martes, 24 de septiembre de 2024

Cualidades que se descubren y practican cuando estudiamos el I Ching.

 


Recuperamos o estimulamos el placer y amor por la lectura y con ello, mejoramos el lenguaje, lo cognitivo, como el nivel de comprensión de su contenido. Para eso, nos valemos de la quietud y el silencio, dos cualidades no muy practicadas por estos días, fundamentales poder entender y asimilar el texto y dejar que cada palabra de la respuesta obtenida, tras la pregunta formulada, recorra la mente y el cuerpo mostrándonos el camino correcto para cada decisión.

El arte de saber preguntar, es, sin duda, una condición necesaria no sólo para saber  ingresar en el mundo del I Ching, también lo es para poder mejorar la comunicación con los demás.
Si no somos claros al abordar el libro, lo más probable es sumar una confusión más al tema por el cual consultamos el I Ching.
Saber preguntar significa enriquecer el lenguaje y encontrar los términos adecuados para poder expresarnos de manera asertiva y precisa. De igual tenor será la respuesta tras correrse el velo de la confusión.

El estudio sistemático y cotidiano del libro de las mutaciones, nos reconecta con la naturaleza intrínseca de la condición humana, producto de que, al ir conociendo los 8 trigramas, cada uno con sus particularidades y características, cielo, tierra, fuego, agua, etc., veremos con mayor luminosidad la vinculación intrínseca que tenemos con esos elementos, los cuales, no sólo constituyen al ser humano, también, la relación con esa naturaleza de la que por ignorancia y avidez, nos fuimos alejando y maltratando con las consecuencias que ya conocemos.

Nos pone en alerta de cuándo y cuánto el ego o la personalidad, influyen en nuestra vida diaria. Al poner sobre la mesa estos aspectos que todos poseemos o hemos construido, permitirá saber distinguir entre una pregunta nacida de esa personalidad o, en su defecto, de un alma que busca ser escuchada para recuperar la memoria de para qué estamos acá y abocarnos a la experiencia de vivir para ello y no únicamente para la supervivencia y la separatividad, sentidos excluyentes del ego.

A medida que nos adentramos en su laberíntico existencial, va dejando huellas palpables en la mente como en el cuerpo, lo que se verifica en cambios en nuestro modo de ver, pensar, expresarnos y comportarnos, pues, dedicados a conocerlo para conocernos, podemos ir develando en qué estado de consciencia con nosotros y el entorno nos encontramos, de modo de evaluar nuestro progreso, estancamiento o involución.

Estimula el pensamiento crítico, el discernimiento, la reflexión, la intuición; la calma para saber aguardar los tiempos del tiempo propicio a una acción correcta o, el coraje, para dar los pasos correspondientes o el salto con el que atravesar las grandes aguas, (las decisiones más trascendentes)
La sinceridad, la paciencia y la respiración profunda del viento, para poder aceptar lo que no sabemos e ir hacia el gran hombre o maestro y dejar que éste nos ofrezca guía.

Ese sabio ha de ser el libro como un otro humano capaz de orientarnos pero, sobre todo, el maestro al cual nos referimos esencialmente, es al que yace en cada uno a la espera de ser revelado.

Descubrimos que las virtudes de las que tantas escuelas espirituales a lo largo de incontables siglos nos han advertido poseer, (Honor, compasión, modestia, justicia, gratitud, etc.) yacen en nuestro ADN espiritual, por así decirlo, a la espera de ser cultivados y regados para que crezcan en pos de ir declinando las acciones reactivas producidas por miedos de diferente orden.

El I Ching, nos revela, como buen sabio y maestro que es, que las respuestas que procuramos no están en él, sino, en nosotros mismos. Él, en todo caso y siguiendo el corazón de una verdadera enseñanza, nos muestra el camino para que lo transitemos a nuestro tiempo y sin el deseo de tener que hallar algo, sin meta o resultado previo, tan siquiera andar y ver qué vamos encontrando a cada paso que nos ayude en nuestra travesía evolutiva.

 




El libro de las mutaciones, nos enseña a saber aceptar que todo es impermanente, interdependiente y sin sustancia propia. Sin embargo, hay un velo de sostenible continuidad detrás de todo, es decir, lo permanente, lo sin nombre ni medida, el Tao, en palabras de Lao Tze, sin lo cual, el movimiento del cielo y la materialización de esa energía en la tierra, no sería posible.

Nos advierte que cuando buscamos respuestas o tomamos decisiones, el cosmos siempre está ahí para jugar su juego. Somos nosotros quienes debemos comprender que la vida no está en nuestras manos, la vida es lo que hace posible vivenciarla en este cuerpo y sus circunstancias.

 

Que el I Ching, en última instancia, es la vida misma con sus altos y sus bajos, sus luces y oscuridad, con las creencias que embotan la mente y el saber que la libera y que, en todo caso, cada quién decidirá si valerse de la sabiduría del maestro o seguir sus intenciones primarias y no mucho más.

Por eso es importante considerar el modo al que vamos al libro, ya que no es lo mismo hacerlo apurados por encontrar las respuestas que nos saquen rápidamente del nudo en el que nos encontramos, que aprender a encontrar la punta de un ovillo enredado por muchas más causas que las aparentes, permitiéndonos el tiempo que los elementos involucrados en la respuesta necesiten para su desarrollo y conclusión.

Esto hace la diferencia entre las pulsiones inferiores, egocéntricas, que siempre quieren todo a su medida y sin complicaciones y el accionar del noble, como se considera al consultante en el libro de las mutaciones, que se abre confiadamente al maestro para dejarse atravesar por la experiencia y el saber que deriva de esta.

Un camino de seis líneas, enteras o partidas, masculinas o femeninas, el padre o cielo, la madre o tierra vibrando en nuestro ADN, guiándonos sin descuidar, cada quién, su sí mismo, es decir, la decisión propia y sincera que va enseñándonos a construir nuestro destino.

