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domingo, 20 de noviembre de 2022

Por un momento de placer...



Todos hemos tenido de esos días en los que luego de una jornada extenuante y llena de divergencias y contratiempos, sentimos la necesidad de darnos un "gustito" o, de regalarnos un momento de placer y entonces, nos pedimos comida elaborada en algún restaurante del que no tenemos ninguna certeza ni de los ingredientes que se usan para su confección, ni del  nivel de higiene con que se elabora el plato, ni de la animosidad de quienes preparan estos alimentos pero, como se trata de buscar el placer como recompensa de la denodada tarea realizada, no caemos en la cuenta que, en verdad, ese instante de placer, (placer que por cierto a todos nos agrada vivir), para el cuerpo, para los órganos internos, los que de por sí suelen estar atiborrados de toxinas y carentes de vitalidad, lejos de sentir gozo, se les suma a la ya detonada energía psicofísica de ese día en particular, el tener que vérselas con una tarea aún más desgastante como es la lidear con grasas saturadas, azúcares o harinas blancas y refinados o, sales duras y desnutridas, según sea el "manjar" pedido y masticado, lo que harán las "delicias" de un hígado abarrotado de grasa, intestinos super poblados de bacterias dañinas, riñones teniéndo que filtrar sangre altamente acidificada y por ende, células con una pobre oxigenación. El combo ideal para que, a la larga o no, lo que hoy "comemos", no sea otra cosa que la enfermedad por la que luego habrá que atender echando por tierra ese placer que sentimos tan merecedores de darnos.

Como vemos, no se trata de un mero momento de placer o disfrute, placer que, insisto, todos bien agradecemos poder vivir pero, ¿a qué precio?

Sobre todo, si consideramos el hecho de que la mayoría de los días de buena parte de la gente son así, fatigosos y propensos a no disponer, por esa misma causa, del tiempo ni de la energía necesarios  para dedicarnos un tiempo para con nosotros, siendo esta carencia, el factor determinante de una humanidad que poco o nada sabe de sí misma, precisamente porque pasa más horas y días al servicio de todo cuanto tiene que hacer, alcanzar o lograr que de permitirse el verdadero placer que no es otro que el de conocernos a nosotros mismos. 

Esa falta, nos lleva a no comprender que si algo necesita un cuerpo agotado, no es más agotamiento sino, descanso. Descanso de lo que lo sobrecalienta, endurece y desgasta rápida y cruelmente  a favor de un envejecimiento al que tanto se le teme pero, al que rápido se llega, justamente, por tanto correr incluso, en los gimnasios, donde se le exije perfcción estética al cuerpo al punto de acidificar la sangre, endurecer las arterias, dañar las articulaciones y acabar llegando antes a donde tanto se teme terminar, viejos, arrugados y, más que nada, con el alma desvitalizada.



El conocimiento de cómo somos y cómo nuestros órganos vitales funcionan , deriva en aprender a conocer y leer mejor a los demás como a las situaciones que vivimos, los conflictos a los que arribamos, a los fines de lograr una paz duradera dentro y fuera de este cuerpo/mente que somos, simplemente aprendiendo a delegar o, a dejar ir lo que no permita esa vida en paz en salud mental y física.

Por lo tanto, no se trata de no darnos placer, se trata, en todo caso, de comprender que ese cuerpo cansado y caliente por dentro, necesita agua, frutas, jugos, verduras, sol, oxígeno, amor, por supuesto, como descargar a través de los pies en caminatas descalzos sobre el pasto, la arena o la baldosa húmeda, protones positivos que inflaman y, sobre todo, descanso. Descansar de corridas, aparatos varios, de ruidos y de ese "yo" que nunca parece tener bastante.

Que el placer sea, si a cada quién así le nace, estar en paz con sigo mismo y darse por enteros, a un amor que no es otro que el de conocer, comprender y respetar la vida que somos, aprendiendo a seguir el orden natural de esa vida, disminuyendo los caprichos, las sobre exigencias y los mandatos que jueguen en contra de dicha naturaleza.





NOTA: Quiero aclarar que no estoy en contra de ninguna actividad física o deportiva. Sólo señalo  no ver que, lo que muchas veces se hace por buscar salud y longevidad, termina, por sobre exigencias y alta competitividad, en todo lo contrario, cuerpos desgastados, faltos de oxigenación adecuada y padeciendo lesiones muchas veces graves como enfermedades crónicas, no tanto por la actividad que se practica, como por la manera en que se las realiza. Si a esto le sumamos el alto agregado de proteínas y suplementos sintéticos o carbo hidratos sin saber si es eso lo que cada quién puede necesitar, cartón lleno para lograr lo contrario de lo que se proponen. 

Cuanto más se huye de la vejez, más rápido se la alcanza.

Daniel Shodo






viernes, 3 de septiembre de 2021

¿Comer o alimentarnos?



¿Comer o alimentarnos? A simple vista parece que se tratase de lo mismo pero, no. Al menos, no en un sentido nutricional porque lo primero, comer, suele ser un acto mecánico no consciente y supeditado a factores diversos rara vez vinculados a sostener y mantener una vida saludable, mientras que alimentarse, es, por el contrario, una acción nacida de una mente que, indagación y auto conocimiento mediante, logra apreciar la diferencia entre, incorporar lo que da placer, del de llevar al organísmo lo que nutre y vitaliza.

Basado en principios éticos, entendiendo ética como razonomiento y estudio de una ciencia, en este caso la ciencia de la alimentación consciente, el acto de incorporar todo cuanto sume a una vida de respeto y amor a partir de saber atender lo que ingresa al cuerpo o se manifieta desde su interior, (sensorial, mental, emocional y fisiologicamente), comer quedará en segundo plano, tras acceder a una información y formación, (expereiencia) desde la cual se aprende y comprende la diferencia elemental entre ambas acciones.



Por lo dicho y basado en mi propio camino en estas áreas digo que: "Cuando se come por costumbre, tradición, aburrimiento, gula, ansiedad, por no decir que NO, por la raigambre familiar o cultural a la que se pertenece, por adicción, por moda o tendencias, por sentirse insatisfecho o frustrado, porque lo dice el reloj, porque es fiesta, porque sí, por no ser o sentirse diferente al entorno de amigos o grupo de pertenencia, por automatísmo, por miedo a padecer hambre, (algo que sólo conocen quienes en verdad no comen y no quienes se atiborran de todo caunto puedan deglutir) o, ¡¡¡porque hay que comer!!¡ lease, mandatos"...; básicamente, porque no se sabe o se quiere escuchar al cuerpo, con lo cual, no se logrará comprender lo que es alimentarse por estar atrapados en la comida y, paradójicamente, en un estado de pobreza espiritual, hambrientos de felicidad que no se llena con nada excepto, cuando nos animamos a soltar cualquiera de estas opresiones y nos permitimos crecer; recién ahí llegaremos por consciencia, a una relación saludable con todo cuanto tomamos o dejamos para ese bienestar al que aqui llamo, alimentarse.

Comer por comer, es miedo y obtura los sentidos, daña la salud desde lo mental, emocional a lo físico y orgánico,; deteriora las relaciones humanas, genera más pobreza y contamina el medio ambiente.

Alimentarse es amor en potencia y libera la mente y el alma del miedo y la ignorancia. Eleva la cosnciencia humana y cósmica; nos reune con la vida en su total sentido de gratitud y respeto.

Alimentarse es aprender a ir de lo denso a lo sutil, de las energías bajas a las altas y vitales, cuando se comprende que lo que de verdad nos alimenta es el estado mental y emocional en el que estamos vibrando; del mismo modo que nos alimenta el sol, el oxígeno, el agua, la calma o el reposo, una conversación sincera y profunda, el silencio, caminar desclazaos, apagar la televisión y los paratos electromagnéticos, entre muchas cosas y actitudes más.Por ello, cuando comenzamos a vivir desde una vibración energética más evolucionada, producto de estar creando una frecuencia en ese sentido, es cuando podemos observar cómo, los hábitos insalubres se van desmoronando sin casi ningún esfuerzo porque, cuando el amor emana como forma de vida y, siendo el amor una potente luz, las sombras se desvanecen naturalmente.

Parafraseando a Confucio cuado dijo: "El que ama su trabajo, nunca más trabaja" digo, "El que ama sin esperar nada, se alimenta, por eso, nunca más comerá" 

Daniel Shodo



jueves, 9 de julio de 2020

Nituke, cocina zen (octavo regalo)

¿Que tal si...hoy cocinamos, rico, saludable y sencillo?

