viernes, 5 de agosto de 2011

Mente de principiante


Shunryu Suzuky

“…El zen puede ser peligroso para las mentes inocentes. Esas mentes pueden ver fácilmente el zen como algo bueno o especial mediante el cual pueden conseguir algo. Esta actitud puede llevar a problemas. Un joven inocente puede descuidar su naturaleza búdica y en su lugar apegarse a una idea de inocencia, creándose problemas. Necesitamos una mente de principiante, no una mente inocente. Mientras tengamos una mente de principiante, tendremos el budismo…”


Suzuki Roshi llegó a San Francisco en 1959 para ser el monje de la comunidad laica japonesa-americana en el templo Sokoji. Tenía 54 años y era maestro de Zen Soto. Tuvo un entrenamiento estricto en su juventud con su primer maestro Gyokujun.
En San Francisco apreció mucho la frescura mental de los occidentales que tenían grandes expectativas pero sin preconcepciones basadas en la experiencia. El libro de las primeras pláticas de Suzuki se llama Mente Zen, Mente de Principiante. Practicaba solo zazen por las mañanas y si alguien venía y le hacía preguntas acerca del Zen, nada mas respondía: "me siento por las mañanas, por favor venga a acompañarme".

Suzuki no ponía énfasis en ser brillante o perspicaz, más bien enfatizaba la simple práctica diaria y constante. En su propia vida él era muy constante. Se sentaba con sus discipulos todos los días, llevaba una vida tranquila de templo y no viajaba mucho, enseñando por aquí y por allá. Para él la iluminación se encontraba en la práctica diaria misma, no en experiencias espectaculares o descubrimientos profundos.
Además del Centro Zen de San Francisco, también fundó los centros de retiro en el campo Green Gulch Farm y Tassajara Zen Mountain Center.
Se murió en 1971.

De su libro "Mente zen, mente de principiante"



La práctica


La postura de zazén:

La postura no es un medio para obtener el estado mental correcto.
Cuando se toma esa postura se está en el estado mental correcto.
No hay necesidad de lograr cierto estado mental especial.

Respiración:

Lo que solemos llamar el yo
no es más que una especie de puerta de vaivén.
que se mueve cuando inhalamos y cuando exhalamos.

Control:

La manera de controlar una oveja o una vaca
es darles una extensa pradera.

Olas mentales:

Como disfrutamos de todos los aspectos de la vida en el despliegue de la gran mente,
no nos interesa una simple alegría excesiva.
De esta manera podemos gozar de una serenidad imperturbable.

Maleza de la mente

Uno debe sentirse más bien agradecido por esa maleza de la mente,
porque finalmente contribuye a fortalecer la práctica.

La médula del zen

En la postura de zazén, el cuerpo y la mente poseen gran fuerza para aceptar
las cosas tal como son, sean ellas agradables o desagradables.

Sin dualismo:

Detener el curso de lamente no significa detener sus actividades,
sino que la mente ocupa todo el cuerpo, y en esa plenitud se a de dar forma
al mudra con las manos.

La reverencia:

La inclinación reverente es práctica muy importante.
Hay que estar preparado para esta reverencia hasta el último momento.

El deseo:

Por imposible que nos parezca descartar ciertos deseos egocéntricos, hemos de hacerlo.
Nuestra verdadera naturaleza exige que lo hagamos.

Nada especial:

Cuando se sigue esta simple práctica todos los días se logra un poder maravilloso.
Maravilloso antes de lograrlo, pero después de logrado, no es nada especial.

La actitud correcta:

Lo que se reafirma es la plena confianza en la naturaleza original.

La repetición.

Si se pierda el espíritu de la repetición, la práctica se tornara bastante difícil.

El zen y el entusiasmo.

El zen no es un entusiasmo, no es un excitante, sino más bien la concentración
en la rutina cotidiana.

El esfuerzo correcto:

Cuando la práctica es buena, quizás pueda uno sentirse orgulloso de ello.
Lo que se hace es bueno, pero entonces se le a añadido algo.


El orgullo sobra:

El esfuerzo correcto es deshacerse de lo que está demás.

Sin huellas:

Cuando hacemos algo, debemos consumirnos por completo, como una hoguera bien encendida, sin dejar huellas de nosotros mismos.

El dar de la gran mente.

Dar es no apegarse, dicho simplemente no apegarse a nada es dar.

Errores de práctica:

Cuando la práctica es más bien ambiciosa, uno tiende a desanimarse. Por eso hay que agradecer toda señal o indicación que advierta y recalque el punto débil de esa práctica.

Limitar la actividad:

Generalmente, cuando alguien cree en alguna religión en particular, su actitud toma cada vez más la forma de un ángulo agudo que lo aleja a uno de sí mismo.
En nuestra práctica, el vértice del ángulo está dirigido siempre hacia nosotros mismos.

Estudiarse a sí mismo:

No se trata de lograr un profundo sentimiento hacia el budismo, simplemente, hay que hacer lo que se debe, por ejemplo, cenar e irse a la cama. Esto es budismo.

Lo negativo y lo positivo.

La gran mente es algo que se expresa, no algo que se descifra.
La gran mente es algo que se tiene, no algo que se busca.

El nirvana, la catarata:

Nuestra vida y nuestra muerte, son la misma cosa. Cuando nos damos cuenta cabal de ello, le perdemos el miedo a la muerte y a las verdaderas dificultades de la vida.

Transitoriedad:

Debemos lograr la existencia perfecta por medio de la existencia imperfecta.

Naturalidad:

Momento tras momento, todo el mundo emerge de la nada.
Esta es la verdadera alegría de la vida.

Más allá de la conciencia:

Lograr una mente pura en un estado de ilusión, es práctica.
Cuando uno trata de excluir la ilusión, sólo logra hacerla más persistente.
Hay que decir: “Oh esto no es más que una ilusión”, y no alterarse por ello.

La iluminación de Buda

Cuando uno se enorgullece del logro o se desanima en el esfuerzo idealista, la práctica nos encierra tras una gruesa pared.

La mente zen:

Antes de que deje de llover ya oímos  el canto del pájaro.
Y bajo la inmensa capa de nieve ya vemos las blancas campañillas y algún retoño.

Publicado por Claudio


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