Seis líneas multiplicadas de hexagrama en hexagrama nos brindan trescientas ochenta y cuatro maneras de afrontar cada día, cada situación, ¿no es generosa esta vida? ¿No es el I Ching, mucho más que un compendio oracular? 

Seis líneas que se suben de a una por vez, aunque, en ocasiones, nos tengamos que detener a observar cuidadosamente el modo correcto de dar el siguiente paso o, en su defecto, aguardar el momento propicio para continuar la travesía al siguiente estadio de consciencia de modo de atender las acciones de un noble proceder evitando las siempre tentadoras formas de alcanzar rápidamente la meta sin evaluar costos, por el deseo irrefrenable de llegar, poseer y alardear del trofeo.

En definitiva, conocer el I Ching, es conocer nuestra participación en la vida de una manera emocionalmente inteligente y consciente, de modo de poder dar cada paso a su hora y en su justa medida.

Daniel Shodo

 

jueves, 2 de mayo de 2024

Conocerse a uno mismo - Krishnamurti


Tras un año de no publicar en este blog, hoy quiero compartirles este extraordinario video donde, en palabras del propio Krishnamurti, ha ido derivando mi propia vida.
Gracias
Daniel Shodo

 

sábado, 22 de julio de 2023

i Ching y Medicina China - Trueno y Viento, Pulmones/Hígado


 
Los dioses del viento y el trueno


El I Ching enseña a tomar conciencia que por las noches, gracias a las influencias del Viento (Madera) y las del Trueno (Metal), todo nuestro organismo logra realizar una correcta eliminación de toxinas de todo el cuerpo, en la medida que estos elementos se encuentren en armonía.

Las funciones fisiológicas de los órganos vitales que la medicina china relaciona con los Elementos Madera (Viento) y Metal (Trueno), son las del hígado (Madera) y las de los pulmones (Metal). Estas funciones son análogas a las que ejercen las fuerzas Viento y Trueno, en la naturaleza.

El Trueno, ubicado en el Este, o sea, donde el sol y la primavera comienzan su recorrido ascendente de energía, es la función mineral y eléctrica necesarias para los impulsos vitales que luego, el Viento, por suparte, se encargará de llevar hacia todos los rincones, suavizando y enraizando, (otra cualidad del Viento, por eso elemento madera), el potencial de inicio que el Trueno genera.

El Trueno/Pulmones, en el trigrama que lo representa, aparece gobernado por la fuerza del Cielo, lo masculino, línea entera en la base, (ver imágen); Elimina en la inspiración, el diafragama desciende y difumina en la exhalación, el diafragma asciende.



 Trueno

El Viento/Hígado, suaviza, allana, eleva el Chi al pecho y la cabeza como a los pulmones y, encamina la energía masculina o del cielo que posee el Trueno, para lograr expandir correcta y adecuadamente lo planificado y para ello, se vale de su acción femenina o de la Tierra, representada por la línea partida de base, (ver imágen) hasta concretar, en cooperación con los demás elementos, agua y fuego, la tarea requerida.


 Viento


Así funciona también en el plano humano pues, cuando el hígado, alimentado de la energía de los pulmones, como del agua de los riñones, se mueve en la dirección deseada, debe valerse de dicho impulso para llevar la glucosa a los músculos y eliminar el exceso de carga residual ya sea de orden mental, emocional como físico.

Los antiguos investigadores de medicina china se dieron cuenta que hay unos canales invisibles en el cuerpo a través de los cuales fluye la energía que nutre los órganos principales. Son los llamados “meridianos” de energía que se estimulan, por ejemplo con acupuntura, masajes o Chi Kung, para equilibrar el Chi o fuerza vital en puntos específicos dentro de los canales asociados a cada órgano o víscera.

El horario del recorrido de la energía nutricia por el cuerpo indica que el hígado y el pulmón se nutren y se activan por la noche: (de esto se desprende la importancia de un dormir profundo y sin interrupciones) El hígado/vesícula billiar funciona entre las 23.00 y 03.00 horas y los pulmones/intestino grueso, entre las 03.00 y 07.00 horas de la hora solar.

Por eso, sabemos que tenemos que consultar la almohada cuando hay que tomar una decisión o solucionar un problema, del mismo modo que consultamos el I Ching.

Al hacerlo, comprendemos por qué este método sirve, si conocemos las cualidades de las fuerzas primordiales Viento (hexagrama 57 Lo Suave) y Trueno (hexagrama 51 Lo Suscitativo).

Se puede invocar su ayuda “lanzando un problema al aire” antes de dormir. Entonces, el Viento (Hígado) dirige sus actividades creativas en esa dirección. Aquí lo que sucede, cuando el hígado manda, por así decirlo, es que el movimiento comienza en ese órgano y estimula al pulmón. En términos del I Ching, el Viento mueve al Trueno.

De este modo, los pulmones hacen su tarea tomando únicamente la cantidad de oxígeno requerido para ello, lo cual supone respirar entre 3 y 4 veces por minuto, en lugar de las 16 o 17 veces que lo hacemos durante la vigilia.




Este flujo respiratorio ayuda a mover las aguas, como la sangre y los desechos para llevarlos al meridiano acoplado, el intestino grueso y lograr una evacuación adecuada como resultado de todo el proceso metabólico. Así mismo, podemos facilitar su trabajo si nos imaginamos el movimiento infinito de la interacción entre el Viento y el Trueno, como señalé más arriba, bien en la dirección del hexagrama 32 La Duración (el Viento inspira el movimiento) o, en la dirección opuesta del hexagrama 42 El Aumento (el Trueno inspira el movimiento). Visualizando el recorrido del signo “infinito”, la vía de actuación de ambas fuerzas naturales se libera de obstáculos por lo que podrán cooperar libremente y, mientras tanto, nosotros a disfrutar de un sueño reparador y así recoger los frutos de su trabajo por la mañana.

Daniel Shodo






miércoles, 12 de julio de 2023

I Ching y Chi Kung

 El I ching o libro de los cambios, nos advierte siempre en evitar los caminos rápidos y convenientes al ego, pues, un camino de sabiduría, requiere aprender a conocer la propia naturaleza y a saber adaptarnos a ella como a sus fluctuaciones y que de ese modo, aprendamos a tomar decisiones atentas, conscientes y con responsabilidad.

