miércoles, 31 de marzo de 2021

Ser alguien. Ser eso.



En la práctica de meditación de esa mañana, apareció un muchacho nuevo entre los muchos practicantes habituales Al finalizar la práctica, el maestro lo diviso y mirándolo desde el fondo de su Ser, pregunto: ¿Y tu quién eres? a lo que el muchacho, presuroso, contesto pronunciando su nombre. 

El maestro contesto: "no te pregunte cómo te llamas; te pregunte quién eres".

El novicio, algo más incómodo por la situación, buscó en su mente la respuesta apropiada, más por no pasar verguenza que por que supiese qué contestar. Sin embargo, a cada cosa que refería sobre su persona, el maestro refutaba con un: "no te pregunté de dónde eres, a qué te dedicas o, a qué has venido, sólo pregunte, ¿Quién eres?" Un silencio no descriptible se apodero del recinto; minutos después, todos se levantaron de su sitio y abandonando la sala para continuar con las actividades del día; el joven iniciado, se alejo mirando el suelo.

Al nacer, no somos alguien. Estamos vacíos de cualquier contenido cultural, ideológico, creencia o costumbre. Algo que dura poco, como es de esperar, si lo vemos en un sentido práctico; ese vacío que es nuestra presencia existencial, es llenada por todo cuanto haga al acerbo étnico y cultural en el que hayamos nacido.

Como digo, que portemos un nombre, una nacionalidad o una lengua, no es el problema; después de todo, nos serán útiles para, como mínimo, sobre vivir y desarrollarnos en este mundo material.

El proceso arranca cuando desde la primera infancia, ya se nos comienza a instar en que "debemos ser alguien" si deseamos ser reconocidos o valorados, de lo contrario, de no atender los mandatos sociales que de nosotros se esperan, la mirada que se nos echará podría conminarnos al desprecio, la indiferencia o, incluso, ser tildados de locos si no cumplimos con las normativas que nos "aseguran ser vistos como normales" Los condicionamientos suelen dar una plataforma, sobre todo, para quienes aún no saben qué quieren de su vida, mientras se dejan amoldar por lo establecido. Lo cierto es que, no son estas personas las que hacen la diferencia con la que pueden abrir las puertas a la evolución sino, las que siguen a su corazón y se echan a la mar de la vida para cumplir su misión, con aquello que han venido a aprender y enseñar. Misión que muchas veces se convierte en un faro para que tantos más se vistan del coraje necesario y crezcan.

Básicamente, la carencia esencial de amor con la que mucha gente es criada, fortalece estos aspectos negativos de la persona los que, de no corregirse, lo pueden condenar a una vida de sufrimiento e inestabilidad emocional la que infructuosamente se busca compensar con objetos, dinero o fama.

El problema, en verdad, es cuando caemos en la sutil trampa de, "soy lo que hago o, soy lo que tengo". Esto es, identificarnos con quién creemos ser y entonces, muy seguros de saber "quiénes somos", andamos por la vida sin siquiera imaginarnos que, en realidad, ese que decimos ser, es sólo una máscara (persona). Una figura con la que nos mostramos ante los demás. El carnet de identidad.



Volvamos a la relación maestro discípulo. 

Habiendo pasado ya varias semanas del primer encuentro, el discípulo pidió al maestro una entrevista para poder indagar sobre este asunto, a lo que el maestro accedió.

Cuando estuvieron juntos, el aprendiz volvió sobre el tema, porque lo intrigaba e incomodaba descubrir que quién creía ser, y todo lo que a ese ser pertenecía, al parecer no era así  y dijo: ¿Quién se supone que soy?  ¿Puede usted decirme, Maestro? Cuestionó, con un dejo de intranquilidad

El maestro comento: No hay manera alguna de que yo o alguien, pueda contestar a esa trascendental pregunta, estimado alumno. En primer lugar porque, toda pregunto sobre uno mismo, nadie más que uno la puede llegar a responder. Segundo, si la pregunta no nace del fondo de tu alma, mejor descartarla porque, sin notarlo, será una artimaña más de tu ego que, temeroso de no tener el control, buscará una respuesta que lo satisfaga aunque, no será otra cosa que una faceta más de sus otras muchas.

Sin embargo, cuando tu mente, calmada de siempre andar queriendo, pensando y desando algo más se aquiete, cuando dedicado completamente a lo que en ese momento estés haciendo, si la pregunta de, "quién soy", llegase a emerger, entonces, dejala que se pasee por todo tu cuerpo, no la interrumpas apresurando definiciones que tu cerebro nunca podrá darte. Simplemente, hace de la pregunta tu práctica. Come con ella, dormí con ella, medita con ella, lava tus ropas sintiéndola pero, sin buscar nada.

Si la revelación llega, no dependerá de tu voluntad sino, de tu entrega. Entrega significa, completa confianza en Eso, En la Budeidad, El Tao o Dios. Entrega que se aprende a realizar a partir de tu práctica de meditación diaria. Sin meditación, no te será posible trascender el personaje o la persona.

Un personaje que puede darte ciertas alegrías o satisfacciones, por qué no. Probablemente un buen trabajo, una pareja amorosa, hijos, acomodada posición social. Eso si, si aún teniendo todo lo que tu persona anhela, un día cualquiera sentís el vacío llamándote, no te demores, deja momentaneamente todo cuanto te ocupe y sumergite en ese vacío, en tu sí mismo. Mira, comprende y acepta a esa persona que decimos ser. No la culpes de lo que no pudo hacer de otra manera y con el tiempo de habitarte atenta y conscientemente, quizás, un buen día descubras que tu persona, más y mejor afinada, como un bello instrumento, ya no es la que "manda", desde el temor, la culpa o el rencor, por así decirlo y sí, tu Ser. 



"Ser alguien" conscientemente, a los fines cotidianos o, el traje que portamos y con el que nos movemos por la vida diaria sin ya ocuparse de nada más que de tus asuntos responsablemente y en paz con vos mismo y tu historia personal, es lo que sucede cuando hemos atravesado las creencias, los hábitos o costumbres y ahora, centrados desde el Ser, simplemente somos. Somos sin adherencias partidarias de algún tipo porque hemos aprendido a ir más allá de pertenencias limitantes. 

Somos a partir de saber que, como el gran Maestro decía: "Estamos en el mundo sin ser del mundo".

Estamos en el mundo y en un cuerpo que, conscientemente está pasando. Pasando, aprendiendo y dejando ir en completa gratitud.

Maestro: "Cuando tengas hambre come", "Cuando estés cansado, descansa" "Cuando sientas lo que sea que sientas, sentite". Sin expectativas, sin deseos, sin querer algo o controlar alguna cosa. Solo SE.

Daniel Shodo

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