sábado, 7 de agosto de 2010

El camino del cielo y del infierno


He notado lo complejo que resulta percibir de qué manera nuestros pensamientos influyen sobre nuestra vida cotidiana. Tanto si estos son pensamientos “positivos” como “negativos”.
Seguramente se podrían esgrimir varias explicaciones al respecto; en cuanto a mí, pienso que una causa posible es que en nuestra cultura occidental, lo que hemos cultivado considerablemente ha sido el terreno intelectual y racional (cabeza) en desmedro de la intuición y la percepción (cuerpo).

El cuerpo aún continúa siendo un paisaje poco explorado. Por tal razón, la tarea de observarnos acaba siendo poco sencilla. Y cuando sí conseguimos aventurarnos en él, pensamos: Me está pasando algo raro, nunca antes había sentido “estas cosas”.

En realidad, nada “raro” ocurre. Es que por primera vez nos hemos ocupado de “mirar” en nuestro interior y de escucharlo con la intención de comprender qué es lo que nos está queriendo decir. No es muy diferente de cuando aprendemos algo por primera vez. También en ese caso nos toparemos con situaciones extrañas, hasta que se nos vuelvan familiares y conocidas.

Eso sí, es importante saber que el cuerpo, nuestro cuerpo, tiene su particular modo de hablarnos, y que para entenderlo, no precisamos salir corriendo al shopping a comprar ningún traductor especial. Con unas buenas dosis de quietud, calma, silencio, paciencia y perseverancia alcanzan.

Se hará cuesta arriba conocer el camino del cielo y del infierno si continúa habiendo mayor interés en lo que pasa allá afuera que en querer saber lo que ocurre aquí adentro.
Para muestra…


Cuento Zen

Un Samurai de fama y fuerte carácter, luego de recorrer un largo camino, se dirige a una escarpada montaña, lugar en el que habitaba un solitario y sabio maestro.

Cuando el guerrero llega a la morada del sabio, luego de una agotadora jornada, saluda respetuosamente al monje, el cual guarda silencio sin moverse de su posición.

Luego le dice: He venido hasta aquí desde muy lejos para saber de un sabio como usted ¿cuál es el camino hacia el cielo y el infierno?

El monje impasible mantuvo el silencio sin mirarlo siquiera.

El guerrero, algo irritado, le increpa diciendo: ¡He subido esta escarpada montaña, he recorrido un largo camino en busca de sabiduría y quiero que me responda ¿cuál es el camino entre el cielo y el infierno?!

El monje no mostró siquiera un cambio de actitud, como si fuera una escultura.

El guerrero reaccionó sulfurado e iracundo diciendo: ¡¡He hecho un gran esfuerzo por estar aquí, no permitiré que me faltes así el respeto!! Y levantó su espada con la cierta intención de darle muerte.

En ese momento, el monje levanta su mano indicando con su dedo índice al guerrero y exclama con voz firme: ¡Ése es el camino del infierno!

Sorprendido y avergonzado, el guerrero envaina lentamente su espada.

El monje con voz tranquila le dice: Ése es el camino del cielo.
Publicado por Claudio

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