Desde el I Ching, pasamos al Chi kung, para vivenciar el valor intrínseco de los 8 trigramas o Pa Kua, a partir de integrarlos con movimientos específicos a la disciplina.
Desde el Chi Kung, realizamos movimientos y posturas estáticas para cada uno de los 8 trigramas.
Cielo, Tierra, Fuego, Agua, Viento, Trueno, Montaña, Lago.

Por ejemplo, el Cielo, en relación al cuerpo, es la cabeza, las ideas, los pensamientos, La tierra, el abdomen y sus procesos metabólicos. El fuego son los ojos, pero, sobre todo, la claridad de ver con el tercer ojo o el corazón, lo intuitivo; El agua son los oidos y la capacidad de aprender a escuchar y escucharnos,; el viento son los muslos y el andar decidido; El trueno, son los pies y el impulso inicial; La montaña, la columna y los brazos y el lago, la boca y la capacidad de nutrirnos.
No descuidemos que cada uno afecta y nos habla, también, en el plano psicológico, emocional y cósmico, por lo cual, es imprescindible saber consultar el libro con seriedad y respeto, púes, es a nosotros mismos a quienes, en verdad, estaremos aprendiendo a conocer profundamente.
No olvidemos que toda respuesta sobre nosotros y el asunto a consultar, se encuentra dentro de cada uno. El libro, en el mejor de los casos y sin restarle el valor sapiencial que posee, es un mapa de dicha situación, mostrada a los fines de ver más claramente lo que sucede y el modo más adecuado para atenderlo.
Los invito a nuestras prácticas cuyo basamento se hunde en las raíces ancestrales del I Ching, donde todo cambia pero, lo esencial permanece como es el respirar, beber, alimentarnos, estar al sol y relacionarnos generosa y abiertamente con los demás y la vida, en todas y cada una de sus muchas manifestaciones.

Daniel Shodo - Consultas peronales y cursos





Aclaración importante:

El I ching no es un sistema de creencias teístas o ateas, no es una mancia adivinatoria ni basada en supersticiones;
El I Ching es un compedio de 64 hexagramas o capítulos a partir de los cuales podemos atender, conocer, comprender, abordar y transitar todas y cada una de las situaciones propias a nuestra condición humana responsablemente, (úncio camino espiritual que conozco para un verdadero Ser lo que somos).

El sendero hacia dicha comprensión es un camino de crecimiento psicológico, emocional, mental y físico que no requiere de creencias sino, de saberes y para saber, hay que vivir las situaciones y no, simplemente consolarse en creencias de las cuales, en su mayoría, no son ciertas e incluso, incomprobables.
Si usted necesita únicamente creer, hágalo, pero, no espere que tal cosa se estimule en este sitio ni por parte de quién suscribe.
Gracias
Daniel Shodo




viernes, 31 de marzo de 2023

EL silencio y la escucha correcta


 ¿Hablar sobre el silencio? ¿No es esto un contrasentido?

¿Qué lugar le quedaría al silencio si todo lo ocupa la palabra?

¿Es la necesidad de hablar sobre el silencio un llamado de atención hacia una sociedad cada día más adicta a casi cualquier ruido?

Se puede hacer el intento de volcar explicaciones acerca del silencio, sin embargo, nunca daremos en el blanco, como tampoco a la hora de hablar de Dios, la vida, el amor, la muerte o la música, por ejemplo. Y esto ocurre porque el lenguaje, aún bien utilizado y con una narrativa acertada, jamás puede llegar a definir lo indefinible, pues, el nombre nunca es la cosa de la que se habla.

En todo caso, la necesidad o la premura del ser humano por querer entender sobre estas cuestiones trascendentes e inquietantes y su participación en todo ello, mayormente por temor a la muerte e incomodidad con la incertidumbre, es lo que lo lleva a la utilización del lenguaje a la espera de conclusiones sobre lo que, en su esencia íntima no lo tiene y por ende nunca las encontrará; 

En consecuencia, ¿Cómo puede el ser humano comprender lo que no tiene ni pertenece al tiempo, como la vida o Dios, si busca hacerlo desde su condición temporal, pues todo pensamiento está sujeto a kronos (pasado, presente, futuro) 

Incluso cuando se esfuerza por hallar indicios de verdad absoluta, también falla, porque la vida no es determinista sino, orgánica y cambiante. En consecuencia, ¿Cómo atrapar lo que  está en permanente movimiento?

El único camino para comprender el silencio, la vida o el amor, es cuando vivimos totalmente en cuerpo y alma la relación con esas fuerzas esenciales. Cuando toda idea queda anulada y sólo se es experiencia pura.

Es decir, no hay lugar para la intelectualización ni la filosofía ni anhelos predeterminados sobre la cosa en sí. La única actitud posible es la práctica. Y esa práctica se llama, escucha plena.




¿Qué es un escuchar completo y puro? 

Por lo general, al escuchar lo hacemos con prejuicios o ideas preconcebidas es decir, antes de escuchar ya vamos pertrechados de ideas y conceptos, no siempre nuestros y de los que por costumbre no reconocemos conscientemente, esto apenas habilita a una escucha limitada por los pensamientos que ya tenemos como condicionamiento. 

Programas adquiridos a temprana edad que se realizan en automático. Pensamientos, recuerdos memoria, basados en comparaciones que nos llevan a evaluar lo que creemos moralmente que es la cosa observada, sin lograr ver su sentido último y real. Excepto cuando aprendemos a escucharnos, es decir, a meditar.


Sin meditación, no hay reconocimiento del silencio o del ruido interno. Sin meditación no hay escucha plena. Sin meditación no sabremos escuchar ni sentir el cuerpo, la respiración. No podremos ver y conocer qué contienen esos pensamientos que se agolpan de a miles en el cerebro y de qué modo dirigen nuestras decisiones diarias, lo que eclipsará la consciencia de que se vive más para el pasado, (nostalgias, resentimientos) o, para el futuro, (miedos, ansiedades) que para el presente tan fugaz, siempre.

