martes, 16 de marzo de 2021

La calma y el estrés dan un paseo



Una mañana bien temprano, la calma invitó al estrés a dar un paseo. El estrés, presuroso, como de costumbre, acepto preguntando, ¿a dónde vamos y qué hay para hacer ahí?

La calma respondió con una leve sonrisa y se echó a andar. A los pocos minutos el estrés volvió a preguntar, ¿a dónde vamos?

No sé, respondió la calma sin prestarle mucha atención ¿no te agrada lo que ves? El estrés la miró frunciendo el ceño y contestó: pero, ¿Qué sentido tiene caminar sin rumbo fijo y para no hacer nada o no ganar algo?

La calma continuó caminando con tal decisión que el estrés, tentado por el desafío de ver si la convencía de encontrarle sentido al paseo, la siguió unos pasos más atrás, pero ahora, un tanto más molesto.

El enojo del estrés no se hizo esperar pues, como todo estrés que se precie de tal, no concibe la vida sin metas ni expectativas -  no voy a seguir con tu juego porque todo esto es una pérdida de tiempo, ¿a quién se le ocurre caminar por caminar sin un propósito? -  protestó airado -

La calma prosiguió a paso cansino respirando, mirando todo a su alrededor. Incluso, por momentos, se detenía largo rato para apreciar el cielo, los árboles, los pájaros y sonreía agradecida por tanta belleza, lo que irritaba aún más al estrés que, por no declinar en su lucha por doblegarla, le siguió el tranco no sin objetar cada una de sus acciones. Ella, pese a los berrinches y amenazas constantes que recibía, no se dejó amedrentar y continuó andando.

Algo más tarde y viendo que la calma nunca perdía su esencia a pesar de los muchas artimañas que el estrés buscaba imponer, éste optó por increparla y mirándola directo a los ojos comenzó a vociferar: ¿De qué vale una vida sin lucha, sin esfuerzos, sin doblarse la espalda hasta alcanzar la gloria y que todo el mundo te mire orgulloso por haberlo logrado? la calma, sin perder la calma, preguntó: ¿A eso llamás vida?  Acaso, ¿Sos de los que creen que sólo vale la pena vivir si es con el sudor de tu frente que te ganarás el pan? ¿De los que nada más conocen de vivir como se les ha educado, moldeado según el sistema de creencias y nunca, como el corazón llama? - Concluyo -

¿Y qué otro modo hay de ser exitoso en esta vida si no es saliendo a pelarlo todo, a competir y llegar a cada sitio que nos propongamos? -  exclamó el estrés con mucha furia .y esperando una respuesta que lo declare vencedor, pero, inesperadamente, noto que la calma le devolvió la mirada con dulzura, lo cual desconcertó al estrés pues, no encontró en esos ojos ni un gramo de incomodidad, mucho menos, de enfado. Convengamos que el estrés sabe más de ojos serios, inquisidores y centrados en su presa, que nada que se pareciese siquiera un poco a ese mirar que ella le ofreció.  



La calma se tomó unos instantes y echando mano de su experiencia y como dijese un viejo sabio, sentenció: - imagina por un momento que hayas logrado poseer cada centímetro cuadrado de esta tierra y todos sus tesoros, Que seas amado e idolatrado por toda la humanidad y que no te haya quedado absolutamente nada por ganar, ¿Qué harías luego? y, sabiendo que un día morirás, ¿a dónde te llevarías todas tus propiedades y pertenencias? Esas palabras cayeron con la contundencia de un rayo y por primera vez, en todo el paseo, el estrés enmudeció; su rostro se empalideció y una sensación de vértigo y sudor frío, lo envolvió hasta el desmayo.

