viernes, 28 de junio de 2013

Preguntas...

Estas dos preguntas se encuentran incluidas en el libro "Preguntas a un maestro zen" Cuyo autor fue el Maestro Taisen Deshimaru.

El libro capta el ambiente de un "Mondo" (Mon: pregunta, Do: camino o respuesta) ... a la vez jovial y profundo, libre y grave. Es una selección de los textos más significativos de una cantidad de documentos recogidos durante doce años de mondo o encuentros con el maestro Deshimaru.





¿Qué lugar ocupa la tradición en el zen?

El zen a respetado y ha protegido siempre la tradición. Esta tradición ha continuado desde la época de Buda y el Zen nunca se ha desviado de ella. Pero por otra parte el Zen crea sin cesar, se adapta a todos los lugares y a todos los tiempos. Continuamente se mantiene fresco como un  manantial. ¿Cuál es la tradición? Es difícil de explicar ya que se trata de la naturaleza de Buda.
Es la esencia del espíritu lo que se transmite a lo largo de los siglos, de Maestro a discípulo, más allá de las palabras, “I shin den Shin”, de mi alma a tu alma. El Zen ha cambiado a menudo de lugar. Pasó de la India a China, de China al Japón y del Japón ha pasado a Europa y hoy a America. Siempre necesita tierra virgen para desarrollarse. Huye del formalismo y de la esclerosis religiosa. Los Maestos Zen han quemado a veces la estatua de Buda para educar a sus discípulos. En este dojo hay una estatua de Buda muy bella. Yo siempre me inclino ante ella con gran respeto. ¿Por qué? ¿Porque es Buda, porque cuesta dinero? Pero de hecho es a vosotros a quienes saludo ya que vosotros sois Budas vivientes cuando practicas zazén. No debéis equivocaros. El Zen está más allá de todas las religiones. Buda es solamente un nombre.
Lo único importante es el zazén. Durante el zazen sois Budas.






¿Cuál es la razón de los ritos?

A veces son necesarios. No somos animales. Todo puede ser enseñado a través del comportamiento, de los ritos. El rito materializa el estado de espíritu del que lo realiza. La forma del rito no es importante. Pero a través de los ritos yo puedo educar el espíritu interior de mis discípulos. No conozco los ritos europeos. Conozco profundamente los ritos Zen, por eso los utilizo. Soy un monje Zen no puedo enseñar los ritos cristianos. La forma no es tan importante. Un monje Cristiano que sea profundo puede educar sin duda a través de los ritos. Los grandes monjes educan siempre con ritos. Los ritos tienen influencia sobre la conciencia.
Un buen profesor de escuela debe observar siempre atentamente el comportamiento de sus alumnos. Los educadores no son tan buenos en la época moderna. Solamente enseñan el saber.
Los grandes educadores observan el comportamiento de los niños. De esta manera les puede enseñar a actuar correctamente.

Taisen Deshimaru Monje Zen - (1914 - 1982)


NOTA: Que las preguntas que aquí comparto, no se vuelvan un dogma sino, una motivación para que cada quién realice las suyas.




 Publicado por Claudio

















viernes, 21 de junio de 2013

¿Entender o comprender?

Buda dijo:

“Puedo dar mis enseñanzas en pocas palabras. Puedo enseñar en detalle. Son aquellos que entiendan los que son difíciles de encontrar”





¿Entender o comprender? Preguntó mi maestro en ocasión de tratar de aclarar ciertos conceptos acerca de la práctica de zazen. Entender, acotó uno de mis compañeros, puede ser visto como un proceso intelectual que no requiere necesariamente de la experiencia para  poder conocer de qué se trata un asunto determinado, mientras que comprender, agregó, sí requiere de la vivencia de una acción específica aunque, algunas veces, no logremos entender ni explicar lo sucedido. Esto último se explica por sí mismo si aceptamos que no hay modo de contar a ciencia cierta una experiencia porque, aunque encontremos las palabras más precisas para relatar el hecho, siempre quedará incompleto nuestro testimonio por lo limitado que resulta el lenguaje en comparación con lo vivido.
Por lo tanto, y en relación a la frase dicha por el Buda, quizás resulte más dificultoso hallar a quienes puedan y quieran comprender, o lo que se entendería por poseer la voluntad, la perseverancia y la disciplina en aprender, sabiendo poner el cuerpo, que a aquellos a los que les resulte más accesible el entendimiento racional, pero que, a diferencia de los primeros, nunca podrán hablar con autoridad de lo ocurrido, pues tan sólo estarán limitados al campo de la lógica y lejos de los sentimientos que se obtienen cuando entramos en la vía de la práctica budista de cuerpo entero.