Lo que hoy te propongo es una forma de cocción muy nutritiva y fácil de realizar llamada Nituke. Nituke es una modalidad japonesa con la que se preparan verduras sin que pierdan sus vitaminas y minerales.

Pongamos manos en comer rico y sano.

En primer lugar, se necesita una olla o cacerola de base gruesa (si no se tiene, poner debajo un difusor de calor o una tostadora para que no se peguen las verduras) Luego se pincela la base con aceite de oliva o el que tengas, (a penas una película de aceite es suficiente)
Sobre el aceite siempre se colocan cebollas cortadas que recubran toda la base de la olla (esto no solo por cuestión de gusto, también para que si se pegan no se quemen el resto de las verduras) y, sobre las cebollas, se van agregando las verduras desde las más duras, hasta las más blandas y acuosas.

Por cada capa de verduras que se agrega, por ejemplo, ají morrón, zanahorias, batatas y/o papas, brocoli o repollo colorado, zuquinis, tomátes, etc) se añade el condimento que sea del agrado de cada uno.
En mi caso uso, entre otras cosas, cúrcuma y jengibre en polvo o fresco porque son muy importantes para nuestro sistema inmunitario y respiratorio.

Luego y con la tapa colocada, poner la olla sobre el fuego bien bajito durante unos 20 a 25 minutos, aproximadamente. No tenes que dejar pasar mucho tiempo para que las verduras que, se cocinarán con su propia agua, pierdan cierta crocantez y sabor, además de nutrientes.

Paralelamente, lo que suelo agregarle a esta preparación son legumbres, arroz yamaní o, trigo sarraceno
.




Las legumbres, como el trigo sarraceno, siempre deben remojarse durante unas 8 a 10 horas o, toda la noche para activarlas y quitarles el ácido que naturalmente contienen (de  lo contrario producen mala digestión) .
El arroz, lavarlo tres veces antes de cocinarlo.

Pasado ese tiempo, se cuela el agua del remojo y, con agua limpia se ponen a cocinar durante 20 minutos. (el dejarlas en agua varias horas, disminuye el tiempo de cocción)

Una vez que el nituke está casi a punto y, con las semillas ya hechas, las agrego a la preparación y...a comer.

Es sumamente importante que el ser humano logre alcanzar una completa consciencia de lo esencial que resulta una alimentación saludable pues, lo que comemos y el modo de hacerlo, es en lo que nos convertimos.
Concretamente, todo nuestro cuerpo/mente, es el resultado de lo que comemos, tomamos y respiramos. También, el modo en el que interpretamos emocionalmente la vida y nuestra relación con ella.
Por último, cocina y trata los alimentos con atención y recorda que , todo eso fue posible por múltiples causas y circunstancias sabiamente interconectadas.

NOTA: Las cantidades las dejo a criterio de cada uno de acuerdo a la cantidad de comensales.

Gracias y hasta mañana.

Shodo Rios

lunes, 21 de octubre de 2019

La cacerola azul

Cuando la nobleza de la materia y la templanza del acero vuelven vitales lo inorgánico, la vida gana un brillo exquisito.





Así lo sentí mientras lavaba una cacerola enlozada a la que llamo, "la madre de las batallas duras",. porque me acompaña desde un tiempo que ya no recuerdo; siempre dispuesta a recibir en su bocaza sin tapa (la que alguna vez la revistió de cierta elegancia pero que, vaya uno a saber en que rincón termino,) todo lo que allí vierto para compartir y nutrir el cuerpo y el alma de propios y ajenos.
Se me ocurre pensar que rara vez le dispensamos un gesto amoroso a los cacharros, utensilios y artefactos que utilizamos para preparar nuestros alimentos. Quizás sí lo hagan, con cariño y esmero, los hombres y mujeres que aman el arte de crear universos culinarios, no sólo por su valor económico o el afecto incluido de quienes se los hayan obsequiado, también, por el lazo de amor que se cuece entre el Tenzo (cocinero en japonés) y sus trastos de cocina. Un amor que va madurando al cortar, amasar, revolver, mezclar o macerar cada producto, cada ingrediente que este misterioso planeta nos prodiga en una convivencia diaria, donde esos implementos también son golpeados, quemados y rasqueteados hasta dejarlos nuevamente prestos para la faena siguiente.

Así sucedió, les narraba, cuando al lavar mi cacerola azul, un sincero y desprendido afecto me surgió hacia ella, que hasta podría decir que la sentí casi viva entre mis manos No pude evitar que esa emoción la ungiera de gratitud por darme tanto sin quejarse, sin reclamar a pesar de haberla sometido a todo tipo de avatares y yerros, los que más de una vez la pusieron al borde de su extinción. Sin embargo y pese a tanto trajinar entre preparaciones de mermeladas, pastas, verduras al vapor, polentas, arroces y legumbres, no ha dejado ni por un instante de estar dispuesta para lo que se precisase cocinar.

Entiendo que puede resultar algo extraño ver en un objeto inanimado rasgos de “vida” pero, lo que no puedo obviar, es el valor añadido a un instrumento de cocina más por su generosidad inclaudicable que por lo costoso del metal con el que fue construido o la estética de su diseño.
Y es que aún viejita y maltrecha, esta cacerola no se permite el lujo de retirarse ni de dejarme solo en mi intento, muchas veces torpe, por aprender el bello arte de cocinar. Arte que, en el budismo zen, es comparable a la práctica de zazen, ya que se trata de descubrir lo extraordinario en lo ordinario, en lo cotidiano, es decir, descubrirse en uno mismo.
Tanta trascendencia tiene la cocina en el budismo zen que, el maestro fundacional de la escuela soto zen, Eihei Dogen, escribió en el siglo XIII de nuestra era, un tratado al respecto titulado: Tenzo kyokun, (instrucciones para el cocinero de un monasterio) donde relata de modo pormenorizado, el uso y trato apropiado y correcto que debe prodigarse al alimento como a todo lo que involucre las múltiples tareas en ese recinto.





Por consiguiente y como durante zazen, cocinar se practica con atención, disciplina, diligencia y sensibilidad. Dicha práctica se aprende a realizarse con respeto, humildad, entrega y servicio para el bien de uno y de los demás. En consecuencia, no olvidemos que, a la hora de tratar con los enseres o cachivaches, estos fueron creados no sólo para su utilidad práctica, también para cocinar nuestra vida y que huela rica.
Si así sucede, de seguro que el aroma expelido, despertara en más de uno la confianza y la convicción por ponerse el delantal o, el samu-e (ropa de trabajo y práctica de zazen) para ir directo y decidido a disolverse en el corazón jugoso de nuestra propia naturaleza Búdica e inabarcable.

Shodo Rios

jueves, 8 de agosto de 2019

La cocina zen



En nuestro último encuentro, donde hable acerca de ¿de qué nos alimentamos?, comente sobre cómo, a través de la práctica del zen, aprendemos a vincularnos con los alimentos, siendo la gratitud, el ingrediente principal.
Aquí, una breve muestra.

Shodo Rios

domingo, 11 de noviembre de 2018

Una historia sobre el Té






El té fue descubierto por Bodhidharma, el fundador del zen.La historia es hermosa.
El estuvo nueve años meditando sentado de cara a una pared dentro de una cueva en el famoso templo Shaolín. Nueve años sólo mirando una pared, continuamente y, como era de suponer, algunas veces, se dormía.
Luchó y luchó con el sueño; (recuerda, hablo de sueño metafísico, la inconsciencia.o el pequeño yo con sus aflicciones caprichosas y manipuladoras) por eso, quería permanecer consciente incluso durante el sueño.Quería tener una continuidad de consciencia; la luz debería seguir alumbrando día y noche. Eso es Dhyana, meditación (zazen), consciencia. de ver lo que es, como es.

Una noche sintió que le era imposible mantenerse despierto, se estaba durmiendo y para evitarlo, tomo la decisión de "cortarse los párpados" y luego los arrojo al suelo. Ahora no había manera de que pudiera "cerrar" los ojos.
Para conseguir ver con los ojos internos, los externos deben ser desechados; hay que pagar ese precio.
¿Y qué sucedió? Después de unos días, observo cómo esos párpados que había tirado al suelo habían comenzado a crecer en forma de brotes. Esos brotes se transformaron en una planta de té. Por eso si tomamos té, algo de la sabiduría de Bodhidharma penetra en nosotros y no nos podemos quedar dormidos.