Quizás fue la falta de hierro, el factor sorpresa o, simplemente, que empezó a sentir los dolores y pesares del desgaste, de la energía de la ira que lo condujo a la tristeza y a un miedo que no lograba controlar. Lo cierto es que por primera vez, el estrés quedó tan shockeado por la impotencia de no saber  qué respuesta dar, ante lo incontrastable de la realidad y el amor incondicional que la calma emanaba que, apenas atino a quedar inmóvil, como un niño desamparado bajo un vendaval.

De repente, lo sacudió una sensación de no saber quién era, ni dónde ubicarse en este mundo, ahora sin rumbo fijo conocido, ni exigencias o mandatos que cumplir, lo que propiciaron las condiciones naturales para que, luego del sopor y el mareo, el estrés soltara toda resistencia y se animase, por fin, a dejarse ir. 

Ante el hecho consumado, el estrés echó mano de un último intento en la partida y como quien añora algún pasado lejano que ahora y por el agobio del presente, lo recuerda con un dejo de romanticismo y deseo prometedor, pensó: "qué bueno si estuviese de nuevo allí, donde todo era controlable y seguro, en lugar de seguir los pasos de alguien que vive sin sentido ni propósito" Luego se hundió en un sueño profundo y reparador, como hacía meses, quizás años, no experimentaba.

La calma lo tomó en sus brazos y como el niño que alguna vez fue, él se sintió conmovido por un amor que los miedos, el resentimiento y el orgullo mal habido, le habían dejado tirado en un rincón muy oculto en su Ser.



La calma, en un gesto de misericordia, lo invitó a sentarse a la orilla de un lago y le preguntó: ¿Qué ves?

Agua,  contestó él, con una sensación de pérdida. Simple, ¿verdad? Agua siendo agua; como la vida, siendo vida, ¿Qué más? - replicó la calma y agrego: - podes ocuparte de cuanto necesites, quieras o gustes, pero, si en ello te va la vida y la salud. Si te aleja de tu centro, del amor verdadero y te debilita en lo humano, volviendo lo simple en complicado y fácil en engorroso, ¿tiene sentido buscarle utilidad a todo, para no gozar del sosiego y nunca abrazar la emoción de dejarse mecer por la existencia?

¿Y qué sentís, al ver el lago?  - Preguntó la calma - 

Tardo en contestar porque noto que las palabras no eran suficientes para explicar que todo su ser, ahora más liviano y sin tensiones, comenzaba a regocijarse en la serenidad de ese paisaje y entonces, lloró. Rompió sus defensas, esas que lo protegían pero que a su vez le impedían SER y lloró. Lloro largo rato sus propias aguas, y a medida que las lágrimas se amontonaban en su rostro, en sus labios, lo conmovió observar que ahora él se había vuelto calma, la misma calma que lo había acompañado durante todo el viaje pero que, ganado por sus implacables deseos de triunfo y satisfacción, jamás le permitieron percatarse de que, en realidad, su sí mismo, la calma, siempre había estado en él, aguardando el momento donde todo fuese propicio para nacer, por segunda vez, como se suele decir para indicar que hemos dado el paso correcto hacia el despertar de la consciencia. Nacer a un estado mental y emocional más elevado, donde el amor de verdad habita y nos habita y desde donde todo se torna más pleno y claro.

 Feliz por el salto y el coraje de darlo, el entonces estrés, río ampliamente complacido del maravilloso descubrimiento que había debajo de una gruesa capa de ignorancia y heridas nunca antes sanadas, 

Algo más repuesto del parto, miró a su lado y observó que la calma, ya no ocupaba un cuerpo, un sólo espacio sino, que donde volcase sus ojos, ella, allí estaba porque en verdad, donde él fuese, la llevaba.

Daniel Shodo

viernes, 12 de marzo de 2021

Chi Kung: Un viaje a casa

Vayamos a donde vayamos y por la razón que sea, más tarde o más temprano, siempre volvemos a casa ¿no es verdad?




