lunes, 14 de junio de 2021

Buda, Mara y la tierra



Justo antes que Siddhartha Gautama, se iluminara, sucedió que fué tentado por Mara y atacado por sus monstruos, mientras estaba sentado bajo el árbol Bodhi el que aún no era Buddha, no se movía. 

En las tentaciones finales, Mara, le exige que deje su sitio, que se vaya y clama: ""La tierra en la que el Buddha se sienta, me pertenece"".

El Buddha tocó la tierra y le dijo a ella que era su testigo y proclama que todas las cosas son de Buddha y no de Mara. En otras palabras un poco diferentes, Mara reclama el sitio de la Iluminación para si mismo, diciendo que sus consejos espirituales son mas grandes que los de Siddhartha.

Los soldados de Mara exclaman juntos :"" Yo soy su testigo!!""

Mara reta a Siddhartha: ""¿Cuando hablarán por tí?""

Es entonces es que Siddhartha alcanza y toca la tierra con su mano derecha.

La tierra ruge : ""Yo soy su testigo"" .

Mara es derrotado. La estrella de la mañana se eleva al cielo, Siddhartha realiza su iluminación y se convierte en Buddha.

El despertar del Buddha tiene su propio testigo en sí mismo: ""Yo y todos los seres de la tierra hemos sido iluminados al mismo tiempo"".

El Buddha tocando la tierra con su mano derecha y la tierra que le testifica, es el símbolo de que nosotros, seres humanos, estamos arraigados y conectados en lo material del cuerpo y de la mente.

Nuestra realización espiritual, amanece y va madurando, solo cuando nosotros reconocemos nuestro propio arraigue y conexión. Tierra implica Humus que en latin está relacionado a la humildad.

Somos criaturas de la tierra y nuestra liberación no está separada de la tierra, del cuerpo y sus asuntos...La mano izquierda del Buddha descansa sobre su regazo teniendo un cuenco. Esto simboliza nuestra interdependencia, nuestra interconexion, nuestra comunidad. Nuestra interrelacion con todos los seres humanos y con todos demás seres.

Nuestra realizacion espiritual y liberación, no puede estar aparte de nuestras relaciones y dependencias.

Como humanos, somos seres encarnados, y es en y por medio de nuestra naturaleza encarnada,en relación, que realmente despertamos y volvemos a casa, a nuestras raices.

Despertar es regresar a nuestro padre y a nuestra madre: El inmenso y vacío cielo, (Vacío), y la humilde y venerable tierra, obscura y hermosa.

En toda esta historia del Buddha, Mara y la Tierra, el diálogo es fundamental. Es central en nuestra sanación y completa el despertar. Es el diálogo que uno descubre en sí mismo, que nos reconcilia con uno mismo, con los otros, con la tierra, con el mundo y lleva a la liberación y a la iluminación.

Hakuin Zenji canta alegremente: 

"Nirvana está justo delante de tus ojos

Este mismo lugar es la Tierra del Loto!

Este mismo cuerpo, es el Buddha."

Publicado por Daniel Shodo

lunes, 7 de junio de 2021

La Escritura terapéutica y creativa

La relación comienza con la escucha: Lo que llegan no son meras palabras, es sonido, vibración, frecuencia emotiva; energía en letras que entrelazadas, cuentan más que su sentido etimológico, dicen, aquí estoy, aquí estamos, conversando, manifestando al ser mamífero y tierno, al ser racional y reflexivo. Aquí estamos, vivos, latiendo y respirando el universo por los poros y siendo el universo quien nos respira a su vez; el universo  mirándose a sí mismo en los ojos de ese otro en el que, de una u otra manera, también me reconozco. 




La relación se vuelve más íntima aún, cuando al escribir, de puño y letra, al que visitamos en su hogar, no posible para el resto del mundo, es al niño interior, el guardián de la llave que abre las puertas al ser que somos o, supra consciente; Al escucharlo amorosamente, deslizándose por la tinta, nos relata una historia que aunque provenga de allá lejos, es ahora, porque, no hay más tiempo que el ahora donde siempre nos estamos narrando. Comprenderlo por la vivencia de volcar a la hoja lo que emana de uno, es cuando la página en blanco pierde su tez fantasmal, ese abismo insondable se revela el útero desde donde nos parimos, desde donde volvemos a nacer de trazo en trazo.