Bodhidharma



Bodhidharma estaba meditando en una montaña llamada Ta que en chino se pronuncia Cha y en Indi se lo llama Chai (en español Té)

Es a raíz de toda esta historia que, si un Maestro zen dice: "Toma una tasa de Té", está diciendo: Prueba un poco de Bodhidharma, y no te preocupes por esas preguntas sobre si, ¿existe Dios? ¿quién creo el mundo? ¿Dónde están el cielo y el infierno?  ¿voy a ser feliz? ¿Qué hay sobre la teoría del Karma y el renacimiento?
Cuando el Maestro zen dice: "tomate una tasa de Te´y olvídate de todo esto". se refiere a: "Mejor hazte consciente, no te líes con esas tonterías. Eso no te va a ayudar en absoluto".

La consciencia de todo cuanto ahora y aquí suceden, es lo único que habremos de ver con los ojos internos. Sin párpados (opiniones o críticas) que interfieran con el VER correcto.

Shodo Ríos - Basado en un relato de Osho.


martes, 6 de noviembre de 2018

Cocinar zen





Si al momento de preparar una comida para otras personas, el acento está puesto en que, "les tiene que gustar" o, "me tiene que salir rico", es porque en ello estamos buscando algún reconocimiento. Por lo tanto, el esmero estará centrado más en nosotros que en ese otro a quien buscamos agasajar. En otras palabras, la forma ocupara más importancia que el contenido y el modo en que todo eso se realiza..

El verdadero compartir de un alimento ocurre cuando el acto mismo de cocinar nace del corazón; del respeto por el modo en que hemos podido acceder a él, para luego manipularlo, mezclarlo y cocinar esos ingredientes. Es desde esa actitud cuando logramos desactivar la búsqueda constante de ciertos resultados y practicar un verdadero compartir de corazón a corazón

Bajo ese sustento, el del amor por darnos, por ofrecer vida y nutrición al cuerpo y al alma, es cuando la mesa, como un mandala, la comida sobre ella y todos los allí presentes a su alrededor, cultivamos en comunión un mismo acto, el de dar y recibir con desprendida gratitud, ya sea que se trate de un banquete, o de una simple sopa.

Shodo Rios



lunes, 17 de abril de 2017

Samurai en la cocina y en la vida: Takehiro Ohno





No soy Samurai de origen pero, me siento un servidor (Samurai) y mi espada o Katana, es el amor por la vida que mis maestros, alumnos y el camino del ZEN me enseñan a cada respiración, por ello, mi gratitud a Maestros de la vida como Ohno que son pura, humildad, respeto y honorabilidad.



Gassho



Claudio Daniel Rios

martes, 22 de diciembre de 2015

"Dejar la sal y el azúcar es alcanzar la felicidad"

Un viejo monje zen que años atrás visitaba buenos aires dando conferencias y enseñando la práctica de la meditación zen o zazen, comento: “la felicidad consiste en eliminar de nuestra dieta, la sal y el azúcar”…

Si nos apresuramos en opinar, muy probablemente argumentaremos que, como receta para alcanzar la felicidad suena poco creíble pero, si dejamos nuestros prejuicios e indagamos lo que en verdad se haya detrás de estas palabras, quizás el enunciado no nos parezca tan descabellado. Echemos una mirada y veamos con que nos podemos encontrar.





El camino más directo es comenzar por la cocina, o sea, por revisar lo que comemos y ver que daños o perjuicios acarrea la ingesta diaria de sal y azúcar en nuestro organismo.
Las sales minerales son necesarias para el equilibrio celular pero deben ser de procedencia orgánica. Lo que habitualmente consumimos es una sal carente de la mayoría de dichos minerales debido a su manipulación industrializada.
El motivo principal por el que la mayoría de las personas consume sal, es para dar gusto a las comidas pero, al hacerlo, no toma en cuenta que, en realidad, lo que está haciendo es ocultar el verdadero sabor de lo que se come y, peor aún, destruyendo las características propias de los mismos, entorpeciendo la labor de las glándulas encargadas de segregar las enzimas necesarias para la cualidad de cada alimento.

Por lo tanto, la sal entorpece los procesos digestivos de los órganos encargados de regular el sodio como el equilibrio celular propiciando diversidad de enfermedades como: Hipertensión, descalcificación, trastornos renales, etc.
Lo aconsejable es reemplazar la sal común por sal marina e ir graduando su consumo hasta quitarla de la dieta.
Se puede utilizar para dar sabor a las comidas, plantas aromáticas como tomillo, romero, salvia, orégano entre otras o, algas marinas.

En cuanto al azúcar, podemos decir que, lo que nuestro organismo requiere, no es azúcar refinada sino, hidratos de carbono que podemos ingerir de fuentes orgánicas.
Los hidratos de carbono son alimentos energéticos. Dan fuerza, potencia, y resistencia. Favorecen la actividad y el esfuerzo.
Se los denomina farináceos cuando de ellos se puede hacer harinas, como ocurre con el almidón de los cereales, las leguminosas y las castañas. También los azucares entran dentro del grupo de los glúcidos.

Entre los alimentos ricos en hidratos de carbono encontramos: miel, melazas, jaleas, mermeladas. Las frutas dulces, frescas o disecadas.
Féculas (papas, batatas, calabaza, etc)
Cereales integrales (arroz, trigo, cebada, centeno, avena, quinoa)
Los glúcidos desequilibrados (harinas, azucares refinados, etc) suelen ocasionar enfermedades de la cintura hacia la cabeza al formarse gases, debido al exceso de verticalidad, pasan a la cabeza produciendo todo tipo de cefaleas. La ingesta indiscriminada de azucares refinados puede ocasionar diabetes, exceso de grasas en las arterias, caries, etc.





A pesar de la explicación descrita, puede que no alcance a satisfacernos lo suficiente como para comprender de qué manera esto nos traería felicidad. Sin embargo, creo que, si consideramos que somos lo que comemos y que al hacerlo también influye notablemente en nuestro estado mental y emocional quizás…la felicidad tan mentada no se encuentre tan lejos.

Ahora bien, repasemos algunas conductas dulces, saladas o no tanto de nuestro hacer cotidiano y veamos que podemos cocinarnos y cocinarle a los demás en búsqueda de una vida más íntegra.
Nuestros hábitos, costumbres o cultura, producen un condicionamiento mental y estructural que nos lleva, mientras no lo notemos, a creer que somos únicamente, como señale en otras ocasiones, lo que hacemos y tenemos (envidiosos, temerosos, agresivos, indulgentes, competitivos, excelentes o inmerecidos, etc). Mientras no podamos ver dicho condicionamiento, no habrá posibilidad de trasformar nuestra vida. Por lo tanto, y a provechando que estamos en la cocina, podríamos tomar como práctica, revisar nuestras rutinas alimenticias y a través de ellas hacer un viaje de indagación a cerca de porque comemos lo que comemos y el modo en el que lo hacemos y descubrir cuanto de verdad o no hay sobre quiénes decimos ser y hacer.





Dicha revisión debe estar desprovista de aspectos egoístas del orden de: como así “porque me gusta”, “porque me da lo mismo”, “porque es menos laborioso a la hora de preparar la comida”, “porque en mi familia era costumbre”, etc. Sépanlo, si todavía nos encontramos retenidos en alguno de esos puntos, muy difícilmente podamos ver y vernos a la hora de alimentarnos ya que, por el momento, solo estaremos comiendo. Comiendo no siempre quiere decir, alimentarse, entendiendo alimentarse por nutrirse de todos aquellos elementos fundamentales para nuestro desarrollo mental, emocional y corporal, ya que comer se puede comer cualquier cosa que el cuerpo pueda tragar.
Es importante comprender que no estamos condenados a dichas tradiciones excepto que, como dije, aún no hayamos llegado al punto de considerarlo para poder modificar lo que fuese imprescindible. Entonces, les propongo un ejercicio simple y muchas veces eficaz. Tomen un bocado de cualquier alimento, supongamos, un trozo de manzana y dediquémonos unos segundos a observarlo. Luego y con los ojos  cerrados huélanlo, tóquenlo. Acto seguido, colóquenlo en la boca y déjenlo allí mientras ésta se va poblando de saliva. Sientan. Sientan todo lo que va sucediendo y después de unos momentos, comiencen a masticarlo muy lentamente hasta que se haga una papilla. Por último, deglútanla lentamente.