Sin embargo, sepamos que entender (la teoría) y comprender (la práctica) tienen que ir de la mano para poder transitar un aprendizaje completo.
Cuando digo teoría, no hablo únicamente de la literatura existente sobre la vía búdica, también sumo como parte de dicha teoría a cada pregunta u observación indagatoria que podemos formular a cada instante de atención y concentración puesta sobre nosotros mismos, tanto en la soledad de cada sentada de zazen o meditación, como en la relación que establecemos  con el resto del mundo. Por consiguiente, es durante la práctica donde también reside lo teórico, en este caso a modo de pregunta o cuestionamiento. En sentido inverso, es la teoría o la lectura de ciertos pasajes escritos por maestros y maestras de diferentes épocas y lugares, donde surge el interés por comprobar lo que esos textos mencionan como hechos probables de ser vividos durante la práctica diaria de zazen.





Pese a todo lo que aquí menciono, he visto durante los últimos años en los que me avoqué más asiduamente a la práctica de zazen que la principal motivación para atender a la necesidad de incluir en la vida diaria la práctica de la meditación nace cuando verificamos amargamente que se nos han acabado las salidas rápidas y que, por lo tanto, necesitamos encontrarnos responsablemente con nosotros mismos como, seguramente, no lo habíamos logrado hacer hasta ese momento. Lo primero es aceptar ese estado de sufrimiento o falta de plenitud. En segundo lugar, alcanzar una comprensión clara y fértil de cuáles son las causas de tamaña insatisfacción. Tercero, la certeza de que es posible hallar la “cura” o método que consiga mudar nuestra realidad presente y luego acceder al cuarto paso o cuarta noble verdad, como el mismo Siddharta Gautama Buda las proclamara hace casi 2500 años. Cuarta noble verdad, que es lo que se conoce como el óctuple sendero. Un sendero de ocho ¿recetas, podríamos decir? Que, de practicarlas, pueden acabar por convertir las flechas en flores, la oscuridad en luz o la insatisfacción en dicha.
Esos ochos senderos son: Visión correcta (las cosas como son, sin el velo de la interpretación egocéntrica), pensamiento correcto, palabra correcta (aquí incluiremos el silencio como acción correcta y siempre que sea más importante que cualquier palabra que se quiera pronunciar), acción correcta, modo correcto de ganarse la vida (que el dinero conseguido no sea causa de sufrimiento en los demás), concentración y atención correctas (aspectos medulares de la meditación), esfuerzo o intención correcta.
Si miramos atentamente cada uno de estos senderos, notaremos que con sólo transitar por uno de ellos, también lo estaremos haciendo por todos los demás.
Desde un punto de vista psicológico, se trata de un intento de cambiar patrones de pensamiento y conducta.

El cambio se alcanza al comprender que todos los estados emocionales encuentran su origen en la mente. La mente es su fundamento y son creaciones de la mente. Si uno habla o actúa con un pensamiento impuro, entonces el sufrimiento le sigue de la misma manera que la rueda sigue la pezuña del buey.

El origen se encuentra en la mente. La mente es su fundamento y son creaciones de la mente. Si uno habla con pensamientos puros, la felicidad le sigue como una sombra que no le abandona jamás. Dhammpada Buda.

En cuanto a la palabra correcto, tengamos en cuenta que no implica un sentido moral de bueno o malo o fórmula a ser aplicada en toda circunstancia, sino a una actitud que sólo puede estar supeditada al momento presente para que en ese momento se logre decidir qué y cómo hacer, evitando el dañarnos y dañar a los otros lo menos posible. Es decir, la atención y concentración nos mostrará el qué y el cómo de cada instante y la responsabilidad que ello trae tanto por la acción en sí, como por sus consecuencias inmediatas o a largo plazo.