Escribirnos en la piel y la sangre es una ceremonia, un ritual ancestral que inició con el verbo primigenio, el OM que siglos después, se plasmo en tablillas de arcilla, papiros, cuero y piedra.
Todo un llamado desde los confines de la galxiaa o desde las cavidades del corazón en este irrepetible instante; de este diminuto punto y coma. Y es que en verdad, se trata del mismo texto escrito una y otra vez, unidos por un cordón tejido en la osucra noche de la infancia perturbada por la aparición del Daimon, que, aún tenebroso en apariencias, es, a fin de cuantas, la chispa divina, el ánima o espíritu revelado, el relámpago en medio de la tormenta que permitió vislumbrar mucho más que un trozo de papel en un cuaderno de escuela, Fue cuando el vendaval amainaba y el sol volvía del olvido de los pueblos, que mostro en toda su inmencidad delante de mí y, en mí mismo, el océano sin medida invitándome a una travesía donde el destino no se presenta hasta que atracamos; bueno, casi, porque aún gozosos de haber llegado al epílogo de nuestra vitacora, en el fondo sabemos que siempre queda margen para navegar otro buen rato, por las aguas de ese pliego blanquecino para volcarnos en sus entrañas tanto, cuanto seamos capaces de aventurarnos.
Escribirnos, no es echar tinta sobre una hoja y nada más, es despojarnos del velo de la ignorancia, es develar  la sabiduría encarnada que nos trasnmitieron los Maestros y Maestras de todos los tiempos y confines del cosmos.
Daniel Shodo

Taller de Escritura terapéutica y creativa, TODOS LOS VIERNES 19Hs por Zoom
Coordina Daniel Shodo
Informes en http://claudiodanielrs62@gmail.com 

miércoles, 12 de mayo de 2021

Humanidad, la historia nunca contada.


Los invito a ver éste video de una hora de duración con datos sobre la humanidad que, probablemente, no conozcan y que puede ayudara entender mejor éste momento en el que nos encontramos.
Gracias
Daniel Shodo

miércoles, 21 de abril de 2021

No soy patria, no soy matria, soy...

 


¿Será éste el kairos, el instante oportuno, la chispa de la genialidad divina, donde estas mentes maceradas a puro temor o vicio, al fin se atrevan, como Ulises u Odiseo, a partir, luego de una victoria no menos humana que cualquiera, hacia su Itaca, tras dejar ciego a Polifemo, al comprender la ceguera propia; arremetiendo los infiernos del canto de sirenas, los mares embravecidos de toda confusión egoica y, dejando a orillas de la melancolía y el desamor, cada quién a su Edipo, a su Elektra?

¿Quién será el Aión, el niño anciano, el no tiempo, que le quiebre a Kronos su reloj inapelable y pétreo, le oxide su tiempo lineal como daga de una vida efímera y de la muerte fáctica?

¿Quién se entregará a lo eterno, más allá de este cuerpo y sus mezquindades o, permanecerá en un sin fin de deseos y placeres, como una serpiente que se muerde la cola; lamiéndose las heridas de un samsara interminable?

¿Quién será capaz de matar a su padre, sepultar a su madre, a Dios, a Buda y a cada ilusoria creencia, hasta descubrir que no caerá a los infiernos del Dante, si se lanza a la travesía de Ser Eso?

¿Ser Eso? Si, pero, no si antes no es uno mismo quien corte y ensamble los maderos, quiebre su ignorancia al cargarlos, forje sus propios clavos, lacere la piel y la carne (nunca el alma) se crucifique a sí mismo y mirando hacia la mente inexpugnable y, con el último aliento, antes de morir a la nada insípida, diga: “me perdono porque hasta hoy, hasta este alumbrado día, nunca antes, había sabido lo que hacía. 

Resucitado este Ser, a los píes de la bienaventuranza, manifiesta, en unívoco silencio; YOSOY, Eso...

Daniel Shodo



martes, 6 de abril de 2021

De la peste a la Confianza divina

Sin Pestis, no hay Pistis. Sin Pistis, no habrá Emunah, sin Emunah no habrá Sophia y sin Sophia, no nacerá una nueva humanidad.