¿De qué se trata? De hacer consciente la diferencia entre comer o meter en el cuerpo cualquier cosa digerible y alimentarse es decir, amarse, respetarse y cuidarse.
Y es que tal vez así, también nos volvamos  más sinceros en nuestro proceder tras haber aprendido a no ocultar los sabores reales de nuestra existencia por muy amargos o insípidos que estos nos parezcan como también, a dejar de vivir una vida basada en el deseo, mandato o exigencia de los demás (condimentos) y atrevernos a decidir, errores mediante, cómo queremos alimentarnos de todo lo que la vida nos ofrece (imágenes, sonidos, olores, texturas, sabores, pensamientos, sentimientos, acciones) recuerden: “somos el resultado de todo aquello que nos alimenta o nos envenena”. En una de esas, probablemente y poco a poco, vayamos aprendiendo que la felicidad radica en poder ver y aceptar lo que es, de lo que quiero o debería ser. Buen provecho!

Publicado por Claudio

viernes, 17 de enero de 2014

¿Sabemos alimentarnos?





Qué bueno es saber que no existe un único alimento, como tampoco recetas universales que resulten benéficos para todos por igual.
Qué bueno es saber que no hay una pastilla que posea todos y cada uno de los nutrientes necesarios para mantenernos sanos y con vida.
Qué bueno es saber que en la variedad, no sólo está el gusto, sino también la totalidad de lo que requerimos para sentirnos medianamente estables.
Qué bueno es saber que una respiración lenta y profunda pero sin esfuerzo ayuda en los procesos metabólicos eliminando más fácilmente las toxinas acumuladas.
Qué bueno es saber que estamos compuestos por un alto porcentaje de agua y que a través de ella se producen comunicaciones electromagnéticas que transmiten todos los elementos que el organismo necesita para su correcto funcionamiento.
Qué bueno es saber, a propósito del agua, que necesitamos ingerirla diariamente para no recalentar o secar el organismo y así prevenirnos de diferentes enfermedades.
Qué bueno es saber que somos lo que comemos, pues nuestros tejidos están compuestos de los nutrientes físicos y energéticos que ingerimos en cada bocado.
Qué bueno es saber que comer no es igual a alimentarnos.
Qué bueno es saber que no sólo nos nutrimos de lo que entra en la boca, sino de toda aquella información que atraviesa nuestros oídos, nariz, ojos, tacto, pensamientos y emociones.
Qué bueno es saber que si masticamos lentamente, no ingerimos más de la cuenta, si evitamos hablar demasiado o, peor aún, discutir durante las comidas, respetamos nuestro cuerpo/mente, brindándole un mejor trato, y él nos responde ejerciendo sin sobresaltos sus funciones vitales.
Qué bueno es saber que si evito, hasta donde me sea posible, enfermarme, también ahorro tiempo, dinero y energía a las personas directa o indirectamente relacionadas conmigo como con mi salud.
Qué bueno es saber que alcanza con que nuestra comida diaria contenga variedad de colores para asegurarnos un buen porcentaje de vitaminas y minerales.
Qué bueno es saber que cuando comemos acompañados de personas con las que mantenemos buenos vínculos afectivos, mejor aún es el proceso metabólico de lo que ingerimos. Recordemos que, “no sólo de pan vive el hombre, y la mujer“.
Qué bueno es saber que a más productos envasados, más colorantes, más conservantes, más saborizantes... en fin, más químicos artificiales.
Qué bueno es saber que una marca impuesta por el marketing, la televisión y una buena cifra de dinero con el que inclusive se compran actores o personalidades reconocidas para “garantizarnos su confiabilidad” no es, en todos los casos, equivalente a buen alimento.
Qué bueno es saber que moderando las sales y los azúcares evitamos diversidad de enfermedades, como presión arterial alta, diabetes, colesterol, desmineralización, problemas articulares, etc.
Qué bueno es saber que a más natural y menos manipulado el alimento, menos trabajo le damos a nuestro organismo para digerirlo y más fortalecidos física como anímicamente nos sentiremos.
Qué bueno es saber que para la industria alimenticia, cantidad no es sinónimo de calidad sino de ganancias y, a más ganancias, menor calidad.
Qué bueno es saber, a propósito de lo anterior, que las manipulaciones genéticas de las semillas como de otros alimentos, también miden especialmente cuánto se puede producir y no qué daño potencial hay en ello.
Qué bueno es saber que en una maceta pueden crecer innumerables plantas culinarias sin la necesidad de depender total y constantemente de los caprichos y dictámenes de las empresas productoras de alimentos.






Qué bueno es saber que lamentablemente no todo el mundo posee la cantidad y calidad de alimento necesario para que de esa manera, a la hora de comprar los alimentos como de sentarnos a comerlos, lo hagamos de manera racional, conciente y moderada para evitar derrochar o desperdiciar más de la cuenta.
Qué bueno es saber y comprender que habitamos este cuerpo al igual que habitamos un hogar, pues de esa manera, tomaremos más recaudos para no permitir la entrada de visitas que pudieran provocarnos cualquier tipo de daño.
Qué bueno es saber que ese alimento que vamos a degustar llegó hasta nosotros por la profunda interrelación que existe entre todos los elementos que lo hicieron posible. El planeta, el agua, la tierra, el sol, otros humamos, etc.
Qué bueno es saber que al acceder a una información y experiencias adecuadas, nos convertimos en actores responsables de nuestras acciones y no en simples máquinas de devorar para luego, a la hora de sentirnos mal, echar las culpas del caso a cuanto médico o sistema de salud haya a nuestro alrededor.
Qué bueno es saber que no sabemos cocinar porque de esa manera tendremos una buena oportunidad de aprender y de involucrarnos creativa y concientemente con nosotros mismos a través del trato y manipulación de lo que luego vamos a comer.

Si algo o mucho de esto no lo sabías, comprobalo con tu propia experiencia y, si hay dudas, busca ayuda de la mano de profesionales competentes.

Publicado por Claudio


viernes, 9 de agosto de 2013

Zen en la cocina.



La cineasta Doris Dorrie, directora también de "Sabiduría garantizada", entre otras películas, acompaña en este documental, al maestro zen Eduward Espe Brown en sus conferencias, y en sus clases de cocina para comprobar que cocinar, o mejor dicho, saber cómo cocinar, es cuestión de cuidarse uno mismo y cuidar a los demás. El filósofo, escritor y maestro zen nos enseña la sensualidad de hacer pan, la filosofía de los rábanos y la serenidad de las zanahorias para ofrecernos esta delicia culinaria que muestra la sabiduría que encierran sus consejos prácticos.

Publicado por Claudio

viernes, 29 de marzo de 2013

Un gesto simple


Mezclar, amasar, unir.
Respirar...
Todo se combina cordialmente.
La pasta trae aires y sol de lugares entrañables.

El agua hierve, el vino late. Las cebollas, el orégano y los ajos no reniegan de mis manos.
El tomate reposa a corazón abierto.
El aceite de oliva perfuma de tierra madre, semilla y árbol los alimentos.

Ver el todo en cada color, en cada forma.
Respirar los aromas...
Saborear los jugos, las texturas.

Saborear es saborearse.
Saborearse es mucho más que conocer.
Saborearse es saberse ser.




Publicado por Claudio

viernes, 4 de enero de 2013

Éxtasis de tomate

Por Eduard Espe Brown

Todos tenemos la capacidad de degustar, de discriminar entre varios sabores, aunque tener la capacidad no significa que la ejercitemos debidamente...
...La capacidad para poner en palabras los gustos y sensaciones que vamos notando en cada degustación (como lo haría un catador de vinos o tés) acrecienta nuestra capacidad para gustar y reconocer los diversos sabores que vamos experimentando...




...Nuestra cultura nos dice que la comida es sólo comida, un tomate es un tomate (por muy sozo e insípido que sea), y aprendernos a no fijarnos en lo que es más importante: la vibración escencial del tomate.
Cuando no somos capaces de notar la vibración jugosa, lujosa y carnosa del tomate, en algún punto de nuestro interior nuestro "corazón" se enconje, nuestra suculenta fecundidad queda sin reconocer y sin ser llamada. También nosotros somos secos y harinosos y estamos deseando que algo nos abra, y nos haga vivir y fluir...

...Tengo que decirlo; se produce un éxtasis al comer tomate (absoluamente legal). Mi boca explota de luz solar, agua, cielos azules, retazos de nubes. Cantos de pájaros y zumbidos de insectos.
La tierra, ya sea roja, negra o marrón, o polvo amarillo, se ha destilado en pulpa, semilla y zumo. Mi cuerpo responde y se llena de vida. Sonrío.
Estoy en casa, un lugar salvaje y duro. Si un tomate puede ser un tomate, también yo quiero ser un yo mismo, con todos mis bichos y malas hierbas y barro inexplorado pero fertil.