Podemos entender tanto estos conceptos y principios como el hecho de que todo está en constante estado de cambio o que cada uno de nosotros interdependemos de todo lo demás, pero, y retomando la frase de inicio, podemos concluir que, aunque el maestro esté, aunque sus palabras sean claras y sencillas o complejas y laberínticas, no será suficiente para alcanzar tal saber si el alumno no se sumerge de cuerpo entero en la vía, ávido por comprender la propia mente. Por todo esto, es que no importa tanto cuán inteligentes o no seamos siempre que hagamos la práctica de la vía de buda desde lo más profundo de nuestro corazón.

Publicado por Claudio



viernes, 14 de junio de 2013

La meditación y el ombligo

Basado en el texto de Mario Staz de su libro: “El cuerpo y sus símbolos”





Entre los monjes de la Tebalda primero, del Sinaí después y finalmente del Monte Athos, solía practicarse la omphaloscopia o, dicho en otros términos, la contemplación del propio ombligo. Con el tiempo, pasar horas mirándose el ombligo fue visto como sinónimo de pereza o una manera de “perder el tiempo” en lugar de desarrollar una actitud productiva y útil, conceptos nacidos, sobre todo, durante la era industrial donde todo tenía que servir para algo. Análogamente, hoy día, esta práctica continúa bastante vigente entre buena parte de nuestra sociedad aunque, en un sentido opuesto, es decir, mirarse el propio ombligo o su versión virtual, el celular, se ha vuelto una actitud que, lejos de buscar a través de la contemplación silenciosa y profunda una conexión con la divinidad, tal el sentido que se le daba en la antigüedad a dicha práctica, acaba exacerbando el individualismo y la desvinculación con los demás a pesar de que el sobre esfuerzo por escapar de los otros que, también soy yo, los lleve a encallar sus naves naufragando ineludiblemente en las aguas de la desolación y pidiendo a esos otros, antes ignorados o incluso despreciados, el salvavidas que los rescate de la agonía de sentirse parias o desmembrados del todo.

Volviendo sobre el tema, digo: la contemplación del ombligo fue llevada a cabo por diversidad de hombres y mujeres de las más variadas culturas y épocas, debido a la comprensión de que a través de su sello se enlazaban unas a otras las generaciones, al mismo tiempo que su posición en el medio del cuerpo señalaba el número de oro de los equilibrios emocionales. El número en cuestión es el 69 que se refleja en los pliegues que la piel hace en el ombligo.
Permítanme detenerme brevemente en la frase “equilibrios emocionales” pues es en la zona del abdomen y con la ayuda inestimable del músculo diafragma al momento de respirar que los líquidos corporales, o humores, encuentran el movimiento necesario para hacer circular la energía física, mental y orgánica, tanto sea para hidratar y nutrir al cuerpo en su conjunto como para excretar las toxinas. Por lo tanto, las emociones, lo que equivale a decir “energía en movimiento”, sólo pueden expresarse sin trabas cuando la respiración se realiza con calma y profundidad, y en dirección descendente, facilitando la expresión de dichas emociones por sus causes naturales.
La respiración embrionaria practicada por los Chinos en el Taoísmo también aparece representada en el ombligo como el punto donde se manifiesta lo que se da en llamar el medio justo que es la respiración entre el afuera macro y el adentro micro. Por este motivo, la respiración intrauterina resulto necesaria para recuperar un equilibrio orgánico a la vez que metafísico.





A través de la práctica de la omphaloscopía, los ascetas griegos y rusos lograban acceder a su corazón y con el tiempo veían en él, tras la repetición del mantra Kirie eleison “Señor ten piedad” el rostro sol de Jesús. Es de esta práctica que nace, tanto en Oriente como en Occidente, el uso del cinto iniciático o el cordón emblemático como símbolo de que uno está ligado al Creador y que trabaja para religarse (unirse) nuevamente a Él.
Recordemos que desde la óptica de la Medicina Tradicional China, este centro del cuerpo es conocido con el nombre de Tan tien, Dan tian, o Hara, en japonés. Y que, no coincidentemente, se conoce la existencia de un meridiano que rodea a modo de cinturón la zona lumbar y el abdomen denominado Chong mai.
De todo lo expuesto en este último párrafo, resulta indispensable aclarar que la meditación, todavía en nuestros días, es más una secreta aspiración umbilical de “centrar” la vida que de regresar al útero materno.
Meditamos para aprender a concentrarnos en la autoobservación e indagación y, en ese aprendizaje, redescubrimos las raíces orgánicas del medio justo representado por el ombligo.
Acerca de la relación con el ombligo y la meditación, en la Kabala judía, la palabra Tabur (ombligo) se forma de “Tab” cuyo sentido es hilo, hermoso, bueno, agradable, etc. y “Ur” significa montaña o cerro, y que al unir ambos vocablos da como resultado referencias a la experiencia de acceder a la luz tabórica o divina.