Explicación:
Cuando hablo de ESO, no hablo de Él, ni del hombre histórico. Menos aún de las ideas fantasiosas de quienes esperan que vuelva y los "salve". Mucho menos hablo de las mentiras argumentativas de quienes sólo anhelan ambición y poder. No; cuando hablo de ESO, hablo de lo que somos como esencia divina (esencia que no puede nombrarse, porque se limitaría a otra idea parcial de la realidad, a otra trampa del Ego) esencia que aún no se percibe y menos se comprende debido a que todavía imperan en la mente del hombre/mujer, los viejos paradigmas de: "Si pero...", " es difícil", "no puedo"; "Es lo que hay" (resignación). "Aquí ando, tirando o, en la lucha", "; No sé", "no tengo o no debo o, ¿sí debo?"; "El que sabe o puede es el otro porque estudio"; "Empiezo el lunes". "No es para mí, (aunque no ha probado; sólo es una creencia)
Mientras estos y otros dichos se mantengan, (con lo trascendente que es la palabra a la hora de crear realidad, "Y Dios dijo y se hizo"...), debido a lo muy aferrada que continúa la mente a la creencia de que la realidad sólo sucede afuera y por eso, se vive para el afuera, se espera todo del afuera y se está nada más que dilapidando energía vital para ese afuera, entonces, de continuar acumulando estas creencias, no habrá nueva humanidad. Por tal razón la Pestís se llevará a los que sólo han vivido para el ego, los apegos, para sus sistemas de creencias, el miedo, la ignorancia y la ambición desmedida.
De tal modo que, cuando hablo de ESO, ESO en realidad, es lo que habla. y dice: La Pestis (peste o contingencia) trae la oportunidad de redimirnos y perdonarnos (sin lugar para la culpa) para ir hacia la Pistis, la CONFIANZA, (lo que ESO, transmitió para que aprendamos a generarla en cada uno y no, la Fe; nuevamente ir para afuera o sea, hacia un futuro inexistente con una mente mendicante que crea ansiedad y ceguera. (Los laboratorios crean la enfermedad y luego se espera que ellos, traigan la cura, por ejemplo).
ESO nace y se manifiesta cuando SOLTAMOS, porque dejamos ir, agotamos lo irreal es decir, todo cuanto hace o haga a los viejos paradigmas. Si la Pistis o CONFIANZA DIVINA surge, entonces, es porque comprendimos que ESO, ha de emanar (Emunah) en cada uno, desde el centro del corazón, del ojo que todo lo ve y lo comprende, de modo que el Saber, bañando cada átomo y célula de la vida en todas y cada una de sus formas y no formas, se torna Sophia, Sabiduría.




La sabiduría es y será el alma de la nueva humanidad, siempre que cada uno haga su tarea de ir hacia adentro de cada uno. Insisto, el trabajo es profundamente interior y sólo interior. Sugerencia: No buscar las respuestas en las prácticas espirituales, en el Yoga, el Chi kung, la meditación, reiki, NO. (nada de malo hay en todo eso, ¿si? .Sucede que el desconocimiento de dónde se comienza el camino, lleva a la creencia que las respuestas están en esas prácticas, pero no, no es por ahí, es por dentro de cada uno para poder ver, comprender, aceptar y DEJAR IR, todo cuanto ha moldeado nuestra vida, los paradigmas del poder, saber, tener y deber que durante siglos delegamos en otros y que de no recuperarlos, no será posible esa nueva humanidad.
Escucharse y observar cómo los pensamientos traen esos viejos sistemas anquilosantes que no permiten evolucionar.
YOSOY, Yo emano el PODER de crear mi realidad, porque CONFÍO en las capacidades que TENGO y en las que el Universo envía una vez que está claramente enunciado el camino a trazar. Confío en el SABER que nace con cada experiencia consciente y porque ese es mi DEBER o misión en esta vida, en este cuerpo. SER ESO.
Daniel Shodo
Nota: Texto basado en experiencias propias y en los "Once pasos de la magia de José Luis Parise"

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miércoles, 31 de marzo de 2021

Ser alguien. Ser eso.



En la práctica de meditación de esa mañana, apareció un muchacho nuevo entre los muchos practicantes habituales Al finalizar la práctica, el maestro lo diviso y mirándolo desde el fondo de su Ser, pregunto: ¿Y tu quién eres? a lo que el muchacho, presuroso, contesto pronunciando su nombre. 

El maestro contesto: "no te pregunte cómo te llamas; te pregunte quién eres".

El novicio, algo más incómodo por la situación, buscó en su mente la respuesta apropiada, más por no pasar verguenza que por que supiese qué contestar. Sin embargo, a cada cosa que refería sobre su persona, el maestro refutaba con un: "no te pregunté de dónde eres, a qué te dedicas o, a qué has venido, sólo pregunte, ¿Quién eres?" Un silencio no descriptible se apodero del recinto; minutos después, todos se levantaron de su sitio y abandonando la sala para continuar con las actividades del día; el joven iniciado, se alejo mirando el suelo.