Veamos. Es importante considerar que el silencio no es algo que pueda hacerse, en primer lugar porque vivimos en un planeta aerófono, es decir, donde hay oxígeno hay ruido o sonidos. Por consiguiente, lo único que sí hemos de hacer es, acallar todo ruido o emisión sonora posible y el silencio...aparece en escena.

El silencio, al presentarse, abre las puertas a la posibilidad de una escucha real y correcta sin la cual no podremos alcanzar un entendimiento claro y objetivo sobre aquello donde enfocamos nuestra atención.

Captar la realidad es posible cuando se desvanecen las creencias.

Me explico, oír es una función sensorial natural y propia del oído que capta todo cuanto por él atraviesa. Acto seguido, el cerebro, tras evaluarlo, descartará lo que no necesita, tomará lo que sí le resulte significativo y toda esa acción, la mayoría de las veces, suele suceder sin que siquiera nos demos cuenta, hasta que aparece el interés o la necesidad de escuchar atentamente.

Escuchar, a diferencia de oír, requiere de un acto consciente y voluntario por nuestra parte.

La escucha verdadera y completa, como digo, es la que no se ve interrumpida por nuestras opiniones u objeciones. Eso no significa que tengamos que someter nuestros principios a lo que escuchamos sino, aceptar lo que nos llega, y con el mapa completo de la historia delante, poder tomar cartas en el asunto pero, evitando evangelizar o manipular a quien nos habla pues, lo importante es dejar que la decisión surja del seno del que habla y no de quién escucha. A lo sumo, el “escuchante”, si se me permite el término, puede sugerir, señalar  opciones o factores a considerar que puedan ayudar a ver más lúcidamente el problema y su posible resolución.

Es muy necesario considerar que toda escucha ha de comenzar por uno mismo, pues, si no tengo aceitada esa práctica en mí, no podré aplicarla en otros porque, como dije, lo que se colocará por delante de lo que llega a nuestros oídos serán los preconceptos e ideas instaladas en uno, opacando el relato tal cual no es remitido.

Esto lo remarco porque en tantos años de profesión como profesor de Tai chi/Chi kung y Meditación zen, no han sido pocas las veces en las que pude ver lo rápido y fácil que el facilitador, terapeuta o mediador se predispone para aprender las técnicas que son de su interés, sin caer en la cuenta que, cuando es el propio facilitador el que atraviesa emociones, preocupaciones o temores psicológicos importantes, no sabe cómo aplicar esas mismas técnicas en sí mismo por estar más ocupado en afianzar su labor y ganar dinero que, en conocerse a sí mismo. Virtud elemental para poder comprender y acompañar asertivamente a los demás durante sus tribulaciones y encrucijadas.

Escuchar plenamente, es escuchar con todo el cuerpo. Las tripas, el corazón y la mente intelectual.

Al escucharnos, sentirnos y estar presentes, el silencio será el que nos hable y devele el camino a trazar por nuestros propios pasos. 

Publicado y escrito por Daniel Shodo

domingo, 22 de enero de 2023

Zazen - Meditación Zen

Práctica de Meditación Zen , Zazen  en Llavallol 535 Lanús O Pcia de Buenos Aires 

Los viernes a las 19:15Hs (llegar 10 Minutos antes)

No se requiere experiencia previa



Llegada 19:05Hs

19:15 Hs Movimientos de Chi Kung


19:30 Hs - Zazen



19:55 Hs - Kin Hin - Caminata de Meditación




20 Hs - Gyo Cha - Servicio de Té




Espacio para preguntas sobre la práctica

20:30 Hs - Cierre

Profesor Daniel Shodo

domingo, 8 de enero de 2023

Samurai - Video artístico


Hola a todos. Aquí les comparto este breve video del Sensei Kaz Kobayashi a través de la cual, tutoriales mediante ya que vive en Los ángeles, voy aprendiendo el arte de la espada japonesa, Katana.

Movimientos que suelo incluir, con las variantes del caso, en mis clases de Chi Kung.

Gracias

Daneil Shodo

lunes, 19 de diciembre de 2022

El principio de separación en las relaciones, como posibilidad de reencuentro



¿Quién, al comienzo de una relación o, cuando esta ya lleva un tiempo de cierta estabilidad emocional y de convivencia, pensaría en la posibilidad de separarse? Evidentemente, nadie. Nadie repararía en el hecho de que un día, por razones de desamor o muerte, esa relación podría finalizar, y es que lo que aún prevalece, es ese sentimiento de sentirse unidos al otro, ya sea por empatía, sentimientos inexplicables, apego, necesidad de no sentirse solos, por costumbre, es decir, no por amor sino, por la idea de amor que se cultiva, no conscientemente, basada más, en un instinto de supervivencia que de amor, si entendemos el amor como la libertad de simplemente ser lo que se es sin segundas intenciones, sin requerimientos, deseos, esperanzas o proyecciones dirigidas a un futuro que no existe y que de tanto imaginarlo, para "bien" o para "mal", no se termina de caer enel hecho de que, con lo único que ahora y sólo ahora se cuenta es con el tiempo presente y lo que en él, está vibrando, sucediendo, nos agrade o no.

Lo que ahora hay y sucede, amén de si se logra verlo en su totalidad, plenamente, o no, es la realidad que la mente, turbada por sus adherencias dogmáticas, rara vez contempla pues, como todo dogma, es a partir de esa "visión" compartimentada que ve lo que llama, "realidad".cuando en verdad se trata, nada más que de una interpretación no siempre real.

Por eso traigo al rescate de la relación, de una verdadera relación de amor, el principio de separación que no es otra cosa que, ser la conciencia de una ley universal a la que todo y todos estamos sujetos como es, la impermanencia.