Cuando practicamos Chi kung, aprendemos a reconocer como casa, este cuerpo mente. 
A medida que vamos transitando los días, meses y años de práctica, pasamos de una relación casi automática y en ocasiones superficial, a otra más consciente, plena y profunda. Pasamos del poco o nulo amor por la vida a un respeto y gratitud indescriptibles. Sobre todo, comprendemos que si no comenzamos por saber cómo y de que manera es, funciona y se vincula este cuerpo con sigo mismo y su entorno y que esto se aprende habitándonos conscientemente, difícilmente lleguemos a saber cómo hacerlo con el techo que se yergue sobre nuestra cabeza, los demás y el planeta.

Una vez que nos vamos familiarizando con esta casa/cuerpo, descubrimos que en ella o él, hay un sitio que los chinos llaman Tan Tien, los japoneses Hara (ver foto) y que yo denominare, el hogar.
Esa zona del abdomen es conocida desde siempre como el centro de gravedad del cuerpo humano. Los orientales, a diferencia de la mirada de occidente sobre el cuerpo humano y a partir de la experiencia con estas prácticas ancestrales, (Chi Kung, Tai Chi, Yoga o Meditación), siempre supieron que, además de ser nuestro eje central, es un campo de enorme energía vital desde el cual toda nuestra existencia se vale para su desarrollo y funcionamiento.
Aclaro que todo el cuerpo es esencial y es, también, energía vital. 
Haciendo un paralelismo con las corrientes marítimas, que muestran el potencial de agua circulando a lo largo y ancho de todo el planeta por canales específico sin que por ello, el resto del agua circundante deje de ser energía. Volviendo a nuestra casa, esos centros o canales de Chi, poseen una cantidad de electro magnetismo mayor que las áreas que la rodean; de ahí su importancia; más aún si entendemos la relación intrínseca de estos meridanos de energía con los órganos, vísceras, glándulas endócrinas, como con el sistema nervioso central, por ejemplo.


EL tan tien se encuentra a unos tres dedos por debajo del ombligo,  a unos tres o cuatro centímetros dentro del abdomen y tiene un diámetro de diez centímetros.


Cuando practicamos Chi Kung solemos hacer hincapié en la atención en esta zona del cuerpo, tanto sea porque la vamos a trabajar específicamente o, para que desde ella, sepamos cómo asentarnos o movernos para luego regresar a ese punto. Dicho de otro modo: "Donde todo comienza, termina".
Se utilizan formas de movimientos encadenados, como posturas estáticas y la respiración pero, el aspecto a observar es que la mente esté enfocada en el Tan tien como en la totalidad de lo que estamos haciendo y sintiendo, pues, donde va la mente, va el Chi.

Esta practica favorece un aspecto destacado sobre nuestra humanidad que es, en primer lugar, reconocer cuando no estamos en este hogar, producto de encontrarnos mentalmente dispersos o atados a  pensamientos rumiantes; cuando nos desbordan las emociones o las reprimimos, así como cuando nos encontramos demasiado aferrados al suelo, a lo material (trabajo, dinero, consumo), ya que, asimilada la existencia de dicho centro energético u hogar, podemos, atención mediante, regresar a casa, a nuestro refugio no para ocultarnos sino, para volver al eje de nuestra vida y una vez allí y valiéndonos de la respiración como vehículo esencial, poder aquietarnos, pensar, reflexionar y discernir con más claridad o, sencillamente, quedarnos en el silencio de la meditación.




Estar aquí y señalo el hogar, respirando en este sitio, favorece aspectos psíquicos más estables, incrementa la confianza en uno y en la vida, nos "amiga" con la panza, esa cuna desde donde la vida aunada a la madre y al cosmos nos fue posible; nos torna más creativos y abiertos a mejores relaciones interpersonales;  estimula la producción de serotonina que nos proveen las neuronas que se encuentran dentro de los intestinos; bajamos el fuego de una mente incesantemente pensante (productora de los miedos sin fundamento que tanto daño provocan), nos ayuda a salirnos de las aguas turbulentas de las emociones antes de que acabemos ahogados en ellas. Siempre que sepamos que contamos con un lugar acogedor a donde ir, solo queda hacerlo.