Si un tomate es sólo un tomate, pues bien, nunca se conocerá este éxtasis, y en algún lugar muy dentro habrá apetitos sin colmar deseosos de ser alimentados. Los tomates sin un sabor distintivo, sólo agua rosa y carnosa, no satisfarán este hambre de vigor y vitalidad. La diferencia se puede saborear.
...Lo que no es "mensurable" tiende a pasarse por alto. Lo que es acusadamente humano, acusadamente individual, único, vivo, diferente, tiende a no ser reconocido, a no ser verbalizado.
Para mi, lo mejor es que los tomaes canten, bailen, que den volteretas en tu boca, que despierten tu corazón, tu alma, tu espíritu. Que se ofrezcan sermones, soliloquios y sonetos.

Eduard Espe Brown: Monje Zen ordenado por el maestro Shunryu Suzuky y Cocinero del centro Zen Tassajara en California, Estados Unidos, desde mediados de la década de 1960.



Receta:

Fuente de tomates con guarnición

Estos son algunos ingredientes que pueden realzar los tomates. Cada cual elija los que más les gusten.

Para 4 o 6 personas

900 Grs de tomates redondos cortados en cubos chicos o rodajas finas. Si es posible, conseguir tomates orgánicos, pues son los que ¡vibran!
De 2 a 4 cucharadas de Aceite de Oliva de primera prensada en frío.
Ajo (solo un poquito)
225Grs de Mozzarella fresca cortada en rodajas o tiras.
1/3 de acitunas negras
1/4 de nueces tostadas
1 cucharada de tomillo fresco o mejorana, picado.
Hojas de albahaca, cantidad a gusto.

Se puede preparar el alineo con el aceite, el ajo, las nueces  y el tomillo, todo bien picadito, para luego rociarlo sobre los tomates y la mozzarella.

Que la fiesta del tomate no se haga esperar.

Publicado por Claudio

viernes, 16 de noviembre de 2012

El universo en una manzana


Al momento de ver una manzana de seguro nadie que haya tocado o masticado una, podría dudar de qué se trata ese alimento u objeto. Sin embargo, me gustaría preguntarles: ¿cuándo vemos una manzana, es sólo una manzana?
 
 
 
 
 

Para responder la pregunta que escribo más arriba, les propongo hacer un ejercicio.

En este caso, practicaremos la atención plena a la hora de comer una manzana.
Es muy simple. En primer lugar, elijan una manzana cualquiera y sosténganla entre sus manos. A partir de este momento y durante unos pocos minutos, comenzaremos por llevar toda nuestra atención al acto de comer la fruta. Por lo tanto, deténganse y observen la forma y el color de la manzana evitando de ahora en más, cualquier comentario al respecto.

Luego cierren los ojos y permanezcan así hasta la finalización del ejercicio.
Continúen tocando la manzana y reconozcan su textura. Es muy importante hacer todo lo que aquí describo con calma, sin apuro.
Si bien es cierto que por estos días resulta algo difícil hallar una fruta que huela a fruta natural, debido a la sobre carga de pesticidas, agroquímicos y manipulaciones genéticas, lo que sigue en el ejercicio es olerla y así poner a trabajar un poquito el olfato, aunque la manzana carezca parcialmente de la fragancia que la caracteriza.

Acto seguido, van a darle un primer mordisco bien lento y pausado para que los labios, dientes y lengua tengan el tiempo suficiente para experimentar la sensación de ir llevando ese trocito de manzana a la boca. Escuchen el sonido que se produce al morder.
Una vez cortada con lo dientes una parte de la fruta y colocada dentro de la boca, déjenla allí por unos segundos. Sientan cómo van mezclándose los juegos de la manzana con la saliva. Eviten masticar rápidamente. Un ratito después, comiencen a masticar ese trozo de manzana varias veces paseándolo por toda la boca. Insisto, no traguen deprisa.
Por último, deglutan ese bocado sintiendo su recorrido por la garganta y el esófago directo al estómago.

Final del ejercicio.

Tras realizar una o varias veces éste ejercicio con la manzana o cualquier otro alimento, probablemente comencemos a comprender porque dije que el universo se encuentra sintetizado en ella; y es que la única manera en que puede producirse la existencia de estos alimentos es gracias a la tierra, el sol, el viento, el árbol proveniente de una semilla que a su vez surgió de otro árbol, el agua, los insectos y pájaros; los humanos que cultivan, cosechan y distribuyen los alimentos y toda una interminable lista de factores que, una vez más, ponen en evidencia la interdependencia; todo y todos nos necesitamos.

La contemplación y atención plena sobre nuestros alimentos, la forma y el modo en que los manipulamos y consumimos, nos abre a una conciencia no sólo saludable para nosotros mismos al lograr regular nuestro peso corporal y mantenernos saludablemente respetuosos y amorosos con la vida, sino también con el delicado equilibrio del planeta tierra.

Para finalizar, cada vez que tengan delante de sí un alimento, aunque no realicen la totalidad de este ejercicio, aprovechen la ocasión para degustarlo con la mayor atención posible.
Eviten comer mirando noticieros o cualquier otra imagen que perturbe los sentidos como también, no comer discutiendo o a las apuradas. Cuando comemos en un clima ameno y relajado, las probabilidades de que ese alimento nos indigeste, resultaran casi inexistentes.

Que comer no sea un mero acto automatizado en el que sólo nos interesa tragar lo que nos gusta sin medir que en ello va en juego nuestra salud. Sobre este punto alguna vez le pregunte a un grupo de mis alumnos: ¿dejarían las puertas de su casa abierta todos los días de par en par a riesgo de que cualquiera pudiese entrar en ella? Evidentemente la respuesta fue un rotundo no. Sin embargo, acote, si nos pensamos como una casa/cuerpo y la boca la puerta de entrada, ¿por qué dejamos entrar en ese cuerpo/casa casi cualquier cosa?

Para que el hambre no continúe siendo un flagelo mundial es necesario evitar todo tipo de desperdicio o derroche. Quizás, y vistas estas acciones en un plano individual nos parezca poco pero, multiplíquenlas por millones y verán la diferencia.

Que la próxima mordida a la manzana sea también, una jugosa ocasión para aprender a disfrutar de la vida.
 
Publicado por Claudio

viernes, 15 de junio de 2012

El sol en semillas


Mirar un campo de girasoles es siempre un deleite para los ojos y el alma, más aún cuando estos se destacan de entre millares de hectáreas plagadas de soja, soja y...






Cereales, semillas, granos... Hablemos un poquito de estos alimentos esenciales para nuestra salud.
Cereal proviene de la palabra Ceres, diosa griega de las cosechas, también conocida como “diosa buena”.
Los cereales son todos los granos que el hombre siembra y cosecha para su alimentación. La mayoría pertenece a la variedad botánica de las gramíneas y crecen en forma de espiga.
La historia de la humanidad corre prácticamente paralela a la de los cereales. Constituyó el alimento básico del hombre y hallamos referencias de estos que se remontan al período neolítico.

En nuestros días, la industrialización los ha manipulado hasta casi convertirlos, en muchos casos, en productos híbridos o carentes de sus nutrientes esenciales. No voy a explayarme al respecto, pero vale aclarar que, si algo tiene de valor para dichas industrias, no es precisamente la calidad del producto y sí el rédito económico que éste represente, de ahí que cuente más la cantidad que se produzca que su importancia nutricional. Por esta razón, se han refinado la mayor parte de los cereales, dejando únicamente el almidón. Y lo que es peor, en algunos agregaron vitaminas y/o minerales artificiales (¡¿?!).
Comer cereales integrales significa reconocer los valores de los granos y su importancia para nuestro desarrollo y mejor calidad de vida.



Cereales: Arroz integral – avena – cebada – centeno – trigo – maíz- mijo.
Quinoa – amaranto – kiwicha: estos últimos no poseen forma espigada como los demás, por lo que son denominados “pseudo-cereales”. De todos pueden obtenerse diversidad de harinas.

Veamos algunas de sus características y componentes:

Arroz integral: Compuesto de vitamina A y vitaminas del complejo B. Entre sus muchas variantes encontramos el arroz yamani o grano corto japonés. Posee menos almidón y es equilibrada su composición nutricional.
El arroz no posee gluten, por lo que es apropiado para personas celíacas.

