viernes, 1 de julio de 2011

Comportamiento justo...


Una de mis alumnas me obsequió por estos días un número de la revista Zen del año 1997 que en una época se publicaba en España y que, hasta donde sé, ha dejado de salir por aquellos lados.
El dossier de la revista estaba dedicado al “Zen y las Artes Marciales”. De entre los artículos que leí, destaqué el que ahora, sintéticamente, quiero compartir con ustedes.
El título original es “A comportamiento justo, conciencia justa”. Autor: J. Javier Fuente del Pilar.

La nota comienza así: “El camino que todos hemos de recorrer es largo y complicado en apariencia, inútil pensar en él; mejor vivirlo andando”. Y continúa: La intuición y la acción deben seguir al mismo tiempo, como le ocurre al tigre en la selva, con la misma naturalidad. No existe enemigo, sino es el propio yo y sus tendencias; pues la imperfección anida, de modo fundamental, en lo más profundo de nosotros mismos.
Este párrafo, por cierto muy jugoso, es lo que me movió a querer incluirlo en el blog, porque aunque lo escrito está referido a encontrar vínculos entre el zen y las artes marciales, japonesas en este caso, no deja por ello de ser un texto inclusivo y abarcativo de todo cuanto hace a nuestro paso por la vida; después de todo, y como nos recuerda el maestro Deshimaru, “el zen no forma parte de un método de salud. No se lo puede reducir a un espacio o lugar buscando algún rédito o utilidad. El zen no tiene nada que ver con un “masaje espiritual”. El zen tiene un sentido mucho más profundo y esencial. ¡El de la vida! Y, por consiguiente, el de la muerte, puesto que los dos términos son de hecho indisociables”.

Más adelante, relata algunos aspectos destacados sobre la práctica marcial y su correlato con la práctica de zazén diciendo: En las artes marciales, la práctica y la autocrítica constante se demuestran como los únicos apoyos seguros, y es que la experiencia parece demostrar que es el esfuerzo mental y emocional y no el físico lo que provoca la mayoría de los abandonos...Y agrega: No se ha de pensar mientras se practica, o en todo caso, se piensa desde el no pensamiento, con la intuición. La práctica del arte marcial, como la práctica de zazen, sólo facilita la consecución de la máxima de Sócrates: “conócete a ti mismo”; y esa visión, si no va acompañada de unas notables dosis de humildad y voluntad resuelta de trabajarse a sí mismo, termina por agobiarnos bajo el peso de mil pensamientos, de objetivos que no se cumplen o simplemente de sueños de grandeza.

Se dice que ambas prácticas, el arte marcial y zazen, deben practicarse con actitud mushotoku, o sea, sin meta ni afán de logro. Y que es en la vida cotidiana donde ha de manifestarse el espíritu del guerrero; con la actitud diaria, con el comportamiento personal ante los distintos hechos sociales. De lo dicho se deduce que: “el comportamiento influencia la conciencia, por lo que, a comportamiento justo, conciencia justa”.
Nuestra actitud influencia todo lo que nos rodea, todo influye en lo que pasa a nuestro alrededor y en nosotros mismos. Tanto es así que el comportamiento en el Dojo reaparecerá en la vida cotidiana.

Más adelante, Fuente del Pilar subraya asertivamente que: La comprensión de lo expuesto se adquiere tras haber encontrado a un maestro, un maestro vivo, que habiendo practicado previamente sepa acompañar con delicadeza el propio caminar. “Como el hilo y la aguja” – dice Musashi, “han de ser maestro y alumno”.
En cualquier ámbito, carrera, circunstancia, buscamos lo mismo. Por lo que vale aquello de que “todos los caminos son el mismo camino”.
Se haga lo que se haga, se inicie lo que se inicie, la actitud ha de ser siempre la misma. Inteligencia abierta, humildad, confianza plena en la práctica diaria y voluntad, desarrollo intuitivo y flexible del conocimiento.
Aunque la cultura en la que estamos inmersos muchas veces raye con esta actitud, que la práctica que nos conduce a la concentración aquí y ahora, en cada instante, se viva y realice del modo más natural que nos sea posible, pues, como dice Musashi: “Nada es peor que la postura fija que sólo conduce a la muerte rápida”.

Se trata, en definitiva, de volver al origen primero del ser humano, a lo que siempre fuimos; seres libres que progresan en el marco del desarrollo personal en libertad como del colectivo, por el camino de conocerse a sí mismo y, por consiguiente, de indagar profundamente en el interior colectivo cincelado por mil incomprensiones, injusticias, y represiones. La libertad individual sólo encuentra su sentido en la colectiva.
Por último y, aunando criterios a modo de círculo con el comienzo del artículo, su autor nos recuerda: “El verdadero enemigo es siempre el yo mismo, ese concepto que tenemos de nosotros y solemos acrisolar durante interminables diálogos interiores a los que se somete el ser humano. Prejuicios, vanidad, condicionamientos rígidos; el monólogo con uno mismo con el tiempo conduce a la sordera”.



Miyamoto Musashi 1584? - 19 de mayo de 1645) fue un guerrero famoso del Japón feudal. También es conocido en Occidente como Musashi Miyamoto (en japonés el nombre de familia se antepone al nombre de pila; por lo tanto, el nombre original es Miyamoto Musashi).

Taisen Deshimaru – Maestro de la escuela Budsita Soto Zen – (1914 – 1982)

Publicado por Claudio

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