misericordia, se acomoda más cerca de nuestra torpeza y busca ver si nos percatamos de su presencia en un abrazo, en el silencio, en un suspiro, en la sonrisa cómplice y festiva o, en un simple plato de comida.

Sin embargo y, con la pesadumbre a cuestas al observar cuantos tesoros despreciados y derramados a los fuegos de la codicia, no puedo si no esperar que esta negra noche que se cierne sobre nuestras diminutas cabezas amaine. Deseoso de que soplen vientos de coherencia y coraje. Que veamos, por mucho que nos desgarre el dolor y el llanto, cómo estamos siendo testigos y partícipes de lo que aparenta convertirse en el genocidio más relevante de nuestra historia. La extirpación de la raza humana. De un destierro definitivo llevado a cabo por banqueros, empresarios, políticos, medios de comunicación, científicos, religiosos y sus innumerables acólitos. Un verdadero descenso a los infiernos, pero, sin la poética del Fausto.





Quizás, y sepan disculpar mi arrebato, se trate todo esto, en verdad, de encontrarnos a las postrimerías de Ávalon, Shangrila, el paraíso perdido y, producto de la confusión en que nos encontramos, abombados por un aire rancio, a tientas y aturdidos, aún nos resulte complejo intuir los relucientes peldaños bajo nuestros viejos zapatos que se despedazan con cada paso, revelando la piel desnuda sobre la cuna de una nueva luna. El parto del nuevo ser.

El lago azul del sereno espíritu donde no habrá, un otro sino, un nosotros donde bautizarnos juntos. Un otros, donde no sea posible distinguir entre una rama y el brazo; entre el corazón y el sol; entre la mente difundida y el cosmos.

Me llamo y te invoco, humano, a dejar de velar falsas esperanzas. A acallar de cuajo los duros presagios. A tomar el timón con nuestras sucias manos hasta que llaguen y supuren por ellas, las vidas que hemos cercenado de un modo o de muchos. Confiemos haciendo sin esperar nada a cambio. Actuemos con la vista clara, el corazón pleno, la carne firme y la mente bella, desplegada. Nada hay que temer si le dejamos las decisiones al cuerpo y al alma. Hagamoslo por nosotros, por los que ya no están, por los que esperan su turno y por los que vendrán que, de todos modos, habrá que irse un día y, en cuanto a mí, espero hacerlo habiendo podido dejar mí hospedaje con las ventanas abiertas de reluciente luz y vida.

Shodo Rios

sábado, 30 de mayo de 2020

De la idolatría al despertar de la cosnciencia





Toda idolatría, o idealización de personas, lugares, objetos o situaciones específicas, es un exceso de nuestra propia energía vital, colocada en el lugar y del modo equivocado, motivado por la necesidad de suplir u ocultar nuestras limitaciones o sombras, bajo la creencia, no siempre consciente, de que, el que puede o tiene poder, saber o cualidades elevadas para merecer nuestra adulación, es siempre el o, lo otro.
Lo que se acrecienta con actitudes de este tipo, es el miedo a ver la realidad como se nos presenta; el conformarse con una mentira que, de tanto repetirla y abultada por la fantasía de colocar fuera lo que queremos ver y no lo que ES, conlleva a un estado de sufrimiento permanente, producto del esfuerzo de ocuparnos todo el tiempo de que ese ideal no se desvanezca, pues se cree que, de caerse el velo, también lo hará nuestra "vida" según afirmamos conocerla cuando, en verdad, lo que produciría la revelación de la mentira, dolor mediante como consecuencia del auto engaño, sería la exposición sin máscaras de lo real provocando un salto en la evolución humana. Si no hay crecimiento en todos los niveles de consciencia como ser: cuerpo, mente, espíritu, jamás partiremos de la adolescencia psicológica y emocional en la que nos encontramos como especie, rumbo al equilibrio de una vida que vino a este cuerpo para aprender y elevar su SER, en pos de continuar el viaje transformador del alma.

Cuando ponemos en un otro esos conceptos de adoración, lo que estamos haciendo es proyectar hacia afuera nuestros más íntimos temores, pero, en un formato decorado (ver a un ser humano como a un semi Dios) de lo que nos gustaría ser y vivir, en lugar de ocupar ese mismo tiempo y energía, en averiguar cuál es el motivo auténtico de nuestra misión en este cuerpo. Es decir, lo que deseamos es encontrar fuera del presente que nos agobia (de ahí la proyección al futuro) la imperiosa necesidad de seguridad permanente; de un suelo que no se mueva y en el que siempre podamos sostenernos.
Por eso señalo el sobre esfuerzo que requiere el asegurarnos que ese ídolo o la mirada distorsionada del mundo exterior, nunca nos revelen la verdad. La verdad de que se trata tan solo de una ilusión; la ilusión de poder hallar lejos nuestro, algo que le dé sentido al pesado hecho de estar aquí, en un cuerpo del que, por miedo, nos negamos a conocer, a habitar, o sea, a saber, a ciencia cierta qué es eso de ser feliz.