Preparación. Una taza de arroz por dos de agua. Dejar cocer hasta que el agua se evapore.

Centeno: Es un excelente fluidificante de la sangre, flexibiliza los vasos sanguíneos y se recomienda en casos de hipertensión, arteriosclerosis y enfermedades vasculares.
Tiene un alto contenido en fibra y posee vitamina B. No contiene gluten, por lo que es difícil de panificar aunque no imposible.

Trigo sarraceno: Contiene 17 aminoácidos, especialmente lisina  y histidina, excelentes para el funcionamiento del sistema nervioso.
Alto contenido en ácidos grasos esenciales (vitamina F), fundamentales para la formación del músculo y las membranas celulares.
Hallamos también vitaminas, A, B, E, y P o citrina, que fortifica los vasos sanguíneos. Alto porcentaje en calcio, fósforo y flúor. Contiene vanadio, oligoelemento que actúa previniendo problemas cardíacos, ya que impide la acumulación de grasas en los vasos sanguíneos. Baja el nivel de triglicéridos y el colesterol. Es antianémico y no contiene gluten.
También encontramos el trigo burgol (está precocido) y el trigo candela, del que se extrae la sémola.

Preparación: Una taza por dos de agua. Tostar el grano en una sartén sin utilizar vehículo graso. Luego agregar agua y dejar cocer hasta que evapore.





Avena: Rica en proteínas y vitaminas del grupo B.
Aporta fósforo, potasio, magnesio, hierro y calcio.
El 80% de las grasas de la avena son insaturadas y contienen omega 6. Posee fitoesteroles que ayudan a bajar el colesterol. Es un cereal ideal para la diabetes, pues su fibra favorece la absorción de los hidratos de carbono, siendo hipoglucemiante.
Ideal para hipertensión, trastornos cardíacos, problemas digestivos y un excelente nutriente de las células cerebrales.

Mijo: tiene un alto valor proteico, siendo a pesar de todo alcalino.
Contiene hierro, calcio, fósforo, potasio, sodio, magnesio, zinc, manganeso y vitaminas A, B y PP.
Al poseer buenas cantidades de fósforo, ayuda a quienes padecen depresión nerviosa, astenia y cansancio intelectual. El magnesio que contiene es un buen fijador del calcio.
Es energético, revitalizante, digestivo y diurético.

Dato curioso sobre la ingesta de este generoso alimento: Los Hunzas son un pequeño pueblo que habita en el Himalaya, en el extremo norte de Pakistán (Asia) y tiene como cereal básico el mijo.
Son grandes longevos y no conocen el cáncer. Viven en condiciones óptimas y se ha comprobado que se enferman gravemente sólo cuando abandonan su lugar de origen.

Preparación: Una taza por cuatro de agua. Dejar hervir y luego a fuego lento cocinarlo hasta evaporar el agua revolviendo para que no se pegue.







Quinoa: Es altamente proteico y con una equilibrada proporción de aminoácidos, mayor que los otros cereales. La Nasa eligió la quinoa como alimento nutritivo por excelencia para sus viajes espaciales, teniendo en cuenta que por sí sola puede proveer una dieta balanceada.
Es ideal para diabéticos, ancianos, convalecientes y regímenes hipocalóricos.
Es antioxidante y anticancerígeno.
Está compuesto por vitamina B, incluido el ácido fólico; C y E.
Minerales que contiene: Calcio, y un 95% de hierro.

Preparación: Una taza por dos de agua. Lavarlo previamente con un liencillo, ya que es una semilla muy pequeña. Esto se hace para evitar que desprenda durante su cocción una espuma blanca que lo hace amargo. De todas maneras, los granos de quinoa que hoy se venden ya tienen el proceso de lavado.

Amaranto: Esta semilla fue muy importante para los Aztecas al punto de considerarlo sagrado debido a su alto valor energético.
Aún no siendo el amaranto un cereal, contiene muchas de las sustancias nutritivas de estos.
Su valor proteico es de un 75% debido al contenido de un aminoácido llamado Lisina.
Aporta cantidades significativas de calcio, hierro y magnesio.
Es ideal para el sistema nervioso, la parte ósea y el metabolismo en general.

Preparación: Idem Quinoa.

La cebada: Lo que encontramos más frecuentemente es la cebada perlada. Es altamente nutritiva, aporta vitamina A y vitaminas del grupo B.
Tiene calcio, fósforo, hierro, flúor. Ideal para las anemias y los huesos.
Contiene un mucílago que lo hace ideal para quines padecen problemas digestivos. También se aconseja su consumo para las vías biliares y urinarias por favorecer su drenado.
Tiene un PH muy elevado, por lo que ayuda a mantener el organismo en equilibrio.
Beneficia el buen funcionamiento del sistema nervioso.

Preparación: Una taza por dos de agua. Dejar cocer hasta que se evapore, si se la prefiere seca, o retirarla antes de que el agua reduzca por completo para consumirla húmeda.

El maíz: El choclo fresco del cual se consumen sus granos es considerado una hortaliza. Por esta razón, se combina bien con los demás cereales, las legumbres y las féculas.
Es rico en vitaminas A, E, y algunas del grupo B, sobre todo, ácido fólico.
Contiene magnesio, fósforo, hierro, selenio (antioxidante). Ideal para deportistas por su alto valor en magnesio.
Mantiene depurada la sangre, por lo que es ideal para quienes tienen colesterol alto y trastornos cardíacos. Mejora el pelo y la piel.

Por último, de su multiplicidad de usos, vale saber que todos los cereales combinan muy bien con verduras, tanto crudas como cocidas.


Fuente consultada: Nueva alimentación, nueva vida. Autora: Silvia Ridner. Edit. Edicol


Publicado por Claudio



viernes, 27 de abril de 2012

La vida en colores

Como es de suponer, no precisamos ser expertos en nutrición para saber si estamos ingiriendo los nutrientes necesarios, por eso les incluyo esta guía básica, sencilla y práctica con la cual reconocer los valores alimenticios a partir del color de las verduras y frutas. El color de los alimentos se relaciona con la composición química y las propiedades nutritivas.



verde
Aportan pocas calorías y tienen un gran valor alimentario por su riqueza en vitaminas (especialmente A, C, el complejo B, E y K), minerales (en especial el calcio y el hierro) y fibra. Además dejan en el organismo un residuo alcalino. El color verde se debe a la presencia de la clorofila. Ej: lechuga, escarola, repollo, "diente de león", achicoria, berro, acelga, espinaca, manzanas verdes, kiwi, etc.

Amarillas/naranjas:
Estas verduras son ricas en caroteno, sustancia que favorece la formación de vitamina A. El caroteno se aisló por primera vez a partir de la zanahoria, hortaliza a la que debe su nombre (en inglés “carrot” y en francés “carotte”, significan zanahoria). En este grupo se pueden mencionar además de la zanahoria, el zapallo y el choclo amarillo. ZANAHORIA: rica en sales minerales (calcio, hierro, silicio, potasio, sodio, fósforo y magnesio) y vitaminas A, B, B2, C, D, E y K. Posee propiedades alcalinizantes. ZAPALLO y CALABAZA: Alimento rico en vitaminas, fósforo y calcio. Incluiremos también, naranjas, zapallos, durazno, mango, etc.

Rojas:
REMOLACHA: Hortaliza rica en azúcar y en sales minerales (hierro, magnesio y potasio).Debe su color a una sustancia llamada antocianina Las hojas de la remolacha también son comestibles, agregadas a las ensaladas o bien cocidas (en torrejas, tartas). TOMATE: Rico en vitaminas A, B, C, es un alimento catalizador y remineralizador. Debe su color a un compuesto llamado licopina. Es uno de los vegetales que contiene mayor riqueza de sales minerales asimilables (contiene alta proporción de potasio).

Blancas:
LA CEBOLLA: Además de vitaminas y sales minerales (azufre, fósforo, silicio, hierro, calcio, magnesio, sodio), la cebolla contiene hormona vegetal que actúa de manera similar a la insulina. Ajo: Su consumo produce aumento de las secreciones gastrointestinales. Es diurético, desinfectante, descongestionante, expectorante, vasodilatador, antiparasitario. Contiene vitamina B6, C, entre otras. Es abundante en minerales, como el manganeso, fósforo, potasio, calcio.

Azules:
Ayudan al corazón y previenen el cáncer, entre ellos figuran: las berenjenas, moras , arándanos, uvas negras, uvas pasas, ciruelas normales y secas.