Al nacer, no somos alguien. Estamos vacíos de cualquier contenido cultural, ideológico, creencia o costumbre. Algo que dura poco, como es de esperar, si lo vemos en un sentido práctico; ese vacío que es nuestra presencia existencial, es llenada por todo cuanto haga al acerbo étnico y cultural en el que hayamos nacido.

Como digo, que portemos un nombre, una nacionalidad o una lengua, no es el problema; después de todo, nos serán útiles para, como mínimo, sobre vivir y desarrollarnos en este mundo material.

El proceso arranca cuando desde la primera infancia, ya se nos comienza a instar en que "debemos ser alguien" si deseamos ser reconocidos o valorados, de lo contrario, de no atender los mandatos sociales que de nosotros se esperan, la mirada que se nos echará podría conminarnos al desprecio, la indiferencia o, incluso, ser tildados de locos si no cumplimos con las normativas que nos "aseguran ser vistos como normales" Los condicionamientos suelen dar una plataforma, sobre todo, para quienes aún no saben qué quieren de su vida, mientras se dejan amoldar por lo establecido. Lo cierto es que, no son estas personas las que hacen la diferencia con la que pueden abrir las puertas a la evolución sino, las que siguen a su corazón y se echan a la mar de la vida para cumplir su misión, con aquello que han venido a aprender y enseñar. Misión que muchas veces se convierte en un faro para que tantos más se vistan del coraje necesario y crezcan.

Básicamente, la carencia esencial de amor con la que mucha gente es criada, fortalece estos aspectos negativos de la persona los que, de no corregirse, lo pueden condenar a una vida de sufrimiento e inestabilidad emocional la que infructuosamente se busca compensar con objetos, dinero o fama.

El problema, en verdad, es cuando caemos en la sutil trampa de, "soy lo que hago o, soy lo que tengo". Esto es, identificarnos con quién creemos ser y entonces, muy seguros de saber "quiénes somos", andamos por la vida sin siquiera imaginarnos que, en realidad, ese que decimos ser, es sólo una máscara (persona). Una figura con la que nos mostramos ante los demás. El carnet de identidad.



Volvamos a la relación maestro discípulo. 

Habiendo pasado ya varias semanas del primer encuentro, el discípulo pidió al maestro una entrevista para poder indagar sobre este asunto, a lo que el maestro accedió.

Cuando estuvieron juntos, el aprendiz volvió sobre el tema, porque lo intrigaba e incomodaba descubrir que quién creía ser, y todo lo que a ese ser pertenecía, al parecer no era así  y dijo: ¿Quién se supone que soy?  ¿Puede usted decirme, Maestro? Cuestionó, con un dejo de intranquilidad

El maestro comento: No hay manera alguna de que yo o alguien, pueda contestar a esa trascendental pregunta, estimado alumno. En primer lugar porque, toda pregunto sobre uno mismo, nadie más que uno la puede llegar a responder. Segundo, si la pregunta no nace del fondo de tu alma, mejor descartarla porque, sin notarlo, será una artimaña más de tu ego que, temeroso de no tener el control, buscará una respuesta que lo satisfaga aunque, no será otra cosa que una faceta más de sus otras muchas.

Sin embargo, cuando tu mente, calmada de siempre andar queriendo, pensando y desando algo más se aquiete, cuando dedicado completamente a lo que en ese momento estés haciendo, si la pregunta de, "quién soy", llegase a emerger, entonces, dejala que se pasee por todo tu cuerpo, no la interrumpas apresurando definiciones que tu cerebro nunca podrá darte. Simplemente, hace de la pregunta tu práctica. Come con ella, dormí con ella, medita con ella, lava tus ropas sintiéndola pero, sin buscar nada.

Si la revelación llega, no dependerá de tu voluntad sino, de tu entrega. Entrega significa, completa confianza en Eso, En la Budeidad, El Tao o Dios. Entrega que se aprende a realizar a partir de tu práctica de meditación diaria. Sin meditación, no te será posible trascender el personaje o la persona.