Todo se encuentra en permanente cambio, transformación. Por lo cual, si lo que vivimos en una relación, pretendemos que sea en el seno del amor, del amor como energía y no simplemente como instinto de supervivencia, como señalo más arriba, entonces, es indispensable considerar lo superlativo de la impermanencia pues, al hacerlo, lograremos VER, así, con mayúsculas, lo que ahora hay y es. El instante presente donde yace la eternidad, el espacio del propio cuerpo finito, donde mora lo infinito.

Al lograr considerar lo impermanente, osea, la vida misma, con sus incertidumbres y probabilidades, inhalando y exhalando, podremos comprender que es esa misma impermanencia lo que realza la posibilidad de vivir en el amor y no, para amar o ser amado como algo que debo tener y guardar de manera egoísta y temerosa a los efectos de sentirnos seguros pues, nada resulta en mayor dolor que la falsa idea de seguridad y control, como cuando la vida nos pone de revés y nos muestra la cara que tanto nos esforzamos por ocultar, la de la impermanencia, la de, todo pasa y pasa, porque eso somos, energía y tiempo, pasando y que da nada ni de nadie, nos podemos adueñar.

De lo expuesto surge, el rostro de la verdad cruda y llana, sólo hay este ahora, sólo hay este lugar, por lo tanto, celebremos. Celebremos en cuerpo y alma, totalmente. Celebremos sin que haya necesidad de días y lugares especiales, porque especial, son este dia y lugar, ¿qué otro? Y es que si nada más hay que, este aquí y ahora, ¿qué mejor ocasión para celebrar y dejar que sea la vida la que nos acune en su infinito y eterno instante presente de absoluto amor y gozo?



En resumidas cuentas, que el principio de separación, la conciencia de lo impermanente, lo fugaz de la divina esencia cósmica danzando en nuestros cuerpos, nos convoque a celebrar el reencuentro; La capacidad de redescubrirnos cada uno en el otro, en ese ser que, entre tantos miles de millones,, coincidió en nuestro camino, como nosotros en el suyo. 

Es volver a la inocencia de como cuando niños, los ojos nos saltaban de las órbitas en un intento por querer atrapar el mundo en un puño. Es celebrar que hoy y aquí, renacemos al dejar ir las etiquetas, las ideas  o creencias para, al fin, ver lo que ese otro ser es en verdad  y observar en ese bello espejo, al que somos.

Daniel Shodo 

domingo, 20 de noviembre de 2022

Por un momento de placer...



Todos hemos tenido de esos días en los que luego de una jornada extenuante y llena de divergencias y contratiempos, sentimos la necesidad de darnos un "gustito" o, de regalarnos un momento de placer y entonces, nos pedimos comida elaborada en algún restaurante del que no tenemos ninguna certeza ni de los ingredientes que se usan para su confección, ni del  nivel de higiene con que se elabora el plato, ni de la animosidad de quienes preparan estos alimentos pero, como se trata de buscar el placer como recompensa de la denodada tarea realizada, no caemos en la cuenta que, en verdad, ese instante de placer, (placer que por cierto a todos nos agrada vivir), para el cuerpo, para los órganos internos, los que de por sí suelen estar atiborrados de toxinas y carentes de vitalidad, lejos de sentir gozo, se les suma a la ya detonada energía psicofísica de ese día en particular, el tener que vérselas con una tarea aún más desgastante como es la lidear con grasas saturadas, azúcares o harinas blancas y refinados o, sales duras y desnutridas, según sea el "manjar" pedido y masticado, lo que harán las "delicias" de un hígado abarrotado de grasa, intestinos super poblados de bacterias dañinas, riñones teniéndo que filtrar sangre altamente acidificada y por ende, células con una pobre oxigenación. El combo ideal para que, a la larga o no, lo que hoy "comemos", no sea otra cosa que la enfermedad por la que luego habrá que atender echando por tierra ese placer que sentimos tan merecedores de darnos.

Como vemos, no se trata de un mero momento de placer o disfrute, placer que, insisto, todos bien agradecemos poder vivir pero, ¿a qué precio?

Sobre todo, si consideramos el hecho de que la mayoría de los días de buena parte de la gente son así, fatigosos y propensos a no disponer, por esa misma causa, del tiempo ni de la energía necesarios  para dedicarnos un tiempo para con nosotros, siendo esta carencia, el factor determinante de una humanidad que poco o nada sabe de sí misma, precisamente porque pasa más horas y días al servicio de todo cuanto tiene que hacer, alcanzar o lograr que de permitirse el verdadero placer que no es otro que el de conocernos a nosotros mismos. 

Esa falta, nos lleva a no comprender que si algo necesita un cuerpo agotado, no es más agotamiento sino, descanso. Descanso de lo que lo sobrecalienta, endurece y desgasta rápida y cruelmente  a favor de un envejecimiento al que tanto se le teme pero, al que rápido se llega, justamente, por tanto correr incluso, en los gimnasios, donde se le exije perfcción estética al cuerpo al punto de acidificar la sangre, endurecer las arterias, dañar las articulaciones y acabar llegando antes a donde tanto se teme terminar, viejos, arrugados y, más que nada, con el alma desvitalizada.



El conocimiento de cómo somos y cómo nuestros órganos vitales funcionan , deriva en aprender a conocer y leer mejor a los demás como a las situaciones que vivimos, los conflictos a los que arribamos, a los fines de lograr una paz duradera dentro y fuera de este cuerpo/mente que somos, simplemente aprendiendo a delegar o, a dejar ir lo que no permita esa vida en paz en salud mental y física.

Por lo tanto, no se trata de no darnos placer, se trata, en todo caso, de comprender que ese cuerpo cansado y caliente por dentro, necesita agua, frutas, jugos, verduras, sol, oxígeno, amor, por supuesto, como descargar a través de los pies en caminatas descalzos sobre el pasto, la arena o la baldosa húmeda, protones positivos que inflaman y, sobre todo, descanso. Descansar de corridas, aparatos varios, de ruidos y de ese "yo" que nunca parece tener bastante.