El ombligo es nuestro sello natal, el centro de simetría a partir del que, siguiendo en ello a los meditadores bizantinos, es posible reconstruir una filiación espiritual con el recorrido de la eclíptica solar a lo largo de los meridianos de nuestro propio cuerpo.

En la llamada evolución biológica, y cuando pasamos de la etapa procariota a la eucariota o células con núcleo, en ese mismo momento se sientan las bases aún misteriosas de lo que la palabra centro o eje representan en el interior de nuestras atónitas mentes.
Una mente que, por más denodada que se vuelva su intención de hallar dicho centro, no lo conseguirá pues, paradójicamente, no hay un punto central único alrededor del cual gira la vida o el universo. Como agua por los resquicios de la tierra, la búsqueda de dicho centro se filtra y se nos escapa de la mente racional cuando se parte de la idea de que hallaremos en un solo lugar todas las respuestas, o lo que sería lo mismo, a Dios o el Tao. Esto me recuerda a la fábula en la que un pez anciano intenta explicarle a un pez más joven que “el todo” es el agua en la que él nada a diario, a lo que el pez joven responde: ¿qué agua?
El ombligo, en última instancia, es sólo una holografía de ese “Todo” que, cuanto mucho, podrá darnos una llave de acceso hacia la comprensión de que, posiblemente, seamos tan siquiera, una brizna de polvo de un desierto inconmensurable, que no es lo mismo que decir la nada, o el todo mismo vislumbrado a penas en un pestañeo.






Para finalizar, el ombligo, el abdomen, el monte de Venus, es también una zona erógena, fértil, no sólo por la capacidad de crear una vida o varias, o de despertar al éxtasis que libera a la mente del yugo material, sino como otra forma más de concretar el antiguo deseo de unión con lo supremo, o en todo caso, la ambición de encontrarnos en un lugar común para celebrar lo extraordinario.

Publicado por Claudio

viernes, 31 de mayo de 2013

La vida de Buda




Este documental sobre la vida de Sidarta Gautama Buda, fue realizado en el año 2010 por el cieneasta David Grubin y narrado por Richard Gere. El documental viene a traer un aire fresco y posible de respirarse, sobre todo, en un momento tan convulsionado como el que hoy atravesamos de tanta antinomia y polarizaciones ideológicas que, lejos de aclarar, oscurecen. Momentos que, a nuestro pesar o no, son el resultado de una lucha denodada entre los viejos paradigmas verticalístas, separatistas y proclives a esgrimir el miedo y la culpa con elque durante siglos ostentaron su poder y, los nuevos modos de pensar, sentir y vivir la vida, La vida en un mundo de horizontalidad, inclusión, resposabilidad sobre cada acción, palabra y pensamiento tomado. Un mundo, como el mismo Buda señalaba, donde nadie es más que un todo en miniatura que sólo puede existir en interrelación y cambio permanente.

Publicado por Claudio

viernes, 24 de mayo de 2013

Analogías III




Es importante tener en cuenta que el hombre es el resumen del universo, es decir, un microcosmos, y que por esa razón está sometido a las leyes que rigen dicho universo. Como bien decía Paracelso, “como arriba es abajo y como abajo es arriba”. El Tao, acerca de este concepto, sostiene que el ser humano es el resultado de la unión de la energía del cielo con la energía de la tierra. De alguna manera, y amén de las diferencias propias a cada realidad, esta analogía entre lo micro y lo macro, también lo destaca la Física cuántica, como bien lo mencioné en la entrada anterior.