El problema es doble. Porque por un lado buscamos afuera lo que nunca encontraremos mientras no viajemos hacia adentro de nosotros mismos; y por otro, porque esperamos que sea el otro el que satisfaga nuestras demandas de felicidad o seguridad cuando, ese otro, tan inválido de auto conocimiento como nosotros, se vale de nuestra veneración, es decir, del poder que le damos para sostener su propia mentira. Vale decir entonces que, ninguno de los dos podrá dar lo que no tiene o lo que posee, pero ignora y en su lugar, mejor nos mentimos. Soñamos a que sí, pero…solo soñamos.
Esto me recuerda a esas personas que se emboban mirando en las revistas del corazón el “buen vivir” de los ricos y famosos porque, por un rato, confiesan, los olvida de ellos y sus pesares.





Algunos ejemplos de culto que, en muchos casos, rayan con el fanatismo.

Sublimar figuras políticas, religiosas, artísticas o deportivas. Devoción por los hijos, la pareja, los padres o amigos, etc.
Idealización de lugares, culturas, o comportamientos, por ejemplo, comparar cómo se vive en otros países o qué logros obtuvo alguien lo que, la mayoría de las veces, no pasa la puerta de la mera crítica y la ensoñación.
Estas actitudes, si pueden ser vistas, dejarían lugar a una consciencia distinta; una consciencia despejada de lo irreal. Lo que podría denominarse como, aprovechamiento del error de enfoque para pasar a ocuparnos de lo que perdura como conducta atada a patrones viejos y así aprender que, mientras no tomemos en nuestras manos lo que hemos hecho con nuestras vidas hasta aquí y conozcamos qué y cómo la alimentamos, lo que no se modificará será la ilusión y todo el desequilibrio psicoemocional y somático consecuente. La derivación hacia el daño en la salud, se produce cuando el objeto que adorábamos incondicionalmente pasa a mostrar sus aristas imperfectas provocando que el lugar que le supimos otorgar y al que hasta le exigimos no abandonar, se nos viene encima como un tsunami.
Es en ese momento cuando se intercambian los roles y pasamos del desengaño autogestionado, a la auto valoración o, resignación de tener que admitir que, después de todo, y comparándonos con los “errores” evidenciados por el ídolo devenido hereje pues, “se atrevió a quebrar los mandatos de la religión que se le impuso esto es, no ser otra cosa que lo que necesitamos que sea”, descubrimos que, después de todo, no éramos tan malos. Lo cierto es que ese paso también se encuadra dentro del auto engaño porque lo cierto es que seguimos sin mirarnos claramente ya que, el enojo o la desilusión nos lleva a pertrecharnos del entorno en búsqueda de algo propio ( viejo y conocido) donde cobijarnos hasta que pase la tormenta.Pese a todo y como nos sigue invadiendo el temor de atravesar los muros de la ignorancia, más temprano que tarde volvemos a la caza de algún otro tótem que erigir y ensalzar y así, continuamos la fábula hasta que un día, un buen día, diré, el caído en “desgracia” terminemos siendo nosotros en medio del desierto del vacío existencial y es ahí cuando, quizás, nos atrevamos a avanzar hacia la luz que se encuentra en la oscura cueva del subconsciente. En un sentido platónico valdría el sentido inverso que es, salir de la cueva gobernada por las sombras de la imaginación infantil, hacia la luz del despertar





Mientras tanto, ¿Por qué sucede esto de no poder ir más allá del plano meramente material? Básicamente porque el ser humano desde su conciencia física y animal (en el sentido elemental de la palabra que es, comer, respirar, reproducirse,) no ha podio/querido ir mucho más allá del placer hedonista de la satisfacción sensorial de la que termina siempre preso al no poseer la percepción necesaria que le permita notar que lo que en verdad anhela, es alcanzar el éxtasis de lo divino e imperecedero mientras se pierde de sí mismo queriéndolo hallar en lo finito e impermanente. En un plano más terrenal, es como el que intenta compensar su incapacidad de amar con objetos y regalos.
El terror de abrirle la puerta a lo desconocido y develar lo irrelevante que resulta buena parte de lo mucho a lo que nos aferramos, como la idea de abandonar los viejos trapos y quedar desnudos frente al consumo y la cultura de masas, nos provoca tanto vértigo que al llegar al límite de tantear el picaporte retrocedemos.