Que el placer sea, si a cada quién así le nace, estar en paz con sigo mismo y darse por enteros, a un amor que no es otro que el de conocer, comprender y respetar la vida que somos, aprendiendo a seguir el orden natural de esa vida, disminuyendo los caprichos, las sobre exigencias y los mandatos que jueguen en contra de dicha naturaleza.





NOTA: Quiero aclarar que no estoy en contra de ninguna actividad física o deportiva. Sólo señalo  no ver que, lo que muchas veces se hace por buscar salud y longevidad, termina, por sobre exigencias y alta competitividad, en todo lo contrario, cuerpos desgastados, faltos de oxigenación adecuada y padeciendo lesiones muchas veces graves como enfermedades crónicas, no tanto por la actividad que se practica, como por la manera en que se las realiza. Si a esto le sumamos el alto agregado de proteínas y suplementos sintéticos o carbo hidratos sin saber si es eso lo que cada quién puede necesitar, cartón lleno para lograr lo contrario de lo que se proponen. 

Cuanto más se huye de la vejez, más rápido se la alcanza.

Daniel Shodo






miércoles, 24 de agosto de 2022

Chi Kung: La postura del Árbol II

La postura del árbol Chi Kung



Cuando tengas dudas de a qué has venido a este mundo, planta un árbol que de seguro, él sí lo sabe y te guiará.. Al hacerlo y verlo crecer, quizás, te recuerde que como él, vos también tenes un potencial (semilla). Que has echado raíces, (tus ancestros y una historia por sanar)  Que habitas un cuerpo que erguir dignamente (tronco), Que posees  brazos con los cuales abrirte al devenir y confiar (ramas) Que tus sentidos y tu mente han de aprender a apreciar lo que es de lo que no és, tomando la vitalidad del cielo para comprender correctamente el rumbo de aquello para lo que te has decidido alguna vez experimentar (Hojas) y que tus frutos, como los del árbol, serán el resultado de todo cuanto aprendas, des aprendas o te niegues a conocer de vos mismo para poder hacer con ESO que SOS lo que está llamado a ser hecho.Nota: La postura del árbol es una forma de Chi Kung conocida como Zhan Zhuang, muy tradicional que, al practicarla, ofrece los siguientes beneficios:

Fortalecimiento muscular:

Los Músculos profundos se encuentran más cerca de los órganos y de los huesos.  Este tipo está asociado al mantenimiento de la estabilidad y la salud de nuestra espalda. Gracias a ellos podemos permanecer verticales. Por ejemplo, son los que permiten que la cabeza se sostenga sobre el cuello a lo largo del día. 

Los músculos superficiales se encuentran debajo de la piel. Están diseñados para movimientos de fuerza o de gran amplitud. Por ello, que su función sea para acciones intermitentes y de mayor novilidad. Por ejemplo, cuando nos flexionamos hacia delante o nos arqueamos hacia atrás.

Generalmente, la musculatura profunda está “desequilibrada”. De ahí las frecuentes contracturas, las sobrecargas en los discos, etc. Este “desequilibrio” es el causante de que en un inicio de la práctica estática (Zhan Zhuang) pueda pensarse que supone un gran esfuerzo. Y no es más que una muestra de la necesidad de fortalecimiento. 




Aumento del riego sanguíneo periférico, pudiendo llegar a experimentar sensación de calor en manos y/o pies. Ello es debido al trabajo interno fisiológico que se realiza, liberando la energía en forma de calor. 

Aumento del Qi (energía).

Fortalecer el aparato de sostén. (Huesos)

Desarrollo de fuerza y resistencia muscular, especialmente en el tren inferior. Es un desarrollo de fuerza sin que se aumente la masa muscular.

Calma mental. La quietud física nos aporta una escucha interna en la que el “monito saltarín” de la mente desaparece o se aquieta.

Encontrar en la quietud del cuerpo el movimiento; la respiración. Llevar una respiración consciente desde nuestro bajo vientre, o, en su defecto, comenzar a practicar con el ritmo respiratorio que cada uno pueda, hasta alcanzar una respiración completa, con lo que se va a favorecer la distensión diafragmática, y a su vez, se va a realizar un masaje interno a riñones, bazo-páncreas/estómago, hígado, intestinos, así como a favorecer el tránsito digestivo. 

Tomar conciencia del alineamiento del cuerpo. Frecuentes problemáticas tales como: ciática, escoliosis, cifosis, lordosis, genu varo (rodillas hacia afuera) o genu valgo, (rodillas hacia adentro) entre otras, pueden ser revertidas o bien reducir su intensidad con esta sencilla práctica estática de Chi Kung (Qi Gong)

Recomendación: Comenzar a practicar el abrazo del árbol tres mintos diarios y luego, ir aumentando la frecuancia en minutos y repeticiones diarias. 

Tambien se practica en la postura del Jinete, (como si estuviesemos montados a un caballo con los dedos de los pies apuntados al frente) bajando la posición hasta donde sea posible. 

Con el tiempo, se logra permanecer hasta media hora o más y en posturas cada vez más bajas. Esto no es requisito para su práctica, es suficiente con la postura que se muestra en la imágen.

Daniel Shodo - Profesor de Chi Kung

En las imágenes verán la postura.

 


Postura del Jinete Ma Bu


martes, 16 de agosto de 2022

¿Por qué estamos aquí?


Aquí les dejo este otro video con la historia completa que alguna vez ya publiqué en este blog.
Gracias
Daniel Shodo

domingo, 7 de agosto de 2022

Tai Chi/ Chi Kung: "El cuerpo/espíritu del practicante



La modalidad bajo la cual transmito e imparto mis clases de Chi kung/ Tai chi, o mi propio método, es transmitir un sentido orientado a la toma de consciencia del cuerpo/mente que somos y cómo este sistema indiviso, orgánico y energético funciona, a los fines de estimular en el alumno, la curiosidad, la indagación y el conocimiento al que cada uno pueda acceder, experiencia mediante, clase tras clase.