Quizás, el sólo acto de ir a casa, no siempre sea suficiente para resolver lo que nos sucede pero, de seguro, nos aportará el beneficio de la calma, el sosiego y el tiempo necesario para ver, ahora con más claridad, el modo más adecuado de atender lo que nos perturba.

En el mejor de los casos y para cerrar digo, que ir a casa, a este cuerpo mente, no sea únicamente para amansar las corrientes alteradas, que sea, también, una decisión nacida de saber lo bien que nos sienta estar en paz, con uno mismo.

Daniel Shodo


miércoles, 3 de marzo de 2021

El viaje iniciático



Hay una sola y única puerta que atravesar para realizar el viaje. Esa puerta es, "el miedo a la muerte". Ninguna otra cosa es necesario conocer, habitar y superar o, de lo contrario, estarás evadiéndote de vos mismo. De tal modo que, iniciemos por algo elemental: no me hables del zen, del Tao, de los registros akashikos, de chamanísmo, de psicología; no me hables de filosofía, de religión. No me hables de ideologías de izquierda o de derecha. Tampoco de tu familia, de tus hijos o proyectos para vivir en un país mejor. 

No recurras a los libros sagrados, los talismanes o a tu equipo preferido. A tu ropa, tus gustos ni tus rechazos.

No me hables de la quinta dimensión o de la nueva era. No me hables de los iluminati, del fin del mundo o de soluciones medio ambientales. No me hables de virtualidad, menos aún de lo que la televisión o las redes sociales machacan a diario. No menciones el veganismo o cualquier otra dieta orgánica, por mucho que te de placer y esperanza. Eso, mucho menos hablame de esperanza o de Fe. Te preguntarás de qué hablar o, qué decir. Nada, absolutamente de nada. Dedica tiempo para escucharte. Algo más, no hay nada de malo en todo eso de lo que te pido dejes en suspenso, ni nada de bueno, pero hasta acá, han sido nada más que palos en la rueda, adornos y excusas.

A partir del momento en el que te quedes quieto y comiences a sentirte, percibí como se arremolinan las imágenes de cuanto has hecho y conocido hasta aquí en su afán por rescatarte, por darle "sentido" a tu vivir, pero, dejá pasar todo cuanto estés pensando, aunque te falte el aire de pura impotencia. Sentí el temblor de la abstinencia por querer recurrir a tus ideas de siempre, hasta que estas, se debiliten. Sentí la tentación desgarradora de querer explicar desde tu lógica, desde tu historia personal, desde tus hábitos y costumbres pero, NO LO HAGAS.

Comenza por entender que la primera verdad que hay que soltar, es todo cuanto te ha moldeado como idea, concepto o cultura o, al menos, todo cuanto te sea posible. 

Ideas acerca de vos mismo, por empezar. Ideas sobre lo que tiene que ser y no ser. Ideas. A lo que hay que morir es a todas las ideas, ideales e ideologías. Cualquier mínima mota de polvo  con la que te identifiques, creara un gigantesco basural. ¿Qué como se hace? Esa no es la pregunta correcta. La pregunta es si estás dispuesto a verte cara a cara y desprovisto de todo cuanto te ha sido dado hasta aquí. El cómo, en todo caso, se te revelará durante la práctica misma.

Luego, cuando la muerte te parta en infinitas moléculas de existencia, cuando te hayas despojado de todo cuanto hasta ahora han sido, sobre todo, salvavidas, (todas tus prácticas "espirituales" guardan un valor agregado del que no se puede saber nada si primero, no te olvidas de todo lo que creas saber) La consigna a continuación es simple: rearmate desde dentro hacia afuera con lo que sos; Con Eso, sin nombres ni etiquetas y luego, andar por las calles, hacer tu trabajo, mirar a los ojos, descansar o comer, olerá muy, muy distinto. ¿Cómo de distinto? Primero hay que morirse para poder renacer. Sin ese segundo nacimiento, no se podrá experimentar un aire nuevo y fresco.