Si no aprendemos y, para eso se requiere un profundo y sentido deseo por saber, por revisar nuestro sistema de creencias y por comprender toda la corporalidad instituida de materia y energía de la que estamos compuestos, no nos será posible ascender anímica y espiritualmente promoviendo así, el continuar dando vueltas y más vueltas en una rueda de sufrimiento, a la espera de que ese ser ocasional y falsamente iluminado por nuestras pretensiones mesiánicas nos salve.

Veámoslo de este modo; nos disponemos más fácilmente a saber cómo hay que usar un electrodoméstico que a cómo es y funciona este cuerpo y esta mente humanos. Y me pregunto, ¿cuánto podemos saber acerca de nosotros mismos sin esa indagación, sin ver los planos constituyentes, sin hacer casi ninguna otra cosa que vivir para afuera, para los otros, para obtener más de esto y aquello? Competir, desear, huir, o, lo que sea que hagamos, acaba siempre lejos de lo más cercano que tenemos, es decir, de nosotros No estoy diciendo que lo otro y los demás no sean necesarios, lo que subrayo es que dedicamos más energía a todo y a todos que a estar con nosotros.
Siento que es fundamental inquirir en el modo en que vivimos. Hacernos preguntas y, una de ellas podría ser ¿Qué es lo que nos lleva a la idealización? Y me permito algunas posibles respuestas: Desear ser otro; buscar en ese otro a los padres que nos hubiese gustado tener. Ver en esa otra persona a la pareja o a los hijos anhelados y en esas culturas lejanas que tan correctas y prolijas las suponemos, el estatus o nivel de vida con el que más y mejor podríamos ser aceptados o respetados. O, lo que a cada quién le quepa como deseo incumplido.

Lamentablemente, y mientras no veamos el reflejo del yo en lo ajeno, en lo otro, no dejaremos de ser más que una prisión mental. No llegaremos ni siquiera a vislumbrar la magnificencia del Tao, de Dios o Eso, para no conceptualizar lo que no puede ser nombrado por ser infinito e insoslayable. Por eso, bien sabido es para los místicos, los buscadores verdaderos, los que pasan de todo lo religioso, político, social y cultural porque lo han sabido tomar, aprender y soltar cuando dejo de ser necesario, que todo ello son medios para la evolución y no fines en sí mismo; que sólo se desarrolla uno aprendiendo a llenar cada cuenco de nuestro ser viviendo plenamente (mente, cuerpo, emociones, relaciones, materia, energía, intelecto, sabiduría) y que no podremos alcanzar el vuelo justo mientras permanezcamos apegados a las formas, e inconscientes del contenido que, en última instancia y como una broma del universo, es puro vacío. Si, el vacío de la existencia es lo infinito que ni siquiera llegamos a intuir por estar trabajando (trabar para abajo) en alcanzar el horizonte y no notar que cuanto más avanzamos, más se aleja.





El místico, ya desprovisto de todo dogma (es imprescindible decir que la idealización o idolatría no pueden prescindir de dogmatismo y que, como todo dogma enquista y mata el vivir que es, fluir con los acontecimientos) es alguien que no solo no puede explicar su camino, en primer lugar porque es una experiencia intransferible; y en segundo, porque tampoco puede enseñar con palabras sabiendo que se trata siempre de un campo limitado, tanto por el significado de estas como por la capacidad interpretativa del que escucha; por tal razón, el místico, es alguien que vive en tal estado de plenitud y entrega que su misma hacer enseña sin buscar enseñar.
El místico, vale aclarar, no es aquel humano que se aleja del mundo social para terminar su práctica en la soledad de la montaña. El místico también, puede encontrárselo andando entre medio de la multitud andando con paso cansino, la sonrisa leve, silencioso y observador, tomando lo mínimo indispensable y haciendo su labor para luego, retirarse sin dejar más huella, que el perfume de alguien que sabe que está en el mundo, pero que no es del mundo y, menos aún, que éste le pertenezca
Por eso he dicho alguna vez que el maestro está siempre, (como siempre está la  luz) lo que falta es que aparezca el alumno.
Y el alumno el no iluminado aún, llega al encuentro con el maestro cuando brota de su interior la sed por el agua del saber.