El alumno llega a las clases con lo puesto, como suelo decir, osea, su historia escrita en un cuerpo mayormente dolorido, estresado, dañado de un modo u otro por un trajinar diario exigente, competitivo y hasta agresivo con sigo mismo o, su contrario, sedentario y poco afecto a ocuparse responsablemente de su salud. 
Partiendo de cómo cada uno llega y apreciando el tiempo que se permiten para ir tomando el aprendizaje dado, lo que suelo señalar es el hecho de que, como han tratado su cuerpo en lo cotidiano y como sea la relación que con él han establecido, es la manera en la que ese cuerpo se mostrará en las clases. Por esa razón es que invito siempre a observar el cuerpo desde las sensaciones que se perciben en cada ejercicio realizado, pues, es la sensación la puerta de ingreso para ir tomando, paso a paso, más y mejor conciencia propia. Esa conciencia será vital para comprender que la vida es un proceso, no un estar estático basado en determinismos y conclusiones. Es un proceso porque se trata de algo vital que se encuentra en constante movimiento y transformación.

Lo que dificulta esta comprensión es el hecho de que la mente, que sólo vive del pasado, recuerdos y semblanzas auto adquiridas no conscientemente, lleva a ese cuerpo a ejecutar respuestas condicionadas por ese pasado que se materializan en el único tiempo real, el presente, pero, sin ser apreciado ese lapso pues, se está gobernado por dicho accionar sistémico el cual, durante las clases y al tener que verse siendo los protagonistas de cada hacer desde el cuerpo, no dejará otra opción que ver cómo se refleja en sus formas, ese historial de vida. Luego, será el propio alumno quién decida si continuar el camino hacia su evolución o,simplemente, quitar los ́síntomas y seguir como si la vida fuese nada más que un mercado de consumo y obtención de satisfacciones momentáneas hasta caer, una vez más, dentro del mismo planteo repetitivo y en ocasiones, adictivo de comportamiento.hasta que algo en el camino se rompa y no quede más remedio que ocuparse de atender, ahora sí y con el dolor que esa situación siempre conlleva, lo que hasta ese día, sólo se ocuparon de negar u ocultar.




Un ejemplo: Cuando nos ubicamos en tiempo y espacio, esto es, parados sobre nuestros pies con las rodillas levemente flexionadas y con un ancho de hombros para desde allí movernos, avanzar en cualquier dirección o retroceder, lo primero que suelo notar es que lo que el alumno mueve son sus ojos acompañados de su cabeza para orientar el sentido al que nos dirigimos, lo cual es un proceder natural de todo cuerpo. Sin embargo, lo que se observa a continuación (dejando de lado que se está aprendiendo y en ese derrotero es lógico y hasta saludable esperar errores como parte del aprendizaje) que la dirección escogida por la forma que se practica, por ejemplo avanzar hacia uno de los flancos, se realiza tan sólo con los brazos, con las piernas o a penas con parte del cuerpo. Qué quiero señalar con esto que, esa respuesta, la de ir parcialmente en la dirección tomada, no está dada por lo que aún se está aprendiendo y no se conoce sino, por el condicionamiento que se tiene con el pasado, vivir segmentado (somos nada más que el lado habil y del resto nada o poco se sabe), 
Del mismo modo les sucede en el mundo ordinario; es decir, no se llega áun a contemplar la totalidad como ser vivo que se es, tan sólo la parcialidad de quién no se mueve conscientemente con todo el cuerpo/mente; y por eso tan siquiera lo hace a medias, como quien duda de si ir, o quedarse, de sí, con un poco es suficiente o, en su defecto, se dirige a su objetivo con tanto empeño, auto exigencia y arrebato, que se pasa del punto utilizando más vitalidad de la requerida.
La pregunta en estos casos que tan habitualmente suceden en las clases sería: ¿No es de esas maneras que ese alumno o alumna se comporta en su vida diaria pero, sin notarlo a causa de la falta de atención sobre sí mismo? 
En síntesis: O se vive con todo el cuerpo o, se vive a medias.

Aprender a caminar, no es nada más que mover los pies de forma biomecánica; Caminar, desplazarnos en la dirección que decidamos, precisa de un cuerpo entregado y confiado, de una mente alerta y calmada y de un espíritu asertivo, abierto a la incertidumbre del devenir el cual, nunca está sujeto a nuestras decisiones como sí,lo está el andar, el practicar, el entrenar o el prepararnos para nutrirnos de aquello que deseamos saber. 

Cuando realizamos los paso de la grulla, el tigre o el oso, cuando acariciamos la crin del caballo o empujamos montañas (posturas y formas de chi kung y tai chi) es menester, para una correcta postura ante la vida, hacerlo con la totalidad de lo que como humanos somos. Cuando mis alumnos halagan las formas sinuosas, armoniosas y agraciadas que muestro de estas disciplinas maravillosas y milenarias, siempre les recuerdo las palabras de Lao Tse, "Un camino de mil pasos, comienza con uno" y el camino o Tao sobre el que transitamos, somos nosotros mismos.

Daniel Shodo - Profesor de Chi kung/ Tai Chi


lunes, 1 de agosto de 2022

El libre albedrío, no existe.




El alma desciende al cuerpo físico sabiendo a qué viene: a aprender experimentando aquello que aún no sabe o no comprende.

En el camino, se las verá con la personalidad o el ego, esa construcción hecha por la crianza, la escuela y la sociedad, pero, sobre todo, por la forma en que esos vínculos hayan impactado en nuestra psique.
Ese ego también buscará hacer todo aquello que el sistema de creencias le dice que tiene que hacer para ser aceptado en este mundo. Lo que aún desconoce, es que no es él el que elige sino que lo hace a través de los mandatos, doctrinas y dogmas impuestos.
Hay en nosotros, más vidas ajenas que propias llevando el timón.

El alma, por su parte, posee la consciencia de aquello a lo que ha venido, y hará cuanto esté a su alcance para lograrlo y continuar el camino de regreso de la materia, al mundo de lo sutil. Para eso, necesita que el humano donde se halla, despierte del adormecimiento social, educativo, político, religioso, familiar o cultural que lo ata y condiciona para "ser", lo que debe ser y encaje a los intereses del sistema productivo.
Mientras tanto, si el ego queda demasiado prendado de esos paradigmas imperantes que toda institución se ocupa de instalar y controlar, mayormente por ignorancia y miedo de sí mismo, el alma, entonces, dejará ese cuerpo y se ocupará de habitar otro, a los fines de continuar con su aprendizaje.