Algunos ejemplos: El ritmo según el cual vive nuestro cuerpo es la reproducción del ritmo cósmico. El gran año cósmico consta de 25.920 años terrestres y las respiraciones del hombre, a razón de 18 por minuto como promedio, son 25.920 por día.
El día cósmico corresponde a 72 años terrestres, lo que equivale a la cantidad media de 72 pulsaciones por minuto en el ser humano. 
El ritmo zodiacal de 25.920 años se debe a una ligera inclinación de la tierra sobre su eje. Esta inclinación alineada con cada constelación lleva a que la Tierra atraviese cada una de ellas en un tiempo estimado de 25.920 años, o lo que se conoce como eones o eras. Actualmente, estamos saliendo de la era de Piscis y entrando en la de Acuario.

En el corazón, se refleja la disposición cósmica del Sol; en los pulmones, la de la Tierra.
La pequeña circulación (corazón-pulmón) se compara con el ritmo terrestre (las cuatro estaciones), y la gran circulación (corazón – organismos) se compara con el ritmo sol zodíaco; esto se refiere a los ciclos relacionados con la actividad estelar. El ritmo más observado es el undecenal, cuyo período está próximo a los 11 años. Los seres en los que se manifiesta más claramente este ciclo es en los árboles, en cuyos anillos de crecimiento se detecta el crecimiento estacional en un período de 11 años.
El ritmo cardíaco (72 pulsaciones por minuto promedio) es cuatro veces más rápido que el ritmo respiratorio (18 por minuto promedio), pues los pulmones reciben la sangre que sale del corazón, así como la Tierra recibe los rayos del Sol desde cuatro posiciones diferentes, según las estaciones del año.
Además en el adulto, el corazón no está en posición vertical, sino oblicuo hacia la derecha como la inclinación terrestre. 





Los cuatro elementos (fuego – tierra –agua –aire) o los cinco que considera la Medicina Tradicional China (estos cuatro más el elemento madera, relativo al mundo vegetal) no son sólo simbólicos, pues es fácil comprobar que estamos constituidos de ellos, a saber: agua en un 75%, oxígeno y minerales, calor corporal, cuya temperatura promedio para mantener saludables todas nuestras funciones vitales es de 37°, y músculos, tendones y huesos como constituyentes del elemento tierra. El oxígeno, el hidrógeno, el carbono y el nitrógeno comprenden el 96% del cuerpo humano. Por otra parte, recordemos que los cuatro compuestos químicos del ADN son: adenina, guanina, timina y citosina. 


En un plano más simbólico, y tomando como ejemplo uno de estos elementos y su relación con los pulmones, me estoy refiriendo al aire o metal, para la MTC, paso a relatarles, brevemente, porque para los Egipcios, estos órganos tan vitales fueron llamados “el árbol de la vida”, ya que al observarlos y conocer sus funciones, acaba resultando más que válida su analogía.





Para los egipcios, el color blanco grisáceo de los pulmones estaba asociado al amanecer y por su laberíntica estructura a la Luna de Toth; gracias a su humedad, con las aguas del río sagrado, el Nilo. Pero era sin duda a causa de su forma de árbol invertido que los sabios veían en él la provisoria morada del Osiris resurrecto, dios de la vegetación y la inmortalidad. Como se creía que los demonios eran los causantes de las enfermedades y estos habitaban las aguas pantanosas, por oposición, se veía en los bosquecillos plantados por los jardineros reales sitios de recreo ideales para respirar a gusto brisas saludables.
En ellos, el árbol interno, formado por los pulmones y los bronquios, se ponía de acuerdo con las especies externas: limoneros, laureles, palmeras.
Por último, los egipcios constataron, mucho antes que Paracelso y los médicos del Renacimiento, que la mayoría de las veces, las enfermedades entran con el aire que respiramos.


Aquí me detengo. Como me sé un apasionado de estos temas, si me dejo llevar por ello, acabaría escribiendo páginas y páginas, pero mi interés es motivar la curiosidad de quienes leen este texto, no sólo para que se adentren en ellos y descubran otras analogías, sino para que al tomar conciencia de lo medular que es nuestra vida con la vida de la tierra y el cielo, nos volvamos seres verdaderamente ecológicos y respetuosos de la vida en todas sus muchas manifestaciones, empezando, justamente, por casa, o sea, por nosotros mismos.