Tubérculos:
PAPA O PATATA: La papa contiene abundante fécula y algo de albúmina de fácil digestión. Contiene vitamina C y algo de vitamina A y B. Cocción: lavar y cepillar las papas, sin cortarlas ni pelarlas, se ponen al fuego con la cantidad de agua necesaria para cubrirlas. Se pelan antes de que se enfríen. También pueden cocerse al vapor. Actualmente, debido al uso de insecticidas, recomendamos lavar muy bien la papa y pelarla. LA BATATA: Composición y valor alimentario similar al de la papa, las amarillas contienen más vitamina A.

Para una completa alimentación y, como ya mencioné en otro artículo de este mismo Blog, es recomendable agregar a nuestras comidas: frutas, cereales, semillas, legumbres, huevos, algas, miel, y aceites de primera prensada en frío.

Recordemos que la unidad se manifiesta en la diversidad, y si no, los invito a mezclar en una ensalada toda la variedad de colores posibles y después, me cuentan. Buen apetito.

Nota: La lista está intencionalmente incompleta para que cada quién sume lo que necesite a base de combinar y probar.

Fuente consultada: Alimentación-sana.org

Publicado por Claudio

viernes, 20 de enero de 2012

Que la verdulería sea tu farmacia



Que la verdulería sea tu farmacia o, lo que sería lo mismo, que tu alimento sea tu medicina.
Sin pretender desestimar el uso de remedios cuando sea muy necesario, lo que intento mostrar con estas frases, muchas veces oídas o leídas, es la posibilidad que tenemos de tomar los alimentos con una actitud preventiva, amén de nutricia y placentera. Para que esto se pueda realizar, permítanme sugerirles algunas recomendaciones.

1. Comer sólo cuando se tenga hambre y beber sólo cuando se tenga sed. Es una buena manera de evitar carencias o excesos.

2. Evitar el desperdicio de alimentos y líquidos. Consumir sólo lo que se va a comer es una manera de ser solidarios con los que menos tienen.

3. Evitar, en lo posible, los alimentos contaminados con colorantes, conservantes, edulcorantes o aquellos que tienen insecticidas. Estos aditivos se encuentran en frutas y verduras no orgánicas, embutidos, conservas, gaseosas, aderezos, enlatados y en todo producto envasado.

4. Consumir alimentos siempre frescos y preferentemente orgánicos: frutas y vegetales de estación; vale que siempre recuerdes la estación en la que están disponibles cada uno para evitar ingerir alimentos madurados artificialmente. *

5. No ingerir alimentos ni demasiado fríos ni demasiado calientes; eso provoca malas digestiones.

6. Hacer las 4 comidas diarias; el índice más claro de una alimentación correcta está en no sentir hambre de 4 a 8 horas después de cada comida.

7. Cenar liviano, recordando la frase que dice “desayunar como reyes, almorzar como burgueses y cenar como mendigos”.

8. Caminar después de comer; eso ayuda a la digestión y, sobre todo, por la noche. Si no nos es posible caminar, tratar de cenar dos o tres horas antes de irnos a dormir.

9. Masticar lenta y cuidadosamente cada bocado es el primer paso para lograr una buena digestión. No olvidemos que los alimentos comienzan su proceso de metabolización en la boca a través de la insalivación.

10. Evitar los nervios y el estrés a la hora de las comidas que, por ejemplo, nos provocan los noticieros o las discusiones; sólo concentrarse en la comida y disfrutarla.






Un exceso que podemos tratar de evitar es no querer hacer todo lo que aquí les escribo a un mismo tiempo porque, como es de esperar, resultará dificultoso. Por lo que les propongo elegir un punto de la lista y arrancar por ahí, dándose el tiempo suficiente para que se pueda realizar la elección tomada y luego, seguramente, se podrá ir agregando lo restante e incluso, aplicando nuestra creatividad, sumar otras actitudes también saludables.

Si bien cada quien debe medir su propio ingreso económico a la hora de comprar, es bueno recordar que se es más inteligente, si por inteligencia entendemos hacernos y hacer el menor daño posible, que al momento de gastar lo hagamos pensando en productos de óptima procedencia, calidad y sustentabilidad ecológica y no acabar derivando lo ahorrado en medicamentos y tratamientos médicos más costosos aún.

La cantidad, calidad y forma de alimentarnos es una tarea que podemos realizar con respeto y concientemente. Elegir los alimentos, prepararlos, ofrecerlos a nuestros seres queridos o a nosotros mismos con igual amor y agradecimiento, teniendo presente que nuestro cuerpo se construye a partir de ese alimento, tanto por sus componentes biológicos como por el agregado afectivo con el que los manipulamos y cocinamos.

* Leer en este mismo Blog en: Cocina Zen: Dieta vegetariana.

Publicado por Claudio

viernes, 18 de noviembre de 2011

Nuestro reloj biológico



Somos energía. Energía que se mueve, respira, habla, piensa, siente. Energía que a su vez interactúa con el entorno, con el cosmos. De ese intercambio, nuestra relación con los alimentos juega un papel fundamental. Por esta razón, es preciso señalar que ser moderados en nuestros hábitos alimenticios es esencial para preservar la salud. Ir hacia dicho equilibrio precisa, entre otras cosas, comprender cómo funciona nuestro reloj biológico.

Muchos habrán notado que hay momentos del día en que nos sentimos más activos, como por ejemplo durante la mañana, o menos propensos a realizar actividades como sucede por la noche. Sin embargo, sé que algunos dudarán de esto al argumentar lo contrario, que por la mañana resulta más dificultoso hacer cosas y que por las noches tienen más “pilas”.
Sin desacreditar el modo particular en que la energía se manifiesta en cada ser humano, lo cierto es que hay veces en que esto sucede así por alimentarnos incorrectamente, alto consumo de medicamentos, no descansar lo suficiente e ingerir poca cantidad de líquido, agua más que nada, como la exposición a la polución ambiental, entre muchas otras causas.

Toda la actividad del ser humano está signada por los ritmos. El tiempo de actividad-reposo, el ritmo en el funcionamiento de cada órgano, esto es, apropiación del alimento, asimilación y eliminación, ritmo de vigilia y sueño, etc.
Por ejemplo, la medicina tradicional china nos cuenta que los pulmones tienen, al igual que el resto de los órganos y vísceras, horarios donde su funcionamiento energético es más activo. En el caso de estos, es entre las 3 y 5 de la madrugada. Observemos que cuando los pulmones están trabajando con una respiración calmada y profunda, del mismo modo será el sueño que mantengamos; por el contrario, cuando nos despabilamos, que suele ser justamente dentro de ese horario, puede estar significando que la energía en los pulmones no está circulando correctamente.
Entre las 5 y 7 horas de la mañana, el meridiano de mayor actividad es el del intestino grueso, permitiendo la eliminación de toxinas de nuestro cuerpo. Por esta razón, se sugiere que el desayuno contenga principalmente frutas de estación, jugos y cereales para ayudar con la eliminación. Es más, observen que en muchas ocasiones nos levantamos con la necesidad de comer algo específico y, esto es así, porque el cerebro y nuestro organismo están atravesando una situación energética por la cual precisa de un alimento particular para así regular sus funciones vitales.
Del mismo modo cabe esta interpretación para cada órgano. Muchas veces hemos sabido de ataques de asma por la madrugada o problemas cardíacos en horas del medio día, que es cuando ese meridiano, el del corazón, está en circulación, o no poder parar la ansiedad que se presenta a última hora del día, producto de un hígado hiperactivo, cuyo horario principal es de 23 a 1hs, impidiendo así la relajación y el buen dormir.

Hoy, damos más importancia al reloj de pulsera que al biológico, al punto de sentarnos a comer más porque el reloj lo indica que porque tenemos hambre. Tampoco nos levantamos al alba ni nos acostamos al caer la noche, con lo cual acabamos estableciendo un lógico desequilibrio que trae, como consecuencia, diversidad de desarreglos y enfermedades. Otra comprobación del funcionamiento de dicho reloj biológico se da cuando viajamos a países lejanos y nos encontramos al comienzo de la experiencia, desorientados, confusos y con cierto agotamiento; o, cuando se modifica el uso horario adelantando o retrasando el reloj por causas de ahorro energético. Si nos vemos afectados por alguno de estos hechos, notamos que cada uno requerirá de un tiempo de adaptabilidad hasta poder moverse con naturalidad.