Por lo tanto, no hay nada que podamos llamar libre albedrío. Esto ha sido una falacia más del sistema para hacer creer que se escoge a voluntad e independientemente de cuánto nos rodea siendo verdad lo contrario. Por un lado, impide ese acto de "libertad", lo que aquí manifiesto, es decir el predeterminismo del alma. Por otra parte, cada vez que tomamos o desechamos un camino, este es sólo posible en relación a causas y circunstancias osea, elementos ya existentes de entre los cuales aceptamos unos y rechazamos otros.

Esto quiere decir que, por mucho que no queramos admitirlo, siempre e indefectiblemente, estaremos ligados a múltiples causas preexistentes sin las cuales lo que elegimos o despreciamos, no sería posible.

En el mejor de los casos, cuando elegimos, si hay una observación clara y objetiva al hacerlo, podremos ser conscientes de ese predeterminismo del alma (algo que por lo general ocurre crisis mediante) y, en ese caso, la vida que la persona lleve adelante, se verá ligada a esa alma para hacer y tener pero ahora, desde esa condición y no, de los mandatos adquiridos.
Dicho de otro modo, hecha la experiencia con, por ejemplo, un tipo de alimentación y reconocer el daño que esto nos provoca, elegiremos, de entre todo el amplio espectro de alimentos disponibles, aquellos que mejor acompañan el buen funcionamiento del cuerpo y la mente para que el alma, en un cuerpo sano, (condición sine qua non para crecer en todo sentido) pueda echar manos en todo cuanto ha venido a vivir para evolucionar y continuar viaje.
Llegado a este punto, confirmaremos la existencia de esa alma, cuando ya nos no limitemos a escoger entre lo malo y lo bueno sino, entre lo bueno y lo mejor de nosotros mismos y nuestras circunstancias inmediatas.

Daniel Shodo

domingo, 26 de junio de 2022

viernes, 10 de junio de 2022

El valor de lo ordinario



La espiritualidad es la capacidad de descubrir lo extraordinario en lo ordinario.

Mientras se ocupa tiempo, dinero y energía en buscar lo espiritual en lugares místicos, exóticos o supuestamente trascendentes, como a través de prácticas que de por sí, son reducidas a ese sentido por no saber ver que se trata de medios para adentrarse en el propio espíritu, lo verdaderamente esencial ocurre donde estamos y con lo que estamos viviendo, pero, con la atención en lo externo, pasa desapercibido, con el riesgo de llevar toda una vida buscando algo que no es más que una idea de "espiritualidad" y sin llegar a comprender qué, espíritu, es la energía que nos anima o sea, la chispa divina del alma y, esa alma, es la que le da su sentido de SER a este cuerpo humano. Por supuesto, esto se aprecia siempre que no terminemos prendados a ideales, dogmas o doctrinas o, a los caprichos del ego que, para el caso, es más o menos lo mismo, pues, por buscar la otra orilla, se acaba especializado en la navegación y se pierde el sentido del viaje que no es otro que ir hacia uno mismo. En otras palabras, hacemos del medio un fin.

La práctica espiritual sucede cuando comprendemos que nuestras vivencias son una oportunidad para ver desde dónde es que escogemos o rechazamos cada cosa por mínima e insignificante que nos parezca pues, esa acción pone sobre el tapete aspectos tanto psicológicos y mundanos como espirituales. Razón de más para valorar el suceso y ver qué descubrimos de nosotros y nuestra condición humana, a efectos de ir puliendo y suavizando las asperezas atascadas en lo que ignoramos y tememos.

Explicado de otro modo sería así. ¿Cuántas veces nos escuchamos decir que algo no es para nosotros o no nos interesa, apelando a una o más justificaciones, cuando en verdad lo que nos impide hacer o tomar una decisión, son esos miedos de los que hablo? 

Puede tratarse de una inversión económica importante, comenzar un nuevo emprendimeinto, una relación de pareja o traer niños al mundo. El asunto se devela cuando aceptamos el reto de sumergirnos en la aventura de lo nuevo, para que lo viejo y enquistado se muestre de manera irrefutable e inequívoca, para poder verlo, nombrarlo, miedo a...(ponerle nombre al miedo ayuda a exorcizar, a quitarle peso) y descubrir lo verdadero de lo falso. En el mejor de los casos, el potencial oculta detrás del trauma o de la herida que, al volver a ver la luz que emana de una mente esclarecida y recuperarse al sol y al aire renovado tras abandonar el lastre y la oscuridad.

Ser espiritual, es lo que ya somos, ahora, toca vibrar en esa corriente de luz, para lo cual es preciso, insisto, ir al fondo de lo aparente, de la imagen que hemos construído con la que nos mostrarnos al mundo, hasta dar con lo duro y oscuro de nuestra condición humana. Una alegoría muy propia del Budismo es: “Debajo del barro, yace el diamante, prístino y brillante de nuestro ser”.

El cuerpo no miente porque de mentir no sabe. De lo que sí es experto es en sentir y responder a lo que siente advirtiéndonos de qué va la cosa para que juntos, la mente y el cuerpo, dejen de lado las rencillas que el ego infantil produce con cada una de sus estocadas y crezca. Crezca con el dolor y a través de él, porque al parecer, no hay otro camino posible cuando por vivir hemos confundido “tener” con “ser.”

Es hora de rescatarnos de nosotros mismos, de parirnos y darnos a luz; nacer definitivamente.

Daniel Shodo


lunes, 23 de mayo de 2022

Cómo alcanzar la sabiduría en el día a día.

Breve relato de Claudio Naranjo 

Claudo Naranjo - Congreso de Terapia y Meditación - Proyecto LibreMente


Daniel Shodo