El místico se diferencia del religioso porque, su trascendencia no está tanto en lo que hace como sí en en la entrega de cuerpo y alma en lo que hace. Esa energía inmanente se disemina luego por todo el universo más allá de sí o sea, de objetivo alguno. Acción por la acción misma en estado mental puro. Diluye lo religioso, lo dogmático, porque ya no necesita de la experiencia de lo social. De pertenecer a un círculo donde viva sus necesidades más elementales y bajo la tutela de un líder, pastor, gurú o guía a quién seguir u obedecer, ni en el cual recostarse, otorgándole el derecho de intermediar entre su “carencia” y el deseo por alcanzar la gloria. Sabido es para el místico que el problema es que esa gloria no se conquista porque está enraizada en un sentimiento de falta o parvedad de la que el religioso o dogmático, cree poder escapar implorando a lo externo, por tal razón, cae en la necesidad de pertenecer a algún tipo de institución, secta o partido, esperanzado en que otro le abra la puerta para llegar a Dios, a la justicia, a mejoras laborales o al amor que el cielo proveerá,
Hasta que el religioso no vea en lo profundo de sí cuanto potencial posee, no dejara el hábito y continuara sumergido en la creencia de no ser más que un desposeído.

Todo esto pone sobre la mesa cuanto nos hemos ocupado de alimentar la dualidad tanto que, nadie ha quedado más compartimentado con la vida que uno mismo.
El resultado, un sinfín de situaciones de dominación, conflictos, guerras y hambre, entre otros tantos errores nacidos de una profunda ignorancia, la ignorancia de no saber para qué estamos aquí. Peor aún, creídos que vivir es una lucha por hacer y tener, siempre a favor o en contra de alguien más para que a la largo de nuestra historia, acabemos llenos de cosas y vacíos de vida.
Ganados por la dualidad natural de un sistema patriarcal, (dominante, dominado) no nos percatamos que no se trata de elegir entre bien o mal sino, entre bien o mejor.

Sin embargo, hay salida o, debería decir, entrada, tocándome el pecho y es, que aquellos que aún tengan la vitalidad suficiente para dejarse ir hacia el fondo de sí mismos, no solo comprenderán su sentido de SER sino, también, podrán acompañar a quienes aún sufren el arrastrar los grilletes del creer por negarse a saber, en espera del Mesías o de algún milagro que los salve cuando, lo cierto es que, nadie puede emprender esa labor por nosotros porque en principio, el alma ya preestablecida, encarna para aprender a desenvolverse dentro de un cuerpo culturalmente también, preestablecido. En segundo lugar, porque no hay algo de lo que salvarnos y sí, algo que comprender, el sí mismo y el sentido de estar aquí y ahora en el mundo. Ahora, si continuamos pensando así, como víctimas, no será posible dar ningún paso fuera de esa condición.
Por otra parte, siendo luz como somos, lo que resta en todo caso, es saber cómo encendernos (o debería decir, como dejar de alentar la oscuridad). La luz, una vez manifiesta y con los pies en el suelo, (demasiada luz enloquece) no requerirá de hacer más nada porque la luz no busca otra cosa que ser lo que saber ser, iluminar.





Para acceder a estos niveles de consciencia humanos, existen técnicas y prácticas que cada persona a de procurarse. Lo importante es decir que, no son las disciplinas en sí mismas el fin sino, el o los medios para conocer dicha consciencia. No es afuera que se encuentran las respuestas, pero sí en uno. Afuera lo que hay, son herramientas.
Técnicas de atención plena para observarnos al hablar, sentir,hace, pensar,relacionarnos con los demás y con nosotros, hasta poder hallar la gema de lo sincero debajo de una cobertura de temor y sufrimiento.

Para concluir el texto, porque el camino nunca se acaba digo, me es relevante destacar que cada ser humano se encuentra transitando su senda, por lo tanto y visto con esa óptica, nadie está en otro sitio que donde su consciencia o falta de ella lo haya llevado. En cualquier caso, lo que puede restar es saberlo y para ello es indispensable, VERSE, sentirse y comprenderse mediante la práctica asidua de la confianza no de la fe. Confianza que significa, precisamente, práctica. ¿Práctica en qué?, en que puedo aplicar, día tras día, respiración tras respiración, la atención plena en todos y cada uno de los niveles de consciencia que me realizan e integran como ser humano y eso, precisa sí o si, de total entrega, de ahí el sentido intrínseco de confiar para corroborar lo que vamos aprendiendo a ver, a asumir y aceptar, responsablemente . Una vez visto el camino que, no es otro que nosotros mismos con todo y sus diversas experiencias, solo queda seguir andando.

Shodo Rios