Un personaje que puede darte ciertas alegrías o satisfacciones, por qué no. Probablemente un buen trabajo, una pareja amorosa, hijos, acomodada posición social. Eso si, si aún teniendo todo lo que tu persona anhela, un día cualquiera sentís el vacío llamándote, no te demores, deja momentaneamente todo cuanto te ocupe y sumergite en ese vacío, en tu sí mismo. Mira, comprende y acepta a esa persona que decimos ser. No la culpes de lo que no pudo hacer de otra manera y con el tiempo de habitarte atenta y conscientemente, quizás, un buen día descubras que tu persona, más y mejor afinada, como un bello instrumento, ya no es la que "manda", desde el temor, la culpa o el rencor, por así decirlo y sí, tu Ser. 



"Ser alguien" conscientemente, a los fines cotidianos o, el traje que portamos y con el que nos movemos por la vida diaria sin ya ocuparse de nada más que de tus asuntos responsablemente y en paz con vos mismo y tu historia personal, es lo que sucede cuando hemos atravesado las creencias, los hábitos o costumbres y ahora, centrados desde el Ser, simplemente somos. Somos sin adherencias partidarias de algún tipo porque hemos aprendido a ir más allá de pertenencias limitantes. 

Somos a partir de saber que, como el gran Maestro decía: "Estamos en el mundo sin ser del mundo".

Estamos en el mundo y en un cuerpo que, conscientemente está pasando. Pasando, aprendiendo y dejando ir en completa gratitud.

Maestro: "Cuando tengas hambre come", "Cuando estés cansado, descansa" "Cuando sientas lo que sea que sientas, sentite". Sin expectativas, sin deseos, sin querer algo o controlar alguna cosa. Solo SE.

Daniel Shodo

martes, 16 de marzo de 2021

La calma y el estrés dan un paseo



Una mañana bien temprano, la calma invitó al estrés a dar un paseo. El estrés, presuroso, como de costumbre, acepto preguntando, ¿a dónde vamos y qué hay para hacer ahí?

La calma respondió con una leve sonrisa y se echó a andar. A los pocos minutos el estrés volvió a preguntar, ¿a dónde vamos?

No sé, respondió la calma sin prestarle mucha atención ¿no te agrada lo que ves? El estrés la miró frunciendo el ceño y contestó: pero, ¿Qué sentido tiene caminar sin rumbo fijo y para no hacer nada o no ganar algo?

La calma continuó caminando con tal decisión que el estrés, tentado por el desafío de ver si la convencía de encontrarle sentido al paseo, la siguió unos pasos más atrás, pero ahora, un tanto más molesto.

El enojo del estrés no se hizo esperar pues, como todo estrés que se precie de tal, no concibe la vida sin metas ni expectativas -  no voy a seguir con tu juego porque todo esto es una pérdida de tiempo, ¿a quién se le ocurre caminar por caminar sin un propósito? -  protestó airado -

La calma prosiguió a paso cansino respirando, mirando todo a su alrededor. Incluso, por momentos, se detenía largo rato para apreciar el cielo, los árboles, los pájaros y sonreía agradecida por tanta belleza, lo que irritaba aún más al estrés que, por no declinar en su lucha por doblegarla, le siguió el tranco no sin objetar cada una de sus acciones. Ella, pese a los berrinches y amenazas constantes que recibía, no se dejó amedrentar y continuó andando.

Algo más tarde y viendo que la calma nunca perdía su esencia a pesar de los muchas artimañas que el estrés buscaba imponer, éste optó por increparla y mirándola directo a los ojos comenzó a vociferar: ¿De qué vale una vida sin lucha, sin esfuerzos, sin doblarse la espalda hasta alcanzar la gloria y que todo el mundo te mire orgulloso por haberlo logrado? la calma, sin perder la calma, preguntó: ¿A eso llamás vida?  Acaso, ¿Sos de los que creen que sólo vale la pena vivir si es con el sudor de tu frente que te ganarás el pan? ¿De los que nada más conocen de vivir como se les ha educado, moldeado según el sistema de creencias y nunca, como el corazón llama? - Concluyo -

¿Y qué otro modo hay de ser exitoso en esta vida si no es saliendo a pelarlo todo, a competir y llegar a cada sitio que nos propongamos? -  exclamó el estrés con mucha furia .y esperando una respuesta que lo declare vencedor, pero, inesperadamente, noto que la calma le devolvió la mirada con dulzura, lo cual desconcertó al estrés pues, no encontró en esos ojos ni un gramo de incomodidad, mucho menos, de enfado. Convengamos que el estrés sabe más de ojos serios, inquisidores y centrados en su presa, que nada que se pareciese siquiera un poco a ese mirar que ella le ofreció.  