Sucede que si algo a motorizado la vida humana hasta aquí, no es, como muchos creen, las ganas de vivir. No es la búsqueda cada día más frenética por alcanzar ciertas metas o deseos. No, la mayor motivación es la consciencia de saber que vamos a morir. Saberlo, aterroriza a las masas, las convierte en entes que se mueven a grandes velocidades ocupándose de cuanto se les cruza, útil o no, con tal de no recordar que tenemos fecha de caducidad. Esto significa que a la muerte le debemos el haber acumulado tanta historia, amor y sangre. Saber que vamos a morir, es lo que permite vivir de verdad; completa y saludablemente, primero porque nadie sabe cuándo; segundo, porque se ha alcanzado la consciencia de lo impermanente, interdependiente, efímero e irrepetible de nuestra maravillosa y no menos misteriosa existencia humana.

Por si no soy claro, no hablo de la muerte física, porque de esa no se puede saber nada hasta que ocurre. (si es que hay algo que se pueda decir entonces) Hablo de morir a las creencias; a lo que estamos tan seguros de saber. Hablo de mirar lo de siempre como si fuese la primera vez. No, no lo pienses, no busques imaginarlo porque tu cerebro sólo conoce lo que conoce, el pasado; al punto que ya olvido la sensación de la primera vez. Hay que ir observando cuando el hábito vuelve, atenderlo y no ir en esa dirección. Respira. Respira con total atención en ello y continua sin seguir los pasos de lo conocido y ve por vos mismo, qué sucede.



Dicho esto, agrego: si no estás dispuesto a enfrentar el miedo a morir a las ilusiones, no perdamos tiempo porque continuarás confundido en un matorral de pensamientos, memorias, recuerdos; deseos que no son otra cosa que proyecciones de esas ideas. Presentes contaminados de lo único que sabemos y conocemos que es, repetir el pasado hasta el hartazgo. Pero, si ya no hay dónde ir, si nada consuela o se acomoda para continuar perpetuando el auto engaño entonces, es porque te llego la hora de morir, de dejar que se vaya lo que sea posible soltar, gestarte y parirte.

Silencio, total silencio y quietud. No te muevas. Sentite, escuchate. No hables sino para manifestar que has superado el miedo a morir. El problema con esto es que no se vale de palabras sino, de acciones para mostrar que el camino se ha ido despejando de ilusiones. Aclaro, no se trata de matar las ilusiones, como dicen por ahí, más bien se trata de saber que se está encerrado en una.

Los grandes maestros nunca se regodearon con la palabra, no persiguieron ideales ni pretendieron seguidores; mucho menos aduladores y fanáticos. Ellos, en sus actos cotidianos, fueron la verdad misma; la verdad sin más que lo que ES. Quizás por eso a las mayorías, adictas a la mentira disfrazada de verdad, les pesaba lo suficiente esas maravillosas presencias como para desdibujar el mensaje que eran y acomodarlo a sus caprichos egocéntricos o, incluso, crucificarlos porque nada molesta más al mediocre que la verdad desnuda y clara.

Quedate mirando las formas, los colores, quedate escuchando los ruidos, las ensoñaciones; sentí los aromas, los asabores, y deja que el viento se lo lleve todo. No te detengas ante nada ni ante nadie. Seguí andando hasta que no haya en este mundo nada que "creas" verdaderamente necesitar. Luego cerra los sentidos, y mirá, mirate.



Hasta que no descubras que somos un huesped estarás inconscientemente muerto. Como todos un poco, convencidos de ser dueños de algo o de alguien o sea, sufriendo. Sólo alguien que se sabe un andariego viaja liviano y agradecido porque a comprendido que no es nada sin todo lo demás. Esto supone estar hablando de moderación, humildad...No importa, porque hasta que la vida no te salga por la médula osea, todo esto que aquí menciono, continuará siendo nada más que palabras.