“Si el hombre es la concentración del mundo, el mundo, por contra, es la dispersión del hombre”. Proverbio Sufi 

Fuente consultada: "El cuerpo y sus símbolos" Autor: Mario Satz - Edit Planeta
                              "Aromaterapia" Autor: Pablo Salomone - Ediciones Continente

Publicado por Claudio


viernes, 17 de mayo de 2013

Analogías II


Budismo y Física cuántica





Tras siglos de observar y de relacionarnos con la naturaleza como entidades materiales y separadas entre sí, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, la Física cuántica vino a romper con el viejo paradigma como única verdad posible y sustentable. Verdad que, por cierto, moldeó, al menos en Occidente, la vida de la humanidad en todos y cada uno de sus, no casualmente, compartimentos (política, salud, sexualidad, economía, cultura, etc.)

Si para la religión judeo/cristiana y musulmana, la vida se explicaba haciendo alusión a un Dios creador, para la Física clásica (Platón, Newton, Descartes, Bacon, entre otros), las cosas podían explicarse a partir de algo separado de nosotros con un tiempo y espacio absolutos, donde los cuerpos evolucionaban según leyes precisas y deterministas; en tanto que para la Física cuántica y los hombres que se adentraron en ella (Einstein, Planck, Bhor, Schrodinger, Heinsenberg, etc.), lo que denominamos como objetos o sujetos aislados no pueden ser divisibles o separados de todo lo demás, incluido el universo en su conjunto, pues estamos frente a una realidad que nos muestra que no existen de un modo definitivo objetos o sujetos con sustancia propia, sino relaciones de interrelaciones que se manifiestan en un estrecho vínculo con el observador y la herramienta con la que se intenta medir el comportamiento, por ejemplo, de un electrón.
En palabras del físico austríaco Antón Zeilinger, “Cuando en la Física cuántica se investiga la naturaleza de una partícula elemental, como un electrón, no lo encuentras, está vacío”. Es decir, y como señalé en el párrafo anterior, lo observado se encuentra en íntima relación con el observador, tanto que, al hacerlo, se puede apreciar a dicho electrón mostrándose como partícula o como onda. La dualidad expresada en ese micromundo, dualidad opuesta y complementaria que también se corrobora en lo macro (luz, oscuridad, femenino, masculino, sonido, silencio). Ver el movimiento de un fotón como partículas u onda continua es equivalente a decir, por ejemplo, que una línea de tiza trazada sobre un pizarrón es, a su vez, una sucesión de puntos y que, de acuerdo al observador, se podrá apreciar una u otra de sus manifestaciones. Por lo tanto, es importante considerar que no es posible observar un sistema sin perturbarlo.





Hace 2500 años en el norte de la India, hoy Nepal, vivió Sidharta Gautama, a quien años después el mundo conocería como Buda (estado de conciencia despierto o iluminado). Aquel que alcanzó la comprensión más excelsa, clara y profunda de la realidad, a través de la práctica de la meditación.
El Budismo, como práctica de vida y a lo largo de ese período, conoció, comprendió y transmitió los postulados que hoy señala la Física cuántica. Así lo explica el propio Dalai Lama: "Para el Budismo, el yo como tal no existe, ya que aquello que denominamos compulsivamente “mi yo” está permanentemente cambiando"; pero Arya Nagarjuna, maestro reconocido como tal dentro del Budismo tibetano, fue un paso más allá, cuando en el siglo segundo de nuestra era, formó la escuela llamada Madyamika, la que a su vez daría nacimiento a la rama principal del Budismo actual, conocida como Budismo Mahayana o del “gran vehículo”. Una escuela que consideraba, entre otras cosas, que la práctica Budista tenía que estar al alcance de todos los seres vivos, sin excepción.


La escuela de Nagarjuna niega la existencia de un yo, del observador y lo observado, e incluso de la observación misma. El término Madyamika refiere al camino del medio o justo medio, aludiendo al espacio creado por el intelecto entre nihilismo y materialismo. Este modo de comprensión acerca de la realidad subyacente está basada en la corroboración de que todo está, como mencionaba el Dalai Lama, en constante cambio, para llegar a su comprobación, la atención en un punto fijo como la respiración pero sin agregados críticos o los Koan (preguntas sin sentido racional o lógico), como por ejemplo: ¿cuál es el sonido de una sola mano?, tan utilizadas dentro del Budismo zen de la escuela Rinzai, que suelen ser formuladas de maestro a discípulo, con la intención de que éste pueda ver, aceptar y comprender el mecanismo mental que lleva a identificar las cosas, los seres sintientes y las múltiples situaciones diarias como verdades tajantes y autocreadas, para así alcanzar la visión correcta o el despertar, es decir, la comprensión de las leyes naturales de interrelación e impermanencia.