La calma se tomó unos instantes y echando mano de su experiencia y como dijese un viejo sabio, sentenció: - imagina por un momento que hayas logrado poseer cada centímetro cuadrado de esta tierra y todos sus tesoros, Que seas amado e idolatrado por toda la humanidad y que no te haya quedado absolutamente nada por ganar, ¿Qué harías luego? y, sabiendo que un día morirás, ¿a dónde te llevarías todas tus propiedades y pertenencias? Esas palabras cayeron con la contundencia de un rayo y por primera vez, en todo el paseo, el estrés enmudeció; su rostro se empalideció y una sensación de vértigo y sudor frío, lo envolvió hasta el desmayo.

Quizás fue la falta de hierro, el factor sorpresa o, simplemente, que empezó a sentir los dolores y pesares del desgaste, de la energía de la ira que lo condujo a la tristeza y a un miedo que no lograba controlar. Lo cierto es que por primera vez, el estrés quedó tan shockeado por la impotencia de no saber  qué respuesta dar, ante lo incontrastable de la realidad y el amor incondicional que la calma emanaba que, apenas atino a quedar inmóvil, como un niño desamparado bajo un vendaval.

De repente, lo sacudió una sensación de no saber quién era, ni dónde ubicarse en este mundo, ahora sin rumbo fijo conocido, ni exigencias o mandatos que cumplir, lo que propiciaron las condiciones naturales para que, luego del sopor y el mareo, el estrés soltara toda resistencia y se animase, por fin, a dejarse ir. 

Ante el hecho consumado, el estrés echó mano de un último intento en la partida y como quien añora algún pasado lejano que ahora y por el agobio del presente, lo recuerda con un dejo de romanticismo y deseo prometedor, pensó: "qué bueno si estuviese de nuevo allí, donde todo era controlable y seguro, en lugar de seguir los pasos de alguien que vive sin sentido ni propósito" Luego se hundió en un sueño profundo y reparador, como hacía meses, quizás años, no experimentaba.

La calma lo tomó en sus brazos y como el niño que alguna vez fue, él se sintió conmovido por un amor que los miedos, el resentimiento y el orgullo mal habido, le habían dejado tirado en un rincón muy oculto en su Ser.



La calma, en un gesto de misericordia, lo invitó a sentarse a la orilla de un lago y le preguntó: ¿Qué ves?

Agua,  contestó él, con una sensación de pérdida. Simple, ¿verdad? Agua siendo agua; como la vida, siendo vida, ¿Qué más? - replicó la calma y agrego: - podes ocuparte de cuanto necesites, quieras o gustes, pero, si en ello te va la vida y la salud. Si te aleja de tu centro, del amor verdadero y te debilita en lo humano, volviendo lo simple en complicado y fácil en engorroso, ¿tiene sentido buscarle utilidad a todo, para no gozar del sosiego y nunca abrazar la emoción de dejarse mecer por la existencia?

¿Y qué sentís, al ver el lago?  - Preguntó la calma - 

Tardo en contestar porque noto que las palabras no eran suficientes para explicar que todo su ser, ahora más liviano y sin tensiones, comenzaba a regocijarse en la serenidad de ese paisaje y entonces, lloró. Rompió sus defensas, esas que lo protegían pero que a su vez le impedían SER y lloró. Lloro largo rato sus propias aguas, y a medida que las lágrimas se amontonaban en su rostro, en sus labios, lo conmovió observar que ahora él se había vuelto calma, la misma calma que lo había acompañado durante todo el viaje pero que, ganado por sus implacables deseos de triunfo y satisfacción, jamás le permitieron percatarse de que, en realidad, su sí mismo, la calma, siempre había estado en él, aguardando el momento donde todo fuese propicio para nacer, por segunda vez, como se suele decir para indicar que hemos dado el paso correcto hacia el despertar de la consciencia. Nacer a un estado mental y emocional más elevado, donde el amor de verdad habita y nos habita y desde donde todo se torna más pleno y claro.

 Feliz por el salto y el coraje de darlo, el entonces estrés, río ampliamente complacido del maravilloso descubrimiento que había debajo de una gruesa capa de ignorancia y heridas nunca antes sanadas, 

Algo más repuesto del parto, miró a su lado y observó que la calma, ya no ocupaba un cuerpo, un sólo espacio sino, que donde volcase sus ojos, ella, allí estaba porque en verdad, donde él fuese, la llevaba.

Daniel Shodo