Camina. mira, toca, abraza, y no interfieras. Si, si, los pensamientos no cesarán, no te dejarán en paz. Nada de que preocuparse, es la naturaleza de esta mente que piensa y piensa. De igual modo  hace el corazón, los riñones y los pulmones, nunca paran y sin embargo, no impiden que vivamos nuestras pequeñeces cotidianas, ¿verdad?

Se un maravilloso equilibrista. Primero caete a la derecha; luego a la izquierda. Por momentos sentíte dueño de la verdad y ve como el piso se te muestra duro y cerca; luego, conocete tembloroso y observa cómo no logras despegar los pies ni un centímetro de la cuerda, de la vida; conocete temiendo. Más tarde, cansado de ir y venir, descubrí la senda media, cómo está hecha de un poco de esto y un poco de aquello, nunca de algo definido. No saques conclusiones, toda conclusión es un intento burdo por perdurar, pero muerto en vida. Eso sí, termina lo que comenzaste; a eso se lo denomina continuidad, como la vida que siempre teje sin que se le corra un punto.

El primer paso es saber qué se quiere. El segundo es definirlo en uno mismo claramente. El tercero es echarse a andar que la vida te mostrara el cómo. El asunto es que, atravesar el miedo a morir, es todo lo que hay que querer porque cualquier otra cosa, es pasado. La nueva vida está justo detrás de ese miedo.

Es imprescindible que lo hagas con el mayor amor y respeto posible porque se trata de parirte a vos mismo en el ceno de la vida, en brazos de esta madre tierra y con todo el potencial vital del cielo a tu disposición. Como verás, no hace falta nada aunque, sí es cierto que al principio nos da vértigo y la confusión aterra. Esos son indicios de que estamos en el camino o, al menos, que estamos comenzando a dejar el que conocíamos.

Cuando sientas sed, se te dará agua. Cuando sientas hambre, comerás. Cuando estés cansado, habrá donde echarse. Si no haces elecciones, si no destacas preferencias ni rechazas lo que se te ha dado, es porque estás comenzando a morir y a nacer, de nuevo.




Nota: Emunah: La verdadera enseñanza de Jesús no fue, crean en mí o, tengan Fe en iglesias o imágenes, No. La enseñanza real fue: CONFÍEN. Confíen completamente, no en algo o alguien. Sólo confíen en ESO, en lo sin nombre y emanen (emunah) desde dentro de cada uno el Reino de Dios, el Nirvana, sólo así lo conocerán. De no ser así, continuarán ocupándose de sus muertos (viviendo para el mundo material, solamente) 

Daniel Shodo

domingo, 17 de enero de 2021

La longevidad según el Chi Kung



Practicar Chi Kung, es practicar la atención sobre nuestra integridad humana compuesta de diferentes aspectos como ser: cuerpo físico, orgánico, emocional, mental, psicológico, relaciones inter e intra personales; Desarrollo de pensamiento, reflexión y discernimiento, Saber expresar en palabras o silencios, lo que se piensa o siente de un modo definido, seguro y actuar, en lo posible, consecuentemente y de manera asertiva: Alimentación, respiración completa; Teoría, practica y experiencia hacia el saber y la sabiduría. Es decir, la salud propiamente dicha, pues, salud, incluye todos y cada uno de los aspectos que hacen a la condición humana y no, como muchas veces se cree, únicamente comer sano y hacer actividad física o deportes. Y es que si sólo nos ocupamos de esos aspectos, desde ya sumamente importantes, estaremos dejando fuera, todos los demás sin los cuales, la vida no gozara de equilibrio o verdadero bienestar: Un ejemplo: se puede comer muy saludablemente o no faltar nunca a la práctica deportiva, pero, mantener relaciones psicológicas o emocionales indeseables o, permanecer dentro de relaciones familiares o laborales tóxicas e inestables con lo cual, la salud, no puede catalogarse de armónica. 