Por último, y aún siendo los métodos de medición y comprobación en la Física cuántica y el Budismo diferentes, ambos han ido llegando a las mismas conclusiones, pero con una diferencia práctica en el Budismo, que es que al saber que átomos, humanos, objetos o el planeta no son autónomos o independientes los unos de los otros, esto les permite que brote naturalmente la compasión.
Dicho de otra manera, mi bienestar está relacionado al tuyo, mi sufrimiento con tu sufrimiento, etc.

Coda: “Aunque los científicos estudien especialmente la materia, no pueden pasar por alto la conciencia; aunque los especialistas del espíritu se centren en el desarrollo de la mente, no pueden pasar por alto las necesidades físicas”. Dalai Lama

Publicado por Claudio

NOTA: Foto 2: El Dalai Lama junto a  Alan Wallace Físico, filósofo y monje Budista Tibetano ordenado por su santidad el XIV Dalai Lama


viernes, 10 de mayo de 2013

Analogías I


En estas entradas, quisiera compartir con ustedes algunos datos curiosos y significativos sobre la estrecha relación del ser humano con su entorno, el planeta que nos cobija y sostiene, y el universo.
Ya sea que se trate de interpretaciones hechas por culturas antiguas evolucionadas en busca de comprender nuestra existencia o de manifestaciones de la propia naturaleza de la que formamos parte, resulta interesante y hasta sorprendente comprobar lo mucho que estamos involucrados con las diferentes formas de vida y el cosmos.

Entre muchos de los aspectos tanto simbólicos como concretos, científicamente hablando, decidí comenzar con la analogía entre el I Ching, o libro de las mutaciones, y el genoma humano.
Como seguramente comprenderán, hay sobre estas dos profundas materias incontables escritos y estudios realizados por expertos, por lo tanto, no es mi intención explayarme más allá de algunos datos básicos que puedan, probablemente, ser de interés o inclusive servir como disparadores para indagar más profundamente en ellos.





Similitudes entre el ADN y el I Ching

Es sumamente llamativo lo homólogo que resulta el ADN y el milenario libro Chino conocido como I Ching o libro de las mutaciones.
Por un lado, el ADN, información genética de todos los seres vivos, con excepción de algunos virus, que se encuentra en el núcleo de las células. Por otro, el I Ching, texto antiguo escrito por Fu Hsi hace unos 5000 años en la China prehistórica. El concepto principal del libro es que la realidad está en constante cambio; a este respecto, vale aclarar que, si bien el ADN no coincide con lo antedicho ya que la información que heredamos de nuestros padres no cambia, hoy día se sabe que la mente y las emociones afectan dicha información confiriéndole de esta manera cierto dinamismo o cambio. Dicho dinamismo es conocido con el nombre de Epigenética.


El ADN contiene la información necesaria para explicar la dinámica del metabolismo celular.

El I Ching contiene la información necesaria para explicar el dinamismo de la conciencia.

ADN: Basado en dos hebras: sentido (positiva) y antisentido (negativa).

I Ching: Basado en dos líneas: Yang (positiva) – Yin (negativa).

ADN: Se compone de dos tipos de compuestos químicos que a su vez se dividen en dos subcompuestos, dando lugar a los cuatro componentes básicos (nucleótidos) del ADN: A/G y T/C.

I Ching: se compone de dos tipos de líneas Yin y Yang que a su vez pueden ser estables o móviles, lo que da lugar a cuatro posibilidades: Yang estable o viejo, Yang móvil o joven, Yin estable o viejo, Yin móvil o joven.

ADN: A G T y C (Adenina, Guanina, Timina, Citosina) se unen en grupos de tres para formar codones o tripletes, que contienen la síntesis necesaria para la formación de proteínas.

