martes, 26 de diciembre de 2017

Espejismo





Inhalo
y un deseo flota en la atmósfera de la mente
tan aparentemente sólido y de cuerpo entero
que hasta no puedo evitar el gesto de rozarlo.

Exhalo
y el aliento que llega desde la intimidad de la montaña
lo sacude
lo descubre espejismo
y cae por la ladera
no sin antes
echar mano de otro deseo que lo ayude
a permanecer y perpetuarse pero, es inútil...
Se desliza y comienza a planear;
le sonrío mientras
sigue su vuelo
a veces manso
a veces turbulento.

Desciende por entre valles y bosques
que comienzan a desperezarse
al amanecer que no espera y reluce
devolviendo a su sitio las siluetas
los contornos, los colores y las formas
luego de la oscuridad maestra
donde toda forma resulta inconcebible.

Insiste el deseo
tentándome las entrañas
y sin embargo
cuanto más sonrío y libero
más inverosímil y deshuesado se torna
hasta desvanecerse
en las profundidades del lago
donde un hombre serenamente pesca
en las redes de la fugacidad eterna.

NOTA. Ningún deseo es bueno o malo en sí mismo, después de todo, quién no desea vivir en paz o gozar de buena salud, por ejemplo. 
El deseo cuando no surge del corazón y el discernimiento y sí de la idea falsa de que no soy si no hago o tengo, llevándonos a una instancia de apego y avidez, convierte la vida en una cárcel creada incoscientemente por la personalidad o ego que nos mantiene en un sueño eterno de insatisfacción o sufrimiento.
El deseo de ayudar a todos los seres sin buscar en ello beneficio personal, es en sí mismo, el despertar.
Es el deseo que se brinda porque abunda.

Claudio Daniel Rios

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