Si bien es cierto que no se busca ningún tipo de perfeccionismo (toda búsqueda de perfección es anti natural) lo que con la práctica de Chi kung vamos advirtiendo es que, justamente, el equilibrio, consta de saber cómo moverse según la naturaleza del propio cuerpo y de las circunstancias reinantes a la hora de hacer la práctica, (cansancio o relajación, buen o mal humor, clima, tensiones musculares, estrés, preocupaciones o calma mental, etc) 

Un ejemplo muy usado y claro para explicar este comportamiento, es el del equilibrista ya que como bien sabemos, quien camina por la cuerda floja no pude permanecer demasiado tiempo a la izquierda, a la derecha o en el centro a riesgo de caerse. Tiene que aprender a desarrollar la capacidad de no quedar apegado a nada porque, en ese caso, estaría poniendo en riesgo su vida.



En la vida diaria, con la ayuda de Chi kung y la atención plena en uno mismo y lo que sucede en tiempo presente, vamos aprendiendo a movernos con ese mismo sentido que es, no quedar fijados únicamente a puntos de vista estáticos o rígidos. Cuando así sucede, el tipo de vida que estaremos creando, estará sujeto nada más que a esa mirada parcial; incluso, si no sabemos o no queremos movernos de esa postura estrecha, podríamos estar poniendo en riesgo grave nuestra salud.

¿Qué lugar ocupa entonces, la longevidad de la que tanto se habla como resultado de practicar Chi kung? 

En parte, la longevidad o la posibilidad de extender el tiempo y la calidad de vida, está dada por lo antes explicado, estos es, tratar, práctica mediante, que cada uno de las áreas de lo humano sea atendida, escuchada y acompañada, aprendiendo a soltar actitudes, hábitos o cuestiones de carácter que puedan impedir el desarrollo hacia una humanidad habitada en la paz interior. Paz interior que no remite a momentos de calma o tranquilidad sino, a estar en eje con uno mismo o, a vivir en concordancia con los ciclos naturales de la vida; Lo que podríamos llamar coherencia, es decir, sentir, pensar, hablar y actuar, en concordancia con uno mismo y el Tao.

El otro aspecto sumamente importante de la longevidad es cuando vamos alcanzando cierta sabiduría humana y planetaria. Sabiduría significa, saber el modo justo de utilizar en tiempo y forma lo aprendido tanto en la práctica de chi kung como en la vida misma, fundamentalmente. para nuestro bien y, más que nada, para el bien común.

Y es que un ser humano que llega a saber que no sabe nada, parafraseando al maestro Lao Tse, o al filósofo Socrates, es alguien que, abierto a experimentar el día a día como si fuese la primera vez, dispuesto a continuar su aprendizaje en el buen vivir, es quien trasunta en gestos, palabras o acciones, esa paz intrínseca propia de quien a llegado a ser uno con el Tao, uno con la vida. Es quien a soltado la prisa por la calma, el deseo por la gratitud, la pasión desmedida, por la austeridad, la multitud por la soledad, la creencia por el saber y el miedo, por el amor.

Ese humano, hombre o mujer, es quien no se apega ni rechaza, de manera dogmática, sólo vive según la vida lo invite a hacerlo porque ahora y en ese estado de plenitud consciente, sabe que a lo único que en verdad pertenece, no es a otra cosa que a la vida misma, por eso nada se llevará, excepto lo vivido, para su evolución y la de todo aquel que haya tocado a su paso.



¿Cual es entonces la diferencia entre hacer una práctica física o alcanzar la sabiduría? responder nada más que al miedo (me cuido para que nada malo me pase) o, saber escuchar al corazón y seguirlo, para que lo que sea que pase, se pueda aprender de ello.