I Ching: Las cuatro líneas posibles (Yang joven, Yang viejo – Yin joven, Yin viejo), otro ejemplo en este sentido: primavera (Yang joven), verano (Yang viejo), otoño (Yin joven), invierno (Yin viejo), se unen en grupos de tres para formar trigramas o actitudes.

ADN: Los nucleótidos de una hebra se unen con los de la hebra opuesta y complementaria mediante dos o tres enlaces químicos, de manera que un determinado triplete contiene 6, 7, 8 o 9 enlaces.

I Ching: Los cuatro números rituales que se buscan para poder leer el hexagrama correspondiente (son 64 hexagramas al igual que 64 son las combinaciones de nucleótidos en el ADN) se obtienen al tirar tres monedas de igual valor monetario, a las cuales se les da una valoración par de una de sus caras (2) e impar del opuesto (3). Al arrojar las monedas, las posibilidades sumatorias dan 6, 7, 8 o 9. Según sea el valor obtenido en cada tirada, seis en total, se obtendrá una línea continua o Yang o, una línea quebrada o Yin por cada una. Estas líneas se anotarán de abajo hacia arriba hasta completar el hexagrama.
Una vez obtenido el hexagrama, se consulta en el libro y allí se encontrará a cuál de los 64 equivale para hacer la lectura correspondiente.

El I Ching es un compendio de causa y efecto, pues cada lectura o hexagrama indica cuál sería el efecto de una acción concreta en un determinado momento. Por lo tanto, esta guía puede darnos la ocasión de acceder a partir de nuestras acciones a actitudes más virtuosas en la vida diaria y así acrecentar nuestro desarrollo espiritual y humano.

El ADN, si bien contiene nuestra esencia e información a heredar, cada vez es más evidente lo crucial que resulta en su información los efectos causados a nivel molecular por parte de los pensamientos y emociones. Se podría decir que nuestra acciones se almacenan en nuestro ADN configurando una realidad no tan estable como no hace mucho tiempo atrás se suponía, y sí mucho más dinámica y protagonista.





A esto último valdría sumar un aspecto importante conocido como Karma (acción).
Todas nuestras acciones, palabras y pensamientos dejan huella tanto en nuestro cuerpo físico como mental y emocional. Es más, dichas consecuencias no quedan limitadas a lo individual, sino que, por el contrario, acaban afectando a las demás formas de vida como al planeta y, por qué no, al universo.
Sepamos que cuando hablamos de Karma estamos haciendo referencia no sólo a la acción física en sí, sino también a su lado menos visible, o sea, la intención, pensamiento y emotividad que impulsa dicho accionar, pues un componente esencial del karma es la interdependencia de toda existencia. Al respecto, el Budismo habla claro cuando señala que no hay modo alguno de que algo o alguien pueda existir de manera absolutamente independiente de su entorno.
Por otra parte, es importante señalar que el Karma no es determinista, puesto que toda acción puede modificarse y pasar de un comportamiento negativo a otro positivo. Inclusive, si nos viésemos involucrados en acciones perjudiciales y aunque el efecto de ellas sea inevitable, bien podemos desde una actitud verdadera y sincera demostrar en hechos nuestro arrepentimiento, disminuyendo sus consecuencias. En su defecto, y toda vez que nuestras acciones o karma negativo se acumulen, las consecuencias quedarán selladas en nuestros genes pudiendo resultar graves para nuestro futuro o el de nuestros descendientes.





Por último, es maravilloso observar cómo las ciencias modernas, o para mejor decir, los hombres y mujeres de mente y corazón abierto volcados a indagar en las aguas profundas y misteriosas de la vida, van llegando cada vez más cerca de los antiguos postulados orientales que señalan la integridad, interdependencia e impermanencia como leyes naturales de toda existencia.
Que estos acercamientos entre la ciencia occidental y la sabiduría oriental puedan permitirnos una mejor comprensión de la realidad, lo que a su vez podrá contribuir a una vida basada en el respeto, la gratitud y la compasión.

Material consultado: Iñaki Martín Subero – Institute of Human Genetics
                                 Moisés Sepúlveda López – Fundación Instituto Ser

Nota: En la primera imagen se pueden ver los ocho trigramas principales formados tanto por líneas continuas o, Yang y líneas discontinuas o, Yin. La combinación de los trigramas entre sí, forman los 64 Hexagramas.


Publicado por Claudio