Escuchar a nuestro cuerpo se ha vuelto poco habitual. Actuamos mecánicamente atendiendo más aquello que el médico nos dice que lo que el cuerpo expresa. No son pocas las personas que suelen decir: “tengo que tomar dos litros de agua por día porque el médico me lo recetó”, en lugar de reparar en el hecho de que el cuerpo, compuesto de agua en un 75%, nos pide recuperar el gasto que se produce a lo largo del día a través de la orina, la respiración, como al hablar.
La energía y la sangre se hallan constantemente en todas las partes del organismo. Lo que varía es la cantidad y la calidad. El ritmo de la circulación no admite pactos, no es aleatoria sino que está en función de la actividad biológica del ser humano y de su relación con la naturaleza.
En este sentido, somos responsables de haber alterado y destruido ese ritmo, manipulando la naturaleza a nuestra conveniencia y sin medir los resultados a corto, mediano o largo plazo. Como antes indicaba, no nos levantamos con el sol ni nos acostamos entrada la noche; se come por gula, ansiedad o vicio y en estados mentales alterados, cuando no acompañando la comida con la lectura del diario, la netbook o mirando el noticiero, más que por entender lo vital de una nutrición saludable. Nutrición saludable que incluye comer en un clima de tranquilidad, silencio, música agradable o rodeados de personas con las que se pueda mantener un diálogo afable y ameno.
En los últimos tiempos, ha aumentado, por lo menos aquí en la Argentina, la cantidad de gente que come por la calle, en el tren o el ómnibus, sumándole a todo esto lo desnaturalizado de una buena parte de dichos alimentos (colorantes, conservantes, edulcorantes, etc.).




Una ayudita para poner en hora nuestro reloj biológico

Por la mañana, es importante higienizar bien la boca, la cara y los órganos genitales, si es posible con agua fría, ya que así estaremos ayudando a incrementar la energía circundante. Tomar agua natural en ayunas favorece el movimiento peristáltico en los intestinos e hidrata el cuerpo luego de las horas de sueño. Si nuestro desayuno es acompañado por tisanas, que éstas sean tonificantes – los té sedantes se recomiendan para la noche.
Desde el mediodía y durante las primeras horas de la tarde, lo aconsejable es tener una dieta proteica – legumbres, huevos, pescado, siempre frutas y verduras – y, a medida que nos acercamos a las horas nocturnas, reducir las cantidades de alimentos para darle lugar al hígado a que realice el proceso de purificación de las toxinas acumuladas y así obtener un mejor descanso. A propósito, recordaba aquello de: “en la variedad está el gusto” y también, parafraseando, vale decir que en la variedad se encuentran todos los componentes nutricios que precisamos para establecer una correcta alimentación (hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, minerales, grasas insaturadas, agua). Escuchar el cuerpo requiere del aprendizaje de su lenguaje sensorial y así, cada vez tener más claro lo que nos está contando y necesitando para poder acompañar su “tic-tac” más naturalmente.

Nuestro reloj biológico se ha roto, pero siento que todavía no es demasiado tarde para tratar de recomponerlo; habrá que cambiar las piezas nacidas de una mentalidad separatista y materialista de vincularnos con la vida por una mente amorosa, comprensiva y compasiva, en síntesis, integradora. Lograrlo depende de nuestro sincero y genuino interés en ocuparnos de ello.
Hoy contamos con mucha más información, medios y herramientas que pueden ayudarnos a ir encontrando nuestro justo medio, como se dice en el budismo; un justo medio que no alcanzaremos si no incluimos en la tarea la consideración hacia los demás seres sintientes con quienes cohabitamos.

Fuente consultada: Silvana Ridner – Nueva alimentación, nueva vida - Edicol


Publicado por Claudio

viernes, 23 de septiembre de 2011

La energía justa


En diciembre del año 2008, participé por primera vez de una “sesshin” o retiro de meditación zen. Cuando supe cómo iba a ser el organigrama de actividades de esos tres días y que la alimentación era básicamente vegetariana, mi mente no tardó en echar leña al asunto disuadiéndome de no asistir, argumentando que “iría a pasar hambre”, que “no sería suficiente comida”, tomando en cuenta que la jornada en un sesshin comienza a las cuatro de la mañana, o cuestionando “¿si me quedo con hambre, qué hago?”, etc., etc., etc. Temores infundados, más si tomaba en cuenta que llevaba una dieta vegetariana desde hacía muchos años y, sobre todo, porque no había estado nunca bajo la experiencia de una práctica intensiva de varios días.
Diluidos los miedos, comprobé que, lejos de “morir de inanición”, todo lo que se nos ofrecía era más que suficiente para el desgaste energético que se iba generando a lo largo del día.

Este año 2011, en un nuevo sesshin que se realizó en el mes de mayo, tuve la oportunidad de conversar con un monje zen. La charla se dio durante la merienda del último día, cuando el tema volvió a ser la alimentación y nuestra relación con ella.
Aproveché para comentarle lo ocurrido durante aquella sesshin, a lo que él señaló lo habitual que suelen ser esa clase de pensamientos para quienes conviven por primera vez bajo esas pautas. Pero más relevante fue cuando le mencioné que la sensación real que tuve al ver la comida dentro del cuenco, y sobre todo luego de haberla comido, era la de haber consumido la energía justa; el monje sonrió y dijo: así es, los “oryokis” o cuencos donde se sirven los alimentos, nos recuerdan tomar sólo lo que vamos a consumir, la energía justa, como acabas de decir.

Elegir los alimentos, manipularlos, cocinarlos y luego ingerirlos evitando su desperdicio es también hacer “zazen”. Todo está en cómo hacemos lo que hacemos y no sólo para qué o por qué.
La atención en las formas, colores, sabores, texturas, como en los utensilios que usamos, permiten vincularnos íntimamente en el acto de cocinar y comer; recordemos que volvernos íntimos con el hacer es la esencia de la práctica zen. Sin embargo, esta postura no se adquiere sin una mente equilibrada y serena. Entendamos que no es suficiente con colmar nuestros sentidos si nuestro estado mental está alterado, pues, tarde o temprano, esta actitud se verificará cuando nos veamos rodeados de objetos sin que ninguno llene verdaderamente nuestras necesidades. Podemos tener poco, pero con la mente en paz, no faltará ni sobrará nada.

Por otra parte, adquirir el alimento no es posible sólo porque poseemos el dinero para comprarlo, también es preciso que consideremos que para que ese plato de comida se encuentre delante nuestro, se hace imprescindible el aporte del sol, el agua, la tierra, el aire, los antepasados humanos que descubrieron el modo de cultivarlos, cosecharlos y crear tanta variedad de comidas, entre muchos otros factores. En pocas palabras, eso se llama “ley de interdependencia”. Comprender esta ley nos permite tener con la comida un trato más ecuánime, cuidadoso y agradecido. Una mente que comprende el funcionamiento de esta ley natural es, sin dudarlo, una mente verdaderamente ecológica.

No es mi intención colocar la comida dentro de un marco de religiosidad rigurosa, o peor aún, usar la culpa como estrategia para su valorización como ha sucedido a lo largo de buena parte de nuestra cultura judeocristiana; por el contrario, lo que busco es que podamos recuperar el sentido sagrado que ésta tiene al ser un aporte generoso y esencial para nuestra existencia y la de los demás seres.
Hoy el mundo se debate entre la sobre alimentación y la desnutrición. Razones por demás importantes para revisar cómo y de qué manera nos ocupamos de tratar los alimentos. Reitero, y pido disculpas por hacerlo, pero es nuestro estado mental condicionado el que debe ser indagado, porque es ese determinismo el que produce alguna de estas dos difíciles y dolorosas realidades. A modo de ejemplo, recuerdo a mi abuela preparando artesanal y amorosamente lo que comíamos, porque ése era su estado anímico y mental, en comparación con las comidas desnaturalizadas por el exceso de químicos que actualmente se consumen. ¿No es acaso esto el resultado de una mentalidad, también desnaturalizada?

Volviendo a aquel sesshin del 2008, recuerdo que, sentado delante del cuenco, mirándolo, sintiendo los aromas que desprendían los alimentos y paladeando lenta y silenciosamente cada bocado, es como obtuve la claridad para comprender lo que ahora les relato.
Nosotros, seres humanos, somos hijos de la maravillosa danza entre el cielo y la tierra. La gestación corporal y mental en retroalimentación constante. Dando, recibiendo, creando, destruyendo y volviendo a crear infinitamente.

Publicado por Claudio