No importará cuántos años se viva. Importará la entrega  y confianza completa dada a cada instante del eterno infinito, en el único lugar que como humanos, podemos hacerlo, el cuerpo. El cuerpo como un fractal del cosmos que somos.

Que así sea, está hecho.

Daniel Shodo

jueves, 14 de enero de 2021

La vida según el Tao...

"Se un equilibrista. No permanezcas siempre a la izquierda, a la derecha o en el centro porque estar siempre en el mismo sitio, es muerte. La vida es movimiento constante. Lao Tse 




Daniel Shodo


jueves, 7 de enero de 2021

I Ching y naturaleza humana



El libro de las mutaciones, I ching, no es un compendio únicamente matemático o simbólico de la vida humana y sus múltiples circunstancias; el I ching es, también, científico y espiritual. Es decir, una invitación a transitar el camino de la vida, expresada en sus elementos naturales como son, el cielo, la tierra, el agua, el fuego, el trueno, el viento, la montaña y el lago. 

Para considerar lo que aquí expongo, haré un repaso breve por cada trigrama o elemento para hacer observar su intrínseca conexión con el ser humano; su ego y su Ser.

Comencemos por El Cielo:El padre, la energía masculina y creadora. El movimiento ascendente, el espacio. La capacidad de destruir. ¿No son acaso características afines a la condición humana todas estas cualidades?

La Tierra,:La madre, la receptividad, la mansedumbre, lo prolífico, la contención, la confianza. Sequedad, ahogo posesivo o apego ¿No es el ser humano, capaz de comportarse de alguno de estos modos?

El Trueno: El hijo mayor. Lo suscitativo, lo inesperado, el chispazo inicial, el entusiasmo; Arrebatar, lo intempestivo, los comienzos.

¿No sabemos los humanos dar primeros pasos en algo o, hacia algo de manera consciente o inconsciente?

El Viento: La hija mayor. Lo suave, lo penetrante, la palabra, el mensaje, las raíces, la soberbia., arrasar con palabras hirientes. ¿Es el ser humano unas veces capaz de acariciar y otras, de golpear?

El Fuego: La hija del medio, Ver con claridad, luz espiritual y mental, calidez, tierno de corazón; Quemar, ceguera o fanatismo.

¿Es el humano capaz de ser la luz del sol, la calidez de un abrazo fraterno o el odio encarnizado?

El Agua: El hijo del medio. Lo abismal, lo desconocido en uno mismo, los temores, la constancia y perseverancia, la ecuanimidad; La sangre, las emociones vitales.

Como el agua, el humano, que es agua, puede abarcarlo todo, llevar y dar vida o quitarla.

La Montaña. El hijo menor. El aquietamiento. la reflexión, el silencio. Una puerta de acceso o una traba u obstáculo. El final y el comienzo de ciclo. La acción meditativa.

Aunque lo haya olvidado, el ser humano es el Maestro que tanto busca encontrar fuera y que sólo hallara cuando se detenga a escucharse y observar el ritmo agitado de su ego, debajo del cual aguarda, el silencio vacuo de la sabiduría.

El Lago: La hija menor. La serena alegría, la nutrición y el aprendizaje. El discernimiento, la capacidad para separar lo denso de lo sutil. El sitio donde todas las actividades humanas son posibles, son realizables o, por envidas o celos, el lago puede secar o desbordar sus aguas elementales y volverse estéril y embrutecido.

Sin serena alegría en el hacer cotidiano, el caos, gobierna.



Como podrán notar, esta familia de elementos que constituyen la totalidad del planeta,como la integridad humana, están en este maravilloso libro, representadas en imágenes, mostradas, explicadas, sugeridas, advertidas y puestas al servicio de que el Noble o sea, el consultante, vaya hacia ellas, no sólo cuando aborda el libro en búsqueda de respuestas, también, cuando en el día a día, aprenda a reconocer cómo funcionan e interactúan en sí mismo, al igual que en su entorno inmediato.

Que así sea.

